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Cancelaciones en River: échale la culpa al pogo
El «pogo», y no los decibeles, es el responsable de las cancelaciones. Siguen los conflictos con los fans por el pase de Guns N’Roses de River a Vélez.
Como resultado de ese informe que se dará a conocer hoy en su totalidad, el gobierno solicitó tardíamente a la productora «Time for fun» (T4F), responsable del show de Guns NRoses, que implementara un plan de mitigación de vibraciones. Ante la imposibilidad de tenerlo listo para la fecha en que la banda iba a tocar en River (sábado 20), se mudó al lunes 22 en Vélez.
Consultado por este diario, el abogado de T4F, Jose María Cier, expresó: «Ahora nos estamos asesorando para encargar nosotros un estudio científico que nos plantee la solución para mitigar las vibraciones. Porque el gobierno porteño plantea los problemas pero no aporta sugerencias ni soluciones. Esto nos ha provocado que muchas de las confirmaciones de shows para el segundo trimestre, como Aerosmith, dependa de cuál será la solución para River».
Si bien se anunció que la banda liderada por Steven Tyler actuaría el 27 de mayo en el Hipódromo de San Isidro, Cier indicó que el lugar aún no estaba confirmado. «Para resolver si se produce o no cualquier show, primero debe realizarse el análisis económico según la cantidad de público que se pueda congregar. Muchos no prosperarían de no contar con la posibilidad de vender 50 mil entradas, lo que sólo es posible en un estadio como River», indicó Cier.
La batalla contra los decibeles comenzó en octubre del año pasado con un reclamo de los vecinos de Barrio River y Núñez, queja que terminó transformándose en una batalla contra las vibraciones del suelo. Más allá de las protestas ante la justicia contravencional por ruido, por barras que deambulan y rompen vidrios, por congestionamiento de autos, por la suciedad, por temor a derrumbes y hasta por ataques de pánico, ahora toda la culpa es del pogo (salto rítmico y simultáneo de una multitud durante un período prolongado).
Interrogado sobre la posibilidad de que River no sea habilitado en el futuro para shows pero sí para partidos (cuyas consecuencias sobre la paciencia del vecino no serían tan perjudiciales como las vibraciones del pogo), Cier concluyó: «No creo que Buenos Aires se prive de un estadio con esa capacidad, la ciudad debería defender su derecho a los programas culturales porque no hay otro estadio así. Lo que no se entiende es por qué cuando el recital es cerca de River, a beneficio, como el sábado pasado con 100 mil personas, no hay problema con las vibraciones. Pero claro, se trata de un espacio público».
Tampoco se comprende del todo por qué la vibración de Vélez no molesta mientras la de River sí, ¿o será que en Liniers no hay edificios altos como en Núñez? ¿O que el ruido molesta menos en un barrio que en otro? El abogado no tiene respuestas para estos interrogantes pero se espera que estas dudas sean aclaradas hoy por la titular de la Agencia de Protección Ambiental, Graciela Girola.
Los datos preliminares que ya se difundieron en febrero indican que el pogo en los shows afecta a los vecinos que viven en edificios de entre 8 y 11 pisos, pues las vibraciones no se perciben en edificios ni más ni menos altos, sino que sólo vibran aquellos cuya frecuencia natural de oscilación es similar a la onda generada por el salto. Diferente fue el caso del año pasado, cuando el «Pepsi Music» en el Club Ciudad había recibido la advertencia del Gobierno de la Ciudad de cerrar a determinada hora y bajar el volumen, algo que enojó tanto a rockeros como a fans.
Como sea, con cada visita internacional importante se reflota la necesidad de contar con un estadio fuera de la ciudad, que no paralice el tránsito cada vez que hay show, con capacidad para al menos 40 mil personas y preferentemente cubierto. Hace dos años se había anunciado la construcción de un estadio cubierto en Pilar, que se iba a bautizar Arena Center, en un predio de 9,4 hectáreas y con capacidad para 15 mil personas sentadas. Pero la obra no prosperó.
En las grandes ciudades se afianza la tendencia de llamar a los estadios con nombres de marcas (American Airlines Stadium, Staples Center), mientras aquí el propio Mauricio Macri se entusiasmó en diciembre con la construcción de estadio de la ciudad. River podría cambiar pronto de nombre por el de una empresa de telefonía, pero eso no provocará que se mude de lugar.


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