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Cálida evocación de Ernesto Sábato
El joven Ernesto Sábato, en una de las imágenes que muestra el documental que realizó su hijo Mario.
¿Cómo acercarse a Ernesto Sábato, el autor de obras tan estremecedoras como «El túnel» y «Sobre héroes y tumbas», el pensador de formación científica, enervado ante las barbaries de la civilización como expone en «Uno y el universo»? ¿Y el ciudadano que asumió su deber encabezando una comisión de estómago fuerte, hasta denunciar públicamente dos demonios, y no uno, como quieren los necios? ¿Y el marido eterno y cuidadoso, y ese buen vecino, apenas un poco gruñón, que espera ser velado en el club de barrio, sin fastos oficiales?
Mario Sábato tiene esa cercanía que le permite describir las distintas facetas de su padre. Vive con él, vio crecer su figura pública, lo ve apagarse despaciosamente, lo conoce, y lo quiere. No por ello hace una obra de veneración, hagiografía de un gran argentino del siglo que pasó. Al contrario, su mirada guarda una cariñosa ironía. Es el hijo que ve a su padre con admiración pero también con experiencia de padre.
Con las voces de ambos, y las latas de películas familiares y ficcionales que encuentra amontonadas, Mario Sábato va mostrando la infancia pueblerina del padre, los estudios (y el sensible regreso a los lugares de estudio), el amor, los grandes sucesos, las perdidas familiares, la vejez en Santos Lugares. Es también la propia Argentina lo que vemos, en sus distintas instancias, no siempre festejables.
Hay momentos graciosos, y momentos tristes, como la conciencia de dos patrias que se pierden: la de todos, y la insula familiar a la que aquí accedemos, en crepusculares festejos de cumpleaños, o amaneceres desganados del presente. Muy fuerte, la escena en que el propio director, mirando a cámara, nos cuenta algo que refulge como un estampido. Muy emotiva, toda la obra.
Pequeña anécdota. Mario Sábato presentó esta película hace ya un año y medio, en el anterior festival de Mar del Plata, fuera de concurso. Al terminar, la gente se acercaba a decirle «gracias, mándele un beso a su padre de parte de un lector», «Gracias, un abrazo a su padre». Pocas películas, pocas personas, reciben esta clase de saludos.


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