19 de julio 2013 - 14:28

¿BIENVENIDOS? BEM- VINDOS? WELCOME?

La Argentina y, en particular, Buenos Aires se encuentran entre los principales mercados receptivos de turistas de América Latina. No obstante, por diferentes circunstancias, la balanza entre egresos e ingresos viene siendo crecientemente negativa. La paradoja es que algunas dependencias oficiales nacionales o locales castigan al turista con costos que llegan a cuadruplicar lo que se cobra a residentes, en una rara política para atraer al extranjero.

¿BIENVENIDOS? BEM- VINDOS? WELCOME?
La fila es una, los precios son dos. Para hacer una visita guiada al Teatro Colón se debe entrar a una galería comprendida entre las calles Tucumán y Viamonte, que tiene una tienda de souvenirs y un bar elegante. Al llegar a la caja para pagar el ingreso, los visitantes se encuentran con un cartel que señala que los argentinos deben desembolsar 30 pesos y los extranjeros, 110. Más de 20 dólares por un módico recorrido que invita a observar atractivos que cualquiera que asista a una función lírica vería de cualquier manera, hasta pagando menos.

No es la única discriminación que encuentra un turista extranjero que quiera asistir a algunos de los atractivos manejados bajo la órbita de alguna instancia estatal. Para conocer el magnífico glaciar Perito Moreno, un turista local paga 50 pesos mientras que uno que llega del exterior, 130. Esta diferencia, con variedades para quienes provengan del Mercosur, se da en todos los parques nacionales y las áreas protegidas que, a diferencia del Colón, dependen del Gobierno nacional.

Pese a que el artículo 20 de la Constitución señala que los extranjeros tienen los mismos derechos civiles que los argentinos, y el artículo 8 bis de la Ley 24.240 de Defensa del Consumidor marca que no se podrá establecer sobre ellos "diferenciación alguna sobre precios", estas prácticas tienen lugar con una brecha entre privilegiados y discriminados difícil de encontrar en Europa o Estados Unidos. Si bien hay países que tienen acuerdos binacionales, o los "comunitarios" europeos tienen ventajas sobre el resto, la excepcionalidad del caso argentino está dada por la magnitud del "castigo" al extranjero, que llega a ser el cuádruple en el caso de la sala lírica más famosa de América Latina.

En el ranking de ingreso de divisas provenientes del turismo, la Argentina figura en el puesto 44º entre los primeros 50 destinos. En América Latina, el país se ve superado por Brasil (40º) y México (23º), de acuerdo con las cifras publicadas por la Organización Mundial de Turismo (OMT) en abril pasado, y correspondientes al balance de 2012.

La ubicación del país en el contexto internacional no es desalentadora, menos aún si se tienen en cuenta dos factores clave: por un lado, el turismo receptivo no obedece a playas especialmente paradisíacas, un atractivo que en sí mismo moviliza año a año a decenas de millones de personas hacia las costas del Mediterráneo o del Caribe; además, esta tierra sureña se encuentra a al menos una noche y a un pasaje de unos mil dólares de distancia de los principales mercados emisores de turistas (Europa occidental, EE.UU., Japón, Canadá).

Sin embargo, la balanza turística ha venido siendo crecientemente deficitaria. En abril pasado, según el INDEC, ingresaron por aeropuertos 181.000 extranjeros (caída del 18,3% interanual), y se fueron por la misma vía 242.000 argentinos (15,2% mayor interanual). Los motivos para esta tendencia, que se acentuó en los últimos años, son variados. Desde la retracción o crecimiento bajo de la economía brasileña hasta la persistente inflación argentina, que hace ya años dejó atrás esos precios asombrosos para ojos extranjeros que había dejado la crisis de 2001.

Si bien el tipo de cambio es un factor, está lejos de ser el determinante, de acuerdo con la opinión generalizada de analistas y actores del sector. Aunque brasileños, chilenos y uruguayos, los principales aportantes entre los limítrofes, siguen encontrando ventajas económicas en la Argentina (máxime si se las ingenian para lidiar con el "blue"), Buenos Aires y los principales destinos exhiben fortalezas culturales, estilísticas y estéticas que trascienden la paridad cambiaria.

La estadística oficial de turismo señala que, entre quienes ingresaron por los aeropuertos de Ezeiza, Aeroparque, Córdoba y el puerto de Buenos Aires en marzo pasado, desde Europa lo hizo el 27,9% y de Brasil, el 19,7%. Entre otras especificaciones que marca un informe del Ente de Turismo de la Ciudad, el 71% de los que llegaron visitaron solamente la Capital Federal, mientras el restante 29% siguió viaje a otros destinos. Los latinoamericanos siguen siendo mayoría a la hora de visitar Buenos Aires, el 54%, y la mitad de ellos son brasileños.

Este reparto es observable en las inmediaciones de la boletería del Colón. Quien desvíe la mirada al precio de las localidades verá que se puede acceder al "gallinero" para presenciar una ópera hasta por menos de 50 pesos.

