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Blade Runner y un nuevo reciclaje del ciberpunk
EL SUBGÉNERO DE LA CIENCIA FICCIÓN ES PARTE DE UNA OLEADA DE REMAKES - Este género se define por su estilo revulsivo, su búsqueda de nuevas herramientas literarias y su visión más realista dentro de la ciencia ficción. La remake del film de Ridley Scott es sólo un ejemplo.
Ryan Gosling y Harrison Ford. El mercado resucita el ciberpunk en su eterno revisionismo de viejas glorias para convocar espectadores. Resta ver si la nueva “Blade Runner” está a la altura de su predecesora.
El estreno del Blade Runner 2049 se da dentro de un año de remakes, estrenos y anuncios que involucran a películas y series de estilo ciberpunk. Una de las más resonantes fue Ghost in the Shell que, pese a la expectativa, no tuvo éxito y ni siquiera su impacto visual y Scarlett Johanson pudieron contra una historia a años luz de la complejidad de su antecesora animada. Previo a la nueva versión, también se exhibió en cines aquel clásico de Mamoru Oshii de 1995.
Netflix sumó oportunamente a su catálogo la primera Ghost in the Shell al igual que Akira (1988), otro monstruo de la animación japonesa, ambos deudores de la estética Blade Runner. Estrenó además su producción original Blame!, un animé de alto contenido ciberpunk, e incluyó la serie The Expanse, que tiene varios elementos del género. Incluso, Netflix anunció que está en elaboración con fecha de estreno para el año que viene la serie Carbono alterado, basada en la novela de Richard Morgan, un fiel deudor del máximo representante de ciberpunk: el escritor William Gibson.
Para 2018 también se espera a Alita, con dirección de Robert Rodríguez (Sin City) y guión de James Cameron (Avatar, Titanic). Alita tuvo una adaptación animada en video bajo el nombre de Gunnm en 1993 y surgió, como Akira y Ghost in the Shell, de las páginas de un cómic japonés. Hasta Warner Bros. se entusiasmó con la oleada y planea relanzar la franquicia Matrix por ahora no como un reboot sino con nuevas historias ambientadas en el universo de la trilogía. El film de 1999 de las hermanas Wachowsky marcó la cima del ciberpunk en el cine y dejó para siempre el recuerdo de Keanu Reeves como Neo.
• Contracultura y mainstream
El ciberpunk comienza a definirse como un movimiento contracultural en los 70 y explota en popularidad hacia el cambio de década. Se define por su estilo revulsivo, su búsqueda de nuevas herramientas literarias y su visión más realista dentro de la ciencia ficción frente al escapismo galáctico de Isaac Asimov en Fundación o de Frank Herbert en Duna. "El trabajo ciberpunk está marcado por su intensidad visionaria", dice Bruce Sterling, uno de los autores fundadores del movimiento y su mayor teórico, en la antología Mirrorshades.
Es un subgénero de la ciencia ficción que se rige bajo la máxima "high tech, low life", tecnología de avanzada en una sociedad con un bajo nivel de vida. Las historias tienen un aire distópico, hablan de inteligencias artificiales, tienen tramas que suceden en gran medida dentro del ciberespacio con hackers como protagonistas y viles megacorporaciones.
"Ciertos temas centrales aparecen con frecuencia en el ciberpunk: el problema de la invasión del cuerpo con miembros protésicos, circuitos implantados, cirugía plástica o alteración genética. Similar y quizá aún más poderosa es la invasión de la mente: interfaces mente-computadora, inteligencia artificial, neuroquímica... Son técnicas que redefinen radicalmente la naturaleza humana, la naturaleza del yo", agrega Sterling.
Esa oleada llevó a un boom en los '80 que se reflejó en películas diversas desde Blade Runner hasta Robocop y Terminator. En la literatura el ciberpunk se cristalizó en su obra máxima: Neuromante. El vertiginoso libro de 1984 de Wiliam Gibson obtuvo los tres mayores premios literarios de la ciencia ficción y tuvo un impacto enorme. Sin ir más lejos, Ghost in the Shell puede verse como una reescritura de esa obra fundamental del género. Así, de nuevo Sterling, dice al prologar el libro de cuentos de Gibson Quemando cromo que tiene joyas como Jhonny Mnemonic (llevada al cine en 1995 con Keanu Reeves): "El triunfo de estas historias radica en la evocación, brillante y autónoma, de un futuro creíble".
• Regreso sin alma
Esa idea de imaginar un futuro creíble es la primera en colapsar en la actualización de viejas historias ciberpunks. El futuro que se soñaba o temía en los '80, previo a la masificación de Internet y las redes sociales, hace ruido cuando se lo reedita en la segunda década del siglo XXI. Esas distopías se convirtieron en ucronías, futuros o presentes que podrían haber sido pero no son ni serán.
La nueva oleada actual reflota estética y elementos, pero deja en un lugar secundario las complejidades de las tramas y sus profundos cuestionamientos existenciales. Es una ciencia ficción que atrasa, el pecado máximo del género. Esa característica se ve claramente en la nueva Ghost in the Shell, un producto muy inferior a su antecesora de hace 22 años.
Ya no son tan visionarias estas historias en un mundo que actualmente es ciberpunk, con guerras que se pelean con drones dirigidos a distancia, compañías multinacionales que detentan enorme poder político, redes sociales y conexión constante a la web, implantes electrónicos, hackers que hacen tambalear empresas y fortunas, realidad aumentada y virtual, entre muchos otros aspectos. Hay que dar un paso más allá para ser original, para decir algo nuevo.
"El ciberpunk se acabó el día en que se transformó en cliché de sí mismo", afirma Horacio Moreno en su libro Ciberpunk: Más allá de la mátrix. Ahora el subgénero otrora tan revulsivo es usado como fórmula, una evocación romántica accesoria para contar una historia, como podría utilizarse el formato de western o cualquier otro, y se inserta dentro del mainstream de productos estandarizados.
El mercado resucita el ciberpunk nuevamente en su eterno revisionismo de viejas glorias para convocar a espectadores, pero es una cáscara vacía. Sobre Blade Runner 2049 resta ver si, además de insertarse dentro de la estética del clásico que la precedió, puede aportar una vuelta de tuerca a la historia y sumar calidad a la moda del reciclaje de Hollywood. La trayectoria de Villeneuve da esperanzas.


