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Cannes: el cine nacional vuelve a Daniel Tinayre
Santiago Mitre con su actriz Dolores Fonzi durante la exhibición de “La patota” en la sección La Semaine de la Critique de Cannes.
Periodista: ¿Cómo surgió la idea de hacer una remake del film de Daniel Tinayre?
Santiago Mitre La idea no es mía. Yo había estrenado hacía poco "El estudiante" y estaba en el proceso de desarrollar un guión de otra película, cuando me lo propuso Alex Kuschevatzky. Yo no había visto la primera versión, el único personaje serio interpretado por Mirtha Legrand en cine. Tampoco conocía muchas películas de Tinayre al no ser particularmente "cinéfilo". Pero algo de lo que me contó Kuschevatzky me interesó. Vi entonces la película pero no le dije ni que sí ni que no. Me fui de viaje pero algo de la película me quedó y empecé a bajar a papel algunas ideas, sobre todo en torno a la complejidad y ambigüedad del personaje protagónico (Paulina). Me di cuenta de que era un film del cual me podía apropiar para desarrollar algunos temas que ya había esbozado en "El estudiante". Cuando volví a reunirme con mi coguionista, Mariano Llinás, le conté mis ideas, él aportó otras y lo llamé a Kuschevatzky diciéndole que aceptaba el encargo y que si el guión le gustaba yo sería la primera opción como director, cosa que aceptó.
P.: ¿Por qué trasladó la acción de Buenos Aires a Misiones?
S.M.: Nos daba la sensación de que la marginalidad de Buenos Aires estaba muy retratada en los últimos tiempos en el Nuevo Cine Argentino y en la TV. Queríamos trabajar una marginalidad más rural y nos parecía que era algo menos transitado por el cine. Posadas tene la cualidad de ser una población de frontera, del otro lado está Encarnación, Paraguay, y allí se habla todavía guaraní, una lengua casi extinta en Argentina. Nos daba la posibilidad de ilustrar cierta incomodidad, cierta incomprensión del entorno que tiene la población del lugar. Nos parecía interesante eso además de las cosas evidentes de la provincia: la tierra roja, la selva, las quebradas, los yerbatales.
P.: ¿Qué otras diferencias sustanciales hay entre ambas versiones?
S.M.: La versión del sesenta trabajaba dos diferencias principales. La primera era que la se centraba básicamente en la relación ente la profesora y los integrantes de la patota, y muy lateralmente en la de ella con su padre, un juez retirado y malvado (José Cibrián). Había algo entre padre e hija que me interesaba mucho para retratar el drama existente en el núcleo familiar y en el pensamiento de esos dos personajes. En nuestra versión tienen una mirada sobre el mundo y sobre la justicia y les preocupa cómo desarrollar una acción social, que es una de las cuestiones centrales de la película. Yo siento que "la patota" que hicimos es una película sobre la convicción, un drama con un personaje de convicciones fuertes y con ideas sobre el mundo muy concretas. Y ello en un momento en que un hecho muy terrible que le sucede a Paulina la lleva a replantearse sus ideas y a aferrarse a esa convicción para poder sobrevivir. La otra diferencia es que antes había una moral un poco cercana a lo religioso, que a mí como tema me interesa poco, y la reemplazamos por esta idea ya mencionada de convicción social y política.
P.: ¿Cómo llega Dolores Fonzi al personaje de Paulina?
S.M.: El trabajo de actuación en el cine es una de las cuestiones que más me preocupa, pienso muchísimo en el casting. Una de las propuestas que me había hecho Kuschevatzky era replicar la deTinayre poniendo una actriz de renombre en un personaje tan extremo como el de Paulina. Rápidamente el nombre de Dolores surgió por peso específico. Es una actriz de nombre que a la vez tiene unas cualidades actorales y de intensidad inmensas. Me reuní con ella, hice una primera lectura, fue fantástico y abandoné cualquier tipo de especulación sobre encontrar otra actriz. Encontré en ella una persona muy dispuesta, a cargarse al hombro la película. Además es un personaje complejísimo de actuar por lo que hicimos un proceso de ensayo muy largo también con Esteban Lamothe, al que luego se sumó Oscar Martínez. Hicimos ensayos que en el cine en general no se hacen.
P.: ¿Y el casting de los integrantes de la patota?
S.M.: No son profesionales y yo sabía que no podía contar con actores de Buenos Aires para esta película, ya que requería un realismo lo más puro posible. Fue mi hermana Mariana quien hizo de directora de casting.
P.: ¿Cómo fue el trabajo con los hermanos Llinás y con Esteban Lamothe?
S.M.: El personaje de Verónica Llinás, la tía de Paulina, es importantísimo ya que aparece en el momento en que la protagonista está a punto de tomar una decisión trascendental y uno entiende que es como la madre ausente. Con Mariano venimos trabajando muy bien desde hace mucho tiempo, y en cuanto a Esteban Lamothe es, además de actor, mi amigo, y al empezar a escribir el guión enseguida pensé que tenía que haber un personaje para él y apareció el del novio.
P.: ¿Cómo llegó la película al Festival de Cannes?
S.M.: Siendo una coproducción con Francia, y estando lista en marzo, la enviamos a las cuatro secciones del Festival. Tuvimos la dicha de que a los dos días ya la Semaine de la Critique nos invitó a participar. Recibí una carta muy elocuente de Charles Tesson, director de la Semaine, y esperamos la respuesta de la Selección Oficial y si bien les había gustado la respuesta tardaba en llegar por lo que decidimos aceptar la propuesta de Tesson.
(*) Enviado especial


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