14 de diciembre 2011 - 00:14

Brasil crece y envejece; se habla de reforma previsional

• Aumenta la esperanza de vida, pero la mortalidad infantil exhibe pésimo registro

Dilma Rousseff
Dilma Rousseff
Hay señales de alarma en Brasil. Y no porque el ministro Fernando Pimentel pueda ser el próximo reo para la guillotina política que ya hizo rodar a seis miembros del gabinete acusados de corrupción. La alarma, en cambio, es de orden estructural: la población de Brasil envejece y se impone, urgente, una reforma previsional. Como si el gigante sudamericano se hubiese contagiado de los achaques de Europa.

Por estas horas, mientras que el censo de 2010 muestra que la actual población del vecino es de 191 millones de personas, y que 105,4 (más de la mitad) millones pertenecen a la clase media; y que de ellos, hay 39,5 millones que entre 2003 y esta parte escalaron desde las clases D y E a la C, son las proyecciones demográficas las que hacen de aguafiestas.

Es que un reciente estudio del Banco Mundial revela que entre 2011 y 2050 el envejecimiento de la población brasileña se triplicará. Y afectará, sobre todo, a la composición de gastos previsionales del presupuesto nacional: mientras que hoy un 11% del PBI se destina a la franja de pensiones y previsiones, se calcula que en 2050 la proporción habrá de trepar al 16%.

El secretario para Políticas de Previsión Social, Leonardo Rolim, se manifestó preocupado por la velocidad del envejecimiento de la población. «Actualmente, el 10% de la población es mayor a los 60 años; en 2050 ese grupo superará el 30%», dijo el lunes. «Hay que modificar el sistema previsional cuanto antes», agregó.

Otras cifras aportan datos complementarios a esta tendencia del envejecimiento (que siempre acompaña a las poblaciones con mejor ingreso, movilidad social y acceso al mercado de trabajo). Por un lado, la esperanza de vida al nacer aumentó tres años en la ultima década: hoy está en 73,48 años. (Sin embargo, la mortalidad infantil sigue siendo escalofriante: 21 de cada 1.000 niños mueren antes de cumplir el año, estadística que supera en 7 veces a la de Japón).

Por el otro, la cantidad de hijos por mujer descendió a 1,86 en 2010 (era de 2,38 en 2000). Mientras tanto, la población brasileña todavía va creciendo con la inercia del ritmo del 1,17% anual que mantuvo a lo largo de la última década. Por eso se espera que en 2015 los brasileños superen la marca de los 200 millones de «verde-amarelhos».

No es todo. El Instituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA, en su sigla en portugués), a partir de datos de la última encuesta nacional de 2010, señala que en 1992 el 30,1% de las mujeres aportaba a la economía familiar. En 2009, ese porcentaje llegó al 40,9%.

Mujeres

En cuanto a las mujeres «cónyuges» (para definir casadas o en pareja), la proporción de las que contribuyen a la economía familiar pasó del 39,1% en 1992 al 65,8% en 2009. ¿La ecuación? Salta a la vista: cuanto más alta es la participación de la mujer en el mercado de trabajo, menor es su participación en la ampliación del grupo familiar.

Sin embargo, hay paliativos para esta sensación de alarma. Michele Gragnolatti, directora de la investigación del Banco Mundial sobre envejecimiento poblacional, cree que «en este momento Brasil todavía cuenta con un bonus demográfico», puesto que su fuerza de trabajo es mayor que la de la población dependiente o pasiva (niños y ancianos). De acuerdo con ese estudio, hay una «ventana» de prosperidad de aquí hasta 2045, período durante el cual el PBI per cápita está previsto que crezca a razón de 2,48 puntos porcentuales al año.

La tendencia ascendente coincidiría, además, con las proyecciones -descendentes- de Paula Miranda-Ribeiro, profesora de Demografía en la Universidad de Minas Gerais. En 2030 la población de Brasil tocaría el pico de 206,8 millones, pero en 2040 las estimaciones la colocan en 207,7 millones, con lo cual habría roto con la tendencia promedio de crecimiento del 1,17% anual marcada en la última década.

Faltan agregar, además, otros dos ingredientes para condimentar mejor este cóctel demográfico. Uno es el geográfico-habitacional: según señala un estudio de Naciones Unidas (State of the World Cities 2010/2011), Brasil redujo su población «favelizada» en un 16% en la última década, lo que implica «una mejora en las condiciones de vida para 10,5 millones de brasileños entre los años 2000 y 2010». De acuerdo con ese estudio de la ONU, los pobres que vivían en favelas pasaron del 31,5% al 26,4% de la población.

Identificación

El otro es cultural. La profesora Miranda-Ribeiro apunta que, en la última década, los brasileños han revalorizado su identificación étnica, un indicativo de que la movilidad social (de esos 105,4 millones de brasileños que ahora integran la clase C, con ingresos de entre u$s 650 y u$s 2.800 mensuales) y la comodidad que implica también traen sinceramiento de filiación y origen.

En el año 2000, 10.554.000 de brasileños dijeron ser «negros»; en el censo de 2010, fueron 14.518.000 los que declararon pertenecer a esa franja. La población «parda» o mestiza pasó por el mismo proceso: en 2000, fueron 65.318.000 los que se inscribieron como tales; en 2010 fueron 82.277.000 los que se reconocieron como «pardos». «Brasil está más negro, y más próximo a la realidad», concluye. Habrá que ver si las políticas de Estado previsionales también pueden modificarse a tono con esta cambiante realidad.

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