Durante el escueto recorrido de cincuenta minutos apenas se visita el foyer, el Salón Dorado y unos pocos minutos un palco. Para peor, a veces la sala está a oscuras por ensayo de luces o de otro tipo. Antes de las restauraciones, que mantuvieron al Colón cerrado por tres años, se podían visitar los talleres de confección de trajes y escenografías, algo que desde 2010 no ocurre. El actual recorrido se hace en grupos de hasta veinte personas en español.

Desde el teatro no ofrecieron a Viernes una explicación oficial acerca del porqué de una diferencia en el costo. Fuentes de la sala se limitaron a informar que el servicio de visitas está tercerizado y que la empresa externa es la que impone el precio.

Al cierre de esta edición, ni Hernán Lombardi, ministro de Cultura y presidente del Ente Turismo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, ni Pedro Pablo García Caffi, director general del Teatro Colón, habían respondido una nota enviada por la Defensoría del Pueblo de la Ciudad que se originó ante una consulta de este medio.

La discriminación de precios entre locales y extranjeros resulta curiosa porque no se da en teatros similares en otras ciudades turísticas del mundo. Desde la Scala de Milán, Italia, la coordinadora de visitas guiadas, Francine Garino, informó a Viernes que los recorridos tienen una tarifa única. Reservados con anticipación, se pueden realizar en italiano, francés e inglés. Van, de acuerdo con la duración y con la cantidad de espacios que se pueden ver, desde los 10 euros hasta los 50, para grupos de hasta 20 personas. Además, sin reservas, cualquier turista puede visitar el museo de la Scala por 6 euros, tarifa que incluye dar un vistazo a la sala desde los balcones.

En Buenos Aires, otro de los servicios que tiene tarifas distintas es el del colectivo turístico que recorre la Ciudad, que es el único que tiene la concesión y pertenece a una unión transitoria de empresas conformada por Derudder Hnos. (dueña de la compañía de ómnibus de larga distancia Flecha Bus) y Rotamund SRL. Después de un llamado a licitación, el 22 de abril de 2009, se publicó en el Boletín Oficial de la Ciudad la adjudicación de este servicio. En ese caso, Buenos Aires Bus ofrece precios "promocionales" a quienes acrediten ser residentes, que pagan 124 pesos por un pase diario contra 152 que les sale a los no porteños.

Este tipo de paseos se puede realizar en cualquier capital europea, en Nueva York o en varias ciudades latinoamericanas. Para hacer un recorrido de este tipo por las principales atracciones de Berlín en uno de los clásicos buses de dos pisos, locales o visitantes pagan 14 euros el ticket, que habilita a usar el servicio todo un día, y 20,5 para un pase ilimitado por dos días.

El paseante por Buenos Aires se encuentra, por supuesto, con más sorpresas ingratas en el ámbito privado. Asistir a un show de tango -según una especialista consultada, de nivel "for export" y baja calidad artística- con cena, la entrada no baja de los 500 pesos el cubierto en el barrio de Abasto. El nivel, aseguran, es peor que el observable en milongas barriales, que incluyen clases y prácticas para el que se anime y cuestan apenas 50 pesos por persona.

En otro tipo de rubros, también son notorias las desigualdades; mientras tomar un café con tres medialunas en un bar alejado del circuito turístico cuesta entre 18 y 25 pesos, hacerlo en uno histórico como el Tortoni, donde los visitantes deben hacer fila para ingresar, se paga 33, y supera los 40 en algunas avenidas de Barrio Norte o Recoleta.

Distinto es el panorama en la oferta museística de la Ciudad. Mientras que el Museo Nacional de Bellas Artes es de entrada libre (tal como ocurre en la National Gallery de Londres, por ejemplo, salvando las distancias), en otros se cobra una modesta entrada de 5 pesos, como en el renovado MAMBA (Museo de Arte Moderno de Buenos Aires).

LOS PRECIOS "DIFERENCIADOS" DE LOS PARQUES NACIONALES

Luego de pasar por la capital, son muchos los turistas del exterior que deciden recorrer el interior argentino, con dos destinos estelares: las Cataratas del Iguazú y el glaciar Perito Moreno. Éstos y otros emblemáticos en el noroeste se encuentran ubicados en áreas de Parques Nacionales y Áreas Protegidas, que en total suman 34 en todo el país. En 2012 fueron 962.619 los extranjeros que eligieron esa opción turística.

"Desde 2003 hasta 2012, la visita a los parques se incrementó en un 78%. A nivel de visitas extranjeras, en un 72%. Hay parques donde las visitas son mayoritariamente de cabotaje porque a ellos se llega por vía terrestre, o son para pasar varios días y estar en contacto con la naturaleza. El extranjero generalmente viene a ver un atractivo y se va", explica a Leonardo La Porta, director de Aprovechamiento de Recursos de la Administración de Parques Nacionales.

Según cifras de esa dependencia, el preferido por los turistas nacionales e internacionales es el Parque Nacional Iguazú, que en 2012 recibió 1.349.801 visitantes, de los cuales el 36% fue del exterior. Para ingresar, la entrada general para los viajeros argentinos mayores de 12 años es de 65 pesos; para los que lleguen de otro país del Mercosur, 115, y para los provenientes del resto de los países, 170.

