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Cae eslogan: libros con las alpargatas
Los libros y la universidad ayudaron a Pando a que hoy sus alpargatas se vendan en los shopping más grandes del país, en locales propios y franquiciados, en siete tiendas en Europa y se exporten a 30 países. Pando contó a este diario que la inspiración para armar este emprendimiento surgió estudiando el modelo brasileño de Havaianas y el canadiense de Crocs. Ambas empresas del mismo rubro lograron sumar diseño a calzados tradicionales como la ojota y el zueco, y convertirse en objetos de deseo.
El emprendedor explicó que junto con su amigo de la infancia Francisco Murray -convertido hoy en su socio, como también Francisco Piasentini- pensaron en cuál sería el calzado que podría tomarse en la Argentina para reinventarlo, y enseguida apareció la alpargata.
Sin dudarlo, todos renunciaron a sus trabajos en empresas multinacionales para emprender su propio negocio. Tenían $ 10.000 cada uno, una oficina que les prestó un familiar para arrancar y un nulo conocimiento de la industria. Aun así, empezaron.
Nuevos inversores
Cambiaron el yute por el caucho para las suelas, buscaron presupuestos, lonas de colores y diseños originales, y gente que quisiera comprar las alpargatas terminadas. Al año siguiente los pedidos duplicaban la producción, por lo que debieron salir a buscar más inversores. Consiguieron otros u$s 25.000 de personas que creyeron en el proyecto, lo que les permitió consolidar la marca y proyectar un mayor crecimiento de la empresa.
Más de un año pasaron reinvirtiendo todo lo que se facturaba, indispensable para su plan de ampliar las ventas al exterior. "Hoy se vende afuera de la Argentina el 70% de la producción", explicó Pando. "Esto provocó también que en 2008 y 2009 sintiéramos la crisis financiera que golpeó a muchos de nuestros clientes. Sobrevivir a esa crisis llevó a Las Paez a pasar de facturar $ 3 millones en 2010 a $ 13 millones en 2012. Este año alcanzarán los $ 30 millones.


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