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Capriles sale a darle pelea a Chávez por el voto de los pobres
NUEVAS ENCUESTAS DELINEAN UN PANORAMA INCIERTO EN VENEZUELA
Simpatizantes oficialistas mostraron su devoción por Hugo Chávez durante un reciente acto de campaña en Caracas. Sin embargo, algunas dificultades económicas hacen que el bolivariano no tenga asegurado, como hasta ahora, el voto fiel de la gran mayoría de los sectores populares de Venezuela.
Según un sondeo difundido ayer por Datanálisis, una consultora siempre considerada independiente, pero últimamente mirada con sospecha por la oposición, la ventaja del presidente se amplió de 13,1 puntos porcentuales a 14,7, lo que surge de intenciones de voto del 43,8% y del 29,1%, respectivamente. En tanto, un 8,8% de los consultados se definió como indeciso y un 14,4% no respondió, lo que supone un nivel de incertidumbre de un aún elevado 23,2%.
Pero Consultores 21 es una encuestadora no chavista que maneja otros números. De acuerdo con Luis Christiansen, su director, ésta es la primera vez desde las elecciones de 1998, cuando accedió al poder, que el bolivariano «enfrenta un escenario en el que podría perder». Por eso, frente al único número cierto en este vértigo -el padrón de 18.903.143 venezolanos- ¿cuáles son los últimos cambios de humor y percepción entre la gente, sobre todo entre las clases C, D y E, que representan no sólo el 70% de la población, sino el voto histórico chavista?
«En los últimos meses se está dando un fenómeno contradictorio en los barrios (villas de emergencia): mientras que el Gobierno destina cada vez más dinero a los planes sociales y a las clases bajas, el consumo de rubros masivos de vasto impacto (refrescos, artículos de limpieza y perfumería) cayó de manera preocupante», señala a Ámbito Financiero, desde Caracas, el sociólogo y periodista Jesús Torrealