5 de abril 2011 - 00:00

Buenos Aires busca su identidad

Según las palabras de un representante de la Unión Argentina de Rugby (UAR), la Unión de Rugby de Buenos Aires tiene un problema. Y se hizo evidente el sábado pasado, cuando su seleccionado perdió ante Córdoba en la segunda fecha del Torneo Argentino de Uniones.

El problema no fue cómo perdieron ni el resultado (33-8), sino lo que esto significó. Todavía hay que ver si esto es un punto de quiebre para una unión que ha elegido un rumbo que parece ir en contra del fluir natural de las cosas en el rugby argentino.

El seleccionado de Buenos Aires es uno de los más poderosos. Con un 42 por ciento de representación a la hora de votar, perdieron su fuerza política en diciembre de 2009, cuando sobreestimaron su influencia a nivel nacional y perdieron la presidencia de la UAR.

Por primera vez en 110 años, el poder se alejó de las garras de Buenos Aires.

Esto llevó a una gran cantidad de situaciones incómodas, la peor de ellas cuando los clubes decidieron en una asamblea general que no les darían su apoyo a los planes de Alto Rendimiento, organizados por la UAR y apoyados por la International Rugby Board. Al hacer esto, se decidió que los jugadores bajo el plan Alto Rendimiento que recibían un sueldo (meros

$ 2.500) no iban a poder seguir jugando en sus clubes a partir del 1 de enero de 2011.

Cuando la URBA tuvo elecciones generales el año pasado, aquellos que apoyan el viejo régimen amateur -como si tener 20 jugadores con alguna forma de ingreso transformara al juego en profesional- lograron el control del nuevo consejo.

Les costó algunos meses hallar su lugar -tanto es así, que a pesar de reiterados pedidos de entrevistas, el presidente Carlos Campagnoli no ha hablado todavía con la prensa escrita-. Su equipo estrella, Los Águilas, sufrió en el partido contra Córdoba, un equipo que comenzó a entrenar para la temporada en diciembre, dos meses antes que el que debería ser el mejor equipo del país. Los jugadores de clubes locales están en contra de la decisión de que sus colegas y amigos no puedan competir en el torneo de Buenos Aires que comienza el domingo 14 de abril. No se puede culpar a la URBA porque la decisión fue de los clubes; un análisis de comunicación interna en los clubes hizo que los jugadores se dieran cuenta de que sus voces no fueron escuchadas.

Un jugador en representación de cada club está en un comité intentando ver cuál es la mejor manera de convencer a los delegados de los clubes en la asamblea general del viernes 14 de abril. Es un hecho, en muchos casos, que los clubes no funcionan de manera democrática y las autoridades toman las decisiones basándose en sus propias ideas. En muchos casos, esas ideas están desactualizadas.

La URBA tiene que decidir si aquellos jugadores que forman parte del Plan de Alto Rendimiento pueden jugar. Para poder hacer eso, van a tener que renunciar a sus ingresos, por más magros que sean.

De no ser aceptados, los jugadores están considerando la posibilidad de hacer un paro. En contra suya, porque mientras el rugby sea amateur, van a perder la pura alegría de jugar. El rugby profesional es otra cosa. La URBA parece temer lo que es el futuro del rugby. Los clubes temen que los valores desaparezcan. No lo harán, estoy convencido. Cerrar las puertas sólo permite arreglos bajo la mesa, que existen en clubes que luchan contra el «profesionalismo». La URBA necesita ser proactiva y reconquistar el lugar que le corresponde a nivel local y a nivel nacional.

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