15 de mayo 2012 - 00:00

Caciques del PJ se zambullen en la disputa Scioli-Mariotto

Scioli ayer con los intendentes Katopodis y De la Torre y sus ministros Pérez y Álvarez Rodríguez. A 100 metros de ahí, Mariotto posó con Sabbatella.
Scioli ayer con los intendentes Katopodis y De la Torre y sus ministros Pérez y Álvarez Rodríguez. A 100 metros de ahí, Mariotto posó con Sabbatella.
- Si ahora lo traiciono a «Negro», mañana te voy a traicionar a vos.

En 2005, en medio de los forcejeos entre Cristina de Kirchner y Chiche Duhalde, Hugo Curto rechazó con esa frase las tentaciones de Néstor Kirchner para que abandone a su socio histórico, Eduardo Duhalde.

El patagónico pataleó y le auguró el infierno, pero en enero de 2006 pactó la mudanza del duhaldismo residual al kirchnerismo: la conversión la motorizaron el metalúrgico de Tres de Febrero y José María Díaz Bancalari, por entonces jefe del PJ bonaerense.

Ayer Curto reapareció en el punto más tórrido del duelo entre Daniel Scioli y Gabriel Mariotto. Lo hizo para validar el «derecho» del gobernador a ser candidato en 2015 y, en paralelo, reprochar la conducta del vicegobernador contra su compañero de fórmula.

El cacique no estuvo solo. También Luis Acuña, de Hurlingham -su esposa senadora integra La Balestrini- transitó los mismos argumentos. Encarnan un biotipo: son peronistas clásicos y no fueron invitados a la cumbre que montó Cristina de Kirchner en Olivos la semana pasada.

La reacción a dúo tiene, a simple viste, más que ver con esa exclusión que con una simpatía fluctuante hacia Scioli. Acuña, en rigor, integró el año pasado el G-8 de intendentes que, convocados por el tigrense Sergio Massa se amotinaron contra el gobernador.

El circuito lo completan otros dos factores: Mariotto se muestra seguido con Martín Sabbatella, una piedra incómoda para la cofradía peronista del conurbano oeste -ayer volvió a hacerlo- más el malestar de los alcaldes por el congelamiento de la obra pública.

Lo sabe Alejandro Arlía, ministro de Infraestructura bonaerense, que ayer salió sorteado para mantener activo el engranaje del funcionariato sciolista dedicado a castigar a Mariotto.

«No sentimos el clima de cooperación que necesitaríamos. Necesitamos cooperación y no confrontación» dijo Arlía y habló de «problemas imaginarios en una Legislatura en la que pese a la mayoría del oficialismo, no se comporta como en el Congreso nacional» porque «nos generan problemas de gestión innecesarios».

La semana pasada, un dirigente se vio con el secretario de Obras Públicas, José López, para suplicarle que libere los pagos de obras en marcha. «Plata hay pero la decisión política es frenar todo» le respondió el segundo de Julio De Vido en Planificación.

Los intendentes padecen en estas horas una doble sequía: además de la paralización de la obra pública, registraron bajas de más del 30% en los giros de coparticipación, producto de la merma de la recaudación bonaerense. Se derrumban, además, sus ingresos propios por tasas.

Hay más: tampoco les depositan las partidas del plan Federal de Seguridad. Los montos varían según el distrito, pero se redondea que anualmente equivalen a un mes de pago de salarios de municipales. Los giros los debe autorizar Juan Manuel Abal Medina a pedido de Nilda Garré.

A modo de auxilio, el Gobierno promovió en la Legislatura un bono de $ 200 millones para el pago a proveedores de los distritos, amplió en $ 75 millones el fondo de fortalecimiento municipal e incluyó una autorización de deuda extra de $ 200 millones con igual destino.

Fue la llave para conseguir los dos tercios en el Senado que requieren la autorización de un endeudamiento. El FAP y la UCR sentaron a sus legisladores. La gestión la hizo Mariotto que el miércoles recibió al jefe de Gabinete, Alberto Pérez, en su despacho.

- Te pido que vos no hagas nada. Dejá que los acuerdos para sacar la ley los hacemos nosotros.

El ministro sciolista no sospechó que esa decisión que parecía una gentileza escondía una emboscada: vía Mariotto y Cristina Fioramonti, el kirchnerismo acordó con la UCR la aprobación del pedido de informes contra el Gobierno provincial por las partidas de publicidad.

El vice, en su juego de diferenciación, mecanizó una práctica: posar junto a Martín Sabbatella, metralla habitual contra Scioli, en particular en materia de Seguridad a partir del perfil de Marcelo Sain, exfuncionario K y actual diputado provincial de Nuevo Encuentro.

Ayer abrió el Senado para que Sabbatella y otros progres filokirchneristas presenten el Frente Nacional por la Soberanía Energética (Frenase), núcleo que se gestó desde la CTA de Hugo Yasky antes de que adquiera algún nivel de verosimilitud la expropiación de YPF.

Esa foto fue, de todos modos, lo menos ruidoso de la jornada para el sciolismo que temprano se despertó con una ráfaga de Aníbal Fernández contra la confesión del gobernador sobre sus pretensiones de ser candidato presidencial en 2015, en caso que no haya chance de una re-ree cristinista.

El senador de Quilmes consideró «obscena» y «prematura» la admisión del gobernador aunque consideró que Scioli tiene «derecho» a fantasear con la presidencia. Le sugirió, en esa línea, que espere un «tiempo razonable».

Más protocolar, Julián Domínguez también zamarreó a Scioli. «No es tiempo de discutir cosas menores, como tampoco es tiempo de candidaturas», dijo el jefe de Diputados. «El problema -agregó- que tenemos los bonaerenses es que la provincia termina siendo un trampolín para actitudes individuales».

En La Plata explican las reacciones de Aníbal F. y de Domínguez con el mismo manual: los dos, dicen, pretenden convertirse en el candidato K a la gobernación bonaerense en 2015, cuando concluya el mandato sciolista. Es una de las opciones que evalúa Mariotto.

Con otra agenda, Scioli montó ayer un show fotográfico a partir de la visita de dos intendentes: Gabriel Katopodis, de San Martín y Joaquín de la Torre de San Miguel.

Katopodis, que en San Martín peleó contra el postulante K Daniel Ivoskus, con respaldo de Massa y secretamente del sciolismo y de Florencio Randazzo, estuvo el jueves pasado en Olivos invitado por José Ottavis.

Es un caso emblemático del tironeo al que son sometidos los caciques por la interna Scioli-Mariotto, que patrocina la Presidente.

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