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Cantatas de Bach: la emoción perenne
El corpus de cantatas compuestas por Johann Sebastian Bach que ha llegado hasta nosotros constituye un legado incomparable que sigue deparando sorpresas, a más de dos siglos y medio de la muerte de su autor. En nuestro país, la incansable labor de Mario Videla ha permitido escuchar en vivo muchas de ellas, al igual que sus grandes obras (pasiones, misas y oratorios), y es éste uno de los aspectos más destacables de la actividad de la Academia Bach por él fundada, próxima a cumplir 30 años.
El sábado se pudo escuchar -en el marco de uno de los conciertos doctamente comentados por Videla, y en calidad de primera audición local- la cantata BWV 127, «Herr Jesu Christ, wahr Mensch und Gott (Señor Jesucristo, verdadero hombre y Dios)». Se trata de una obra extraordinaria, escrita para el último domingo con música antes de la Pascua en el culto luterano (llamado «de Quincuagésima», o también «Estomihi») e interpretada por primera vez en Leipzig en 1725; desde la compleja trama de la fantasía coral con la que se inicia hasta los contrastes del arioso y aria del bajo, pasando por la delicada instrumentación del aria de soprano -con una sonoridad frecuentemente aplicada por Bach a la idea de la hora de la muerte-, las ideas musicales del compositor se van fundiendo alrededor del texto y crean un pequeño y maravilloso universo retórico.
Dentro de su visión «no-historicista», la interpretación ofrecida por Videla y su ensamble instrumental, más el concurso del Grupo de Canto Coral, fue altamente meritoria, y los ejemplos musicales previos facilitaron la identificación de los procedimientos y recursos aplicados por Bach. Tanto la soprano Mónica Capra como el barítono Norberto Marcos exhibieron su ya conocida solvencia en un desempeño impecable, mientras que el joven tenor Matías Tomasetto mostró un interesante material vocal.
Previamente el ensamble instrumental había brindado una convincente versión del concierto para trompeta, dos oboes, cuerdas y continuo de Johann Friedrich Fasch -contemporáneo de Bach-, con una tarea remarcable del trompetista Fernando Ciancio, bien secundado por los oboes de Andrés Spiller y Rubén Albornoz y un ensamble de cuerdas de primer nivel.


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