La Porta explica la diferencia de precios: "Hay distintos tipos de tarifas, para menores, para jubilados, para estudiantes, locales, residentes del Mercosur, menores extranjeros y para mayores. No es que al extranjero se le cobra más, sino que al nacional se lo bonifica porque hace su aporte al sistema de Áreas Protegidas a través de sus impuestos. No hay que olvidar que gran parte del dinero para que funcionen los parques viene del Tesoro Nacional. Entonces lo que se hace es una bonificación y así está puesto en la resolución de Turismo sobre las tarifas".

Al ser consultado por el criterio a la hora del cobro de ingresos de otros países del mundo que no hacen diferencias, el funcionario detalló: "Esto se empezó a pensar a partir de la crisis que se vivió en 2001. Los países, cuando suceden las crisis, generalmente dicen: 'Bueno, tenemos un tipo de cambio favorable, podemos cobrar un poco más'. Y se piensa así, que el nacional colaboró y que el local es el que más le pone el hombro al parque porque vive ahí. Luego se piensa en el Mercosur, el turista que está integrado a la región. Y eso quedó, con el correr de los años y, a pesar de que la economía pegó un salto cuantitativo importante, se mantuvo esa idea".

En tanto, las cifras oficiales señalan que el año pasado fueron 542.684 los turistas que recorrieron el Parque Nacional Los Glaciares, en Santa Cruz, y el 51% de ellos eran extranjeros. Declarado Patrimonio Mundial por la Unesco en 1981 y con el glaciar Perito Moreno como principal atractivo, los accesos salen 20 pesos para los residentes santacruceños, 50 para los argentinos de otras provincias, 90 para los turistas del Mercosur y 130 para los extranjeros no residentes.

QUÉ DICE LA LEY

Desde la Subsecretaría de Defensa del Consumidor de la Nación informan que el artículo 8 bis de la Ley 24.240 establece un criterio muy claro: "Los proveedores deberán garantizar condiciones de atención y trato digno y equitativo a los consumidores y usuarios. Deberán abstenerse de desplegar conductas que coloquen a los consumidores en situaciones vergonzantes, vejatorias o intimidatorias. No podrán ejercer sobre los consumidores extranjeros diferenciación alguna sobre precios, calidades técnicas o comerciales o cualquier otro aspecto relevante sobre los bienes y servicios que comercialicen. Cualquier excepción a lo señalado deberá ser autorizada por la autoridad de aplicación en razones de interés general debidamente fundadas". Mientras que en los Parques Nacionales esa autorización está dada, en otros ámbitos, públicos y privados, existe una nebulosa por la que nadie responde.

La Defensoría del Turista porteña nació como un pequeño programa que funcionaba en las instalaciones del Museo Quinquela Martín de La Boca y hoy tiene sus propias oficinas dentro del edificio de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad. Creada en 2009 y conducida por José Palmiotti, la dependencia tiene como finalidad central "la defensa de los derechos y garantías constitucionales de los turistas".

"Esto surgió cuando habían matado a una turista francesa en la calle Florida. Entonces me di cuenta de que había un problema. Me pregunté: '¿Cuando vengan los familiares acá, quién los va a atender?'", recuerda Palmiotti sobre los orígenes del proyecto.

En la actualidad, la Defensoría del Turista tiene siete sedes en puntos muy visitados de la Ciudad como La Boca, San Telmo, Puerto Madero, la Terminal de Cruceros y la calle Florida. Entre otras funciones, brinda orientación, contención, se reciben quejas y se canalizan denuncias ante distintos organismos públicos.

"Todos sabemos lo que nos pasa cuando vamos a una comisaría; a veces nos maltratan, nos demoran", apunta el defensor. Y es que uno de los principales reclamos de turistas extranjeros es el de los robos callejeros. "Primero, la gran barrera que tiene el turista es idiomática. No podés comunicarte. Lo que nosotros hacemos es contenerlo y tranquilizarlo. Después hay que trasladarlo a la jurisdicción donde fue el hecho. Entonces alguno de nosotros acompaña a la persona hasta la comisaría y después le pedimos a la Policía que la lleven hasta la puerta del hotel. Intentamos siempre acompañar", apunta Karina Senlle, coordinadora de la Defensoría del Turista.

Según cifras de la dependencia, en 2012 pasaron por los distintos puestos que tienen alrededor de 50 mil personas para orientarse, hacer consultas y denuncias. Entre los folletos que ofrecen allí hay uno en español, inglés y portugués que explica cuáles son los derechos de quienes visitan el país y otro que ayuda a detectar billetes falsos.

Un factor clave para el incumplimiento de la norma sobre la diferencia de precios es que se supone que el perjudicado está de vacaciones y no tiene tiempo para radicar denuncias administrativas por discriminación. No obstante, la ley establece que basta con que la infracción sea cometida dentro del territorio de la República Argentina para que cualquier ciudadano pueda elevar la queja.

@tinalarrea

Dejá tu comentario