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Brasil pasó a ser el país del mundo con más homicidios
Un control policial registra en octubre pasado a conductores de motocicletas en San Pablo. Esa ciudad de Brasil se vio sacudida en el último trimestre por una feroz ofensiva de una mafia carcelaria.
En 2010 Brasil registró 19,3 homicidios por cada 100 mil habitantes superando el índice de México, que ya libraba una guerra contra los carteles del narcotráfico y donde el índice fue de 10 víctimas cada 100 mil, según datos divulgados ayer por el Ministerio de Salud brasileño, en base en un estudio realizado por la oficina de la ONU contra drogas y crímenes (UNDOC).
En el trabajo de la UNDOC se indica que Brasil es el país con el mayor número absoluto de homicidios perpetrados con armas de fuego en el mundo en 2010 y casi cuadruplicando la cifra contabilizada en Estados Unidos, donde hubo 9.960 decesos por esa causa. Aun así, se ha registrado una mejoría, dado que en 2002, los muertos alcanzaban los 40.000.
Los datos sobre 2010 muestran que ese año marcó el agravamiento de la situación ya que en otro informe de 2009, también de la ONU, Brasil apareció como el segundo país con mayor número de asesinatos, sólo detrás de la India, cuya población quintuplica a la del gigante sudamericano.
El Centro Brasileño de Estudios Latinoamericanos y la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales revelaron recientemente que hubo el doble de homicidios de negros que de blancos entre 2002 y 2010 en Brasil, donde negros y mulatos representan el 52% de la población de 194 millones de personas. Asimismo, el noreste del país es la zona más perjudicada por la violencia.
Por otra parte, y siempre de acuerdo con UNDOC, en Brasil hay unos 15 millones de armas en poder de ciudadanos comunes y organizaciones delictivas como las que actúan en las favelas de Río de Janeiro y las que controlan las cárceles y el narcotráfico en San Pablo, que desde octubre lanzaron una ola de ataques que costaron la vida de al menos 95 policías.
La guerra urbana entre la banda Primer Comando de la Capital (PCC) y la Policía paulista dejó cerca de 350 muertos entre octubre y fines de noviembre, sumando unos 2.200 en los 11 primeros meses de este año, informaron medios de comunicación a partir de datos propios.
La inseguridad en San Pablo, la mayor metrópolis brasileña y sudamericana, causó preocupación hasta en la FIFA, que elaboró un documento reservado sobre medidas de seguridad excepcionales a ser adoptadas en el sorteo de la Copa de las Confederaciones, realizado hace un mes.
El alto número de víctimas de homicidios causa preocupación a las autoridades del Gobierno de la presidenta Dilma Rousseff ya que la venta de armas de fuego sólo es permitida cuando son analizados los datos del comprador y está prohibido portarlas en la vía pública, salvo en casos excepcionales. Miembros del poderoso bloque parlamentario brasileño ligado a la industria armamentística impulsan la revisión de la legislación en vigor y respaldan una normativa más flexible para la comercialización, con el argumento de que el crimen organizado no se abastece en el mercado legal sino a través del contrabando.
Luego de la sanción del Estatuto del Desarme en 2003, el Gobierno lanzó campañas para la entrega voluntaria de armas y recogió 612.000 piezas, que fueron destruidas, pero ese programa no surtió el efecto buscado.
La norma mostró que, en términos jurídicos, «Brasil está en una fase de evolución», declaró el sociólogo Guaracy Mingardi, que fue secretario de seguridad de la ciudad de Guarulhos, una de las más violentas del área metropolitana de San Pablo.
Gracias al Estatuto «existe un control de armas más severo, pero el tema es que de todos modos hay un gran número de armas circulando en el país», y una parte de éstas ingresa a través de las fronteras, acotó Mingardi.
Agencia ANSA, y Ámbito Financiero


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