Cada vez peor

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• Argentina perdió 1 a 0 en Paraguay y comprometió aún más su clasificación al Mundial de Sudáfrica 2010. • Está en el quinto puesto y jugaría el repechaje. • Los guaraníes consiguieron el pase a la Copa del Mundo.

Los sueños se cumplen, está comprobado. Lo que el ser humano desea profundamente, se hace realidad, a cambio hay que dar el máximo esfuerzo, trabajo, convencimiento y fe.

La Selección argentina, esta versión de Selección argentina carece de casi todos esos ítems. Confianza cero: los jugadores no dan muestras en el campo de juego de creer y el entrenador, con sus decisiones, tampoco da un mensaje de seguridad. Todo este combo hace que nadie esté convencido de nada. Ni siquiera de qué rol cumple cada uno.

Los que se ponen la camiseta, se nota, se muestran prescindibles y confundidos, al menos, ése es el mensaje que les llega. Quizás no se cuestiona las horas de entrenamiento, pero sí la calidad. Los goles de Brasil, y muchas de las intervenciones de los hombres de la defensa evidencian falta de coordinación, pero el mal podría marcarse en cada una de las líneas del equipo. En el esfuerzo, nadie podría reclamarle a este grupo de jugadores que haya negociado una sola gota de transpiración, pero en muchos momentos se corre sin rumbo y sin ideas.

Es mucho, o mejor dicho, es poco, muy poco mérito para hacer realidad un sueño. Hoy, Sudáfrica 2010 es más que un sueño, tiene carácter de utopía.

Hasta acá sólo fue opinión, discutible, cuestionable y obviamente con el dolor a cuestas de quien ve lejano un objetivo natural si uno piensa en una camiseta celeste y blanca: estar presente en el Mundial. Pero los números no saben de opinión, sólo permiten interpretación: Argentina en esta eliminatoria jugó ocho partidos de visitante, sólo ganó uno y logró dos empates. ¿Merece una selección estar presente en la máxima cita del fútbol, con semejante flaqueza de efectividad? Probablemente no, pero no nos importa, queremos que Argentina clasifique igual, sea como sea.

La confusión que el equipo muestra en el campo, es por el mensaje que llega con las palabras y en el idioma más contundente que tienen los entrenadores para comunicarse: sus decisiones al conformar un equipo, en los apellidos y en lo táctico y obviamente acá aparece el primer nombre propio. Diego Maradona no ha enderezado un rumbo que ya venía torcido en la eliminatoria en la era Basile y ha sufrido situaciones que parecían imposibles hasta no hace tanto tiempo como los seis goles en Bolivia, o perder un invicto de local de 16 años. Pero hay puntos aún más preocupantes. No ha logrado formar un equipo al punto tal que hoy podríamos citar a cuatro o cinco futbolistas como titulares inamovibles y en muchos pasajes de los partidos no se sabe a qué juega ese grupo de entusiastas muchachos de camiseta argentina.

La derrota en Asunción, por el gol de Haedo Valdez, es anecdótica, no por eso deja de ser dolorosa y preocupante, pero ya está. Lamentablemente el tiempo no puede volver atrás e indudablemente hay que mirar hacia adelante y tomar decisiones, firmes y rotundas. Nadie duda de que están los máximos futbolistas argentinos del momento que desparraman talento y categoría en las mejores ligas de fútbol del mundo, pero terminar apostando a un cabezazo de Palermo (juega en Boca, 35 años) para que se la baje a Schiavi (de Newells, 36), en un plantel de nombres de primer nivel que juegan en clubes de primer nivel y que pertenecen a un país que hoy, a 180 minutos que termine la eliminatoria está en el quinto escalón del continente. Algo anda mal. O mejor dicho, ¿qué anda bien?

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