5 de octubre 2009 - 00:00

Cada vez menos cabe mito de “país de inmigrantes”

Hacia 1960, la Argentina explicaba por sí sola el 42% de la inmigración total de Latinoamérica, y ese porcentaje descenderá hasta 19 puntos en 2010, según estimó el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Es sabido que no sólo cambiaron los números sino también el origen poblacional de los migrantes a nuestro país. Hace cincuenta años, Buenos Aires vivía la última etapa como puerto de llegada de barcos con europeos, que había tenido características aluvionales en diferentes períodos desde 1880. Las camadas históricas sumaban por entonces un 12,6% de la población total del país, mientras que hacia 2005, ese porcentaje descendió a 3,9 puntos, en su gran mayoría con origen en países limítrofes.

Esta porción es baja en perspectiva a la de países europeos. Uno de los casos más llamativos es el de España, gran emisor de habitantes en el siglo XX, que quintuplicó en una década el porcentaje de población extranjera hasta el 10%, alcanzando o superando la línea de vecinos con tradición receptiva, como Alemania, Reino Unido y Francia.

El PNUD observó que la migración interna permanente en el período 2000-2002 de la Argentina se situó alrededor del 20%, mientras que la tasa de emigración no alcanzó el 5%, gran parte de ellos a países con niveles de desarrollo humano de la categoría «muy superior». Ese segmento vip está compuesto por todos los países de Europa occidental, Australia, Canadá, Estados Unidos, Singapur, Hong Kong, Corea del Sur, Israel, Brueni, Kuwait, Qatar, Emiratos Árabes y Barbados.

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