24 de abril 2014 - 00:00

Buen comienzo de la temporada 2014 del Mozarteum

El sueco Hakan Hardenberger, considerado el mayor virtuoso de la trompeta de la actualidad.
El sueco Hakan Hardenberger, considerado el mayor virtuoso de la trompeta de la actualidad.
Orquesta de Cámara de Munich. Solista: Hakan Hardenberger (trompeta). Obras de S. Veress, G.Ph. Telemann, A. Jolivet, F. Mendelssohn y B.Bartók (Mozarteum Argentino, Teatro Colón, 21 de abril).

Una orquesta de cámara que funciona con la precisión de un reloj, un trompetista cuyos recursos parecen no tener límite y un repertorio interesante que abarcó desde el barroco tardío a la primera mitad del siglo XX marcaron un buen comienzo para la actual temporada del Mozarteum Argentino.

Una obra de Sándor Veress y otra de su maestro Béla Bartók enmarcaron el programa, aunque con dispar resultado. Si bien tuvieron en la Orquesta de Cámara de Munich una ejecución correcta, las "Cuatro danzas de Transilvania" de Veress sirvieron casi apenas como precalentamiento del clima entre músicos y audiencia; por el contrario el "Divertimento para orquesta de cuerdas" de Bartók fue una fiesta de sutilezas, de energía y pareció el mejor final posible para un concierto de este nivel.

Las muchas expectativas que despertó la actuación del sueco Hakan Hardenberger, considerado el mayor virtuoso de la trompeta de nuestra era, fueron absolutamente colmadas. Hardenberger acometió dos obras de desafíos disímiles con igual soltura técnica, esa que le otorga una paleta de colores y dinámicas tan inusual como sorprendente. Del "Concierto para trompeta, cuerdas y continuo en Re mayor" de Georg Philipp Telemann -compositor cuya increíble fecundidad creativa le cerró paradójicamente las puertas de una justa valoración- al difícil y original "Concertino para trompeta, piano y cuerdas" de André Jolivet, Hardenberger desplegó un fraseo flexible y una variedad de ataques en perfecta sintonía con los requerimientos de ambos estilos y obras. La Orquesta de Cámara de Munich brindó un sostén inmejorable y Jean-Pierre Collot ofició con eficacia como continuista en Telemann y pianista en Jolivet.

En la segunda parte el ensamble alemán mostró mejor que nunca su capacidad de unir excelencia en la individual de sus integrantes con una permanente comunión musical, desde el refinamiento de una de las sinfonías para cuerdas de Felix Mendelssohn (la número 10 en si menor) hasta el despliegue casi diabólico del muy difícil "Divertimento" de Bartók. Por lo excesivamente transitado, el último movimiento del divertimento K.136 de Mozart que la Orquesta seleccionó como bis podría haber resultado un paso innecesario, pero la luminosidad, la claridad de articulación y la frescura que los intérpretes le otorgaron hicieron de él un perfecto cierre.

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