Boudou-Mariotto, dos candidatos que extreman el modelo ultrakirchnerista

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Destapó entre viernes y sábado Cristina de Kirchner sus secretos mejor guardados: la designación del ministro de Economía, Amado Boudou, como su compañero en la fórmula presidencial y del responsable de Medios Audiovisuales, Gabriel Mariotto, como segundo de Daniel Scioli en Buenos Aires. El diagrama es claro: respaldarse en la economía exaltando a su responsable principal y reforzar la pelea con un sector de los medios. En lo político, eligió a dos funcionarios de su relación personal de más confianza y descartó designar como vices a dirigentes del peronismo que pudieran transmitir el mensaje de que privilegiaba a algún sector. Pueden enojarse los caciques del oficialismo de que los dejó -como conjunto- fuera de esas dos candidaturas, pero éstos tienen que agradecer que no privilegió a ninguno de ellos, lo que hubiera adelantado conflictos indeseables en el tiempo que viene. El anuncio de Mariotto fue periodístico el viernes. El de Boudou, en cambio, se hizo en la residencia de Olivos en un acto con más de 1.000 funcionarios y dirigentes, ante quienes la Presidente exaltó la figura del ministro candidato como el inspirador de medidas importantes de su gestión, como la estatización de los fondos de pensión. Ese acto paralizó la agenda política del fin de semana y compitió con otros hechos resonantes, como la definición del campeonato de la AFA en la franja de los descensos. Se discutirá quién recibe premios y quién castigos, pero el formato no permite dudas. La Presidente no comparte fórmula con jefes territoriales del peronismo. Tampoco Scioli.

El síndrome Cobos gobernó los impulsos de Cristina de Kirchner. Hizo lo que cuatro años atrás su esposo y jefe político, Néstor Kirchner, le impidió: completar la fórmula con un émulo de sus pensamientos y conductas. Amado Boudou fue el bendecido por ese aprendizaje tortuoso.

El purismo dominó, en simultáneo, el expediente bonaerense. La proclamación de Gabriel Mariotto, resistida por Daniel Scioli, explicita la desconfianza de Olivos hacia el gobernador. No contempló puntos intermedios -un José «Pepe» Pampuro, por caso- porque en la cosmogonía K no existe esa categoría.

Con Boudou, la oferta presidencial se retroalimenta pero no amplía, en nada, el universo político y electoral: el ministro es un alumno esmerado, un producto de las trasnochadas conversaciones con el patagónico, un dirigente que le debe todo -lo sabe y lo grita- a los Kirchner.

Detrás del Grial de la lealtad, Cristina de Kirchner renunció a expandir sus fronteras. Vía Cobos, con pésimo resultado, lo intentó el expresidente, que antes de morir igual exploró, como un recurso más, la alternativa de compartir binomio con Hermes Binner. La Presidente archivó esos devaneos y cerró el círculo.

La consagración de Boudou -el secretario de Cultura, Jorge Coscia, execró el pasado liberal del elegido con una analogía desmesurada referida a que Arturo Jauretche, en su juventud, fue conservador- autoriza una conjetura: Cristina eligió un vicepresidente para entrenar un sucesor.

Boudou, que dirigió la ANSES -desde donde propuso la estatización de las AFJP, que la Presidente consideró la medida más importante de su Gobierno- y acaba de cumplir dos años como ministro de Economía, tiene flojeras (la persistente derrota ante la inflación) pero, a diferencia de otros, como Juan Manuel Abal Medina, suma millaje de gestión y horas de trinchera.

El salmo respecto de que combatió a las corporaciones, un hit que fascina al kirchnerismo unidimensional, se cree antídoto contra la traición. No lo puntualizó, pero la mención de la Presidente se leyó como una referencia a Papel Prensa, cruzada que tuvo como búnker logístico la oficina de Boudou.

La batalla contra el Grupo Clarín fue esencial en la otra proclamación: la de Mariotto. Gestor de la ley de medios K, el titular del ex COMFER será el encargado de inocularle a Scioli, por las buenas o por las malas, el gen que determina que el holding Magnetto-Noble es el enemigo. Scioli no lo expresa así.

Tarea

La resistencia -que el jueves por la noche evolucionó a amenaza de presentar una propia fórmula bonaerense- del gobernador a la imposición de Mariotto tenía aquella matriz. El método de no confrontación de Scioli, que su flamante vice definió con el eufemismo de «estilo», ahora peligra.

Como un ángel maldito o bondadoso, Mariotto tendrá la tarea de corregir al gobernador. Es, a diferencia de Alberto Balestrini, más un comisariato ideológico que político. En rigor, apenas trascendió que iría como el número dos, el PJ bonaerense estalló en maldiciones.

Un dato: la FAM de Julio Pereyra, que celebra cada estornudo presidencial, difundió un panegírico sobre Boudou pero enmudeció sobre Mariotto. Ajeno a los círculos del PJ, el lomense se ubica, patrocinado por Cristina de Kirchner, para empezar a construir su candidatura a gobernador 2015.

Mariotto, un año y diez días más joven que Boudou, no logró la empatía que el vice de Cristina de Kirchner ostenta con el peronismo ni, tampoco, la que lo une a Hugo Moyano. Por el contrario, un mes y medio atrás se anotó el respaldo explícito de Gerardo Martínez, líder de la UOCRA y rival del camionero.

Módicos consuelos para el PJ y el sindicalismo. La Presidente bendijo a dirigentes con cercanías a los caciques peronistas y gremiales pero que no provienen de ninguna de esas corporaciones castigadas, con vehemencia, por el centralismo K, que pretendió, con relativo éxito, dinamitar el régimen de propiedad política.

¿Fue mérito de Moyano que su hijo Facundo sea diputado o mérito de Facundo mostrar un perfil que no ofrecen otros sindicalistas? Víctor Santa María se anotó las capturas de María del Carmen Bianchi como diputada y la de María Laura Leguizamón para el Senado. Pero ¿llegaron ahí por su soporte?

Martín Sabbatella poco y nada cosechó en la boleta nacional. Un karma que se agudiza con la nominación de Mariotto: quizá el único factor que simpatiza a Scioli de ese nombramiento es que con el titular del ex CONFER como vice, el discurso del moronense en su contra se estrecha y desperfila.

El diputado fue, también, víctima de ese estrujamiento: Cristina, más que Kirchner, busca soldados, en lo posible kamikazes, no simpatizantes. Mariotto y Boudou son productos descarnados de esa preferencia.

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