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Botta: una arquitectura que se resiste a la banalización
En sus cincuenta años de trayectoria (proyectó su primera casa en 1960), el gran arquitecto Mario Botta construyó y recicló iglesias, así como importantes museos, como el de Arte de Seúl.
La primera obra de Botta, en 1960, fue una vivienda en la localidad de Morbio Superior y poco después realizó la Casa Parroquial de Genestrerio (1963). Ya en la vivienda de Cadenazzo, Botta estableció, verdaderos instrumentos de arraigo. Sus casas se sumaron al paisaje y a la vez lo completaron.
Cabe recordar que el gran maestro suizo visitó nuestro país por primera vez en 1980, con motivo de una muestra de su arquitectura organizada por el Centro de Arte y Comunicación. Luego fue invitado como participante de la Bienal Internacional de Arquitectura en varias ediciones desde la primera en 1985.
Botta ha trabajado siempre con cuerpos geométricos: el cubo; el prisma rectangular; la planta triangular o pentagonal; el cilindro. Estos volúmenes entablan relaciones con las geometrías de sus claraboyas triangulares o curvadas, de sus vanos circulares, cuadrados y rectangulares, y aun de sus muros, a veces ondulantes o entrecortados. El ladrillo, la piedra y los pequeños bloques de hormigón revisten estos cuerpos con amplios interiores, en los cuales vuelven a sucederse las formas geométricas y las materias nobles con un aprovechamiento deliberado e intensivo de la iluminación natural.
Botta, vivió su infancia y su adolescencia en Mendrisio -donde nació- y Genestrerio, al Sur del Tesino, una zona fronteriza con Italia, que empieza en el Lago de Lugano y presenta una faja central llana- en la cual se levantan esas dos poblaciones-, escoltada por montañas al Oeste y al Este. Su obra ha crecido, por lo tanto, en un medio urbano de escala reducida, mediatizado por la Naturaleza gigantesca. De ahí su interés por «recuperar la idea del habitar, que era un modo de ligarse a la tierra, a la comunidad». Su preocupación por el contexto histórico y ambiental, está también presentes en sus proyectos de gran escala urbana. Su célebre apotegma urbano es: «En nuestros días sólo caben dos posibilidades: construir para la ciudad o contra ella». Así fue como recicló el Teatro Scala de Milán en 912 días del 2002 al 2005. Su Casa de la Cultura «André Malraux», de Chambéry, Francia, consistió en reacondicionar un antiguo edificio napoleónico de forma cuadrada -un vasto patio de armas ceñido por cuatro galerías- y en erigir una sala de 900 asientos. Botta proyectó para el teatro un cuerpo semicircular, adosándolo, girado, a uno de los frentes del cuartel. En el anexo a la vivienda del escritor suizo Friedrich Dürrenmatt (1921-1990), diseñó un centro cultural en el que planteó un espacio central de exposición en diálogo con el entorno natural.
En cuanto a otras tipologías, realizó el edificio de oficinas de la Torre Kyoto, en Seúl, Corea del Sur; el Banco del Gotardo, de Lugano; la sede de la Unión de Bancos Suizos, en Basilea.
Entre los trabajos vinculados a lo religioso construyó la iglesia Papa Juan XIII, en Seriate una pequeña ciudad al sur de Bérgamo en el norte de Italia; y la iglesia Santo Volto en Turín, una de sus últimas obras, cuyo plano heptagonal está rodeado por siete torres conectadas a los cuerpos más bajos de las capillas.
Una de sus últimas realizaciones, finalizada este año en Carolina del Norte, EE.UU., es el Museo Bechtler de Arte Moderno, que se completará con un teatro y un museo estatal y configurarán un campo cultural de la ciudad.
Entre sus numerosas obras se pueden destacar algunos de sus museos, sobre los que sostuvo: «Creo que los museos de hoy son como las catedrales de ayer: son lugares para la comunicación, donde podemos ver obras de arte con la intención de asimilar e interpretar los mensajes que ellas nos envían». En 1995 se completó el primero, el Museo de Arte Contemporáneo de San Francisco, que opone a la variedad circundante, un frente sólido con la típica fachada de ladrillos, y la dinamiza con la clara distribución de los espacios internos. Diseñó también el museo del escultor Jean Tinguely, situado sobre el Rhin y rodeado de los ancestrales pinos del parque Solitude, en Basilea.
Ubicado en un punto alto con respecto a otras obras de la zona, el Museo de Arte de Seúl, se ha convertido en un hito que representa la nueva urbanización propuesta por la Fundación Samsung, a la que se suma la rica connotación simbólica de los árboles en la parte superior del techo. Por último, su diseño para el Museo de Rovereto -donde presentará su retrospectiva-, se caracteriza por una amplia plaza con forma circular que se convierte en el corazón del complejo y conecta con el espacio público, la cafetería, el restaurante y la librería.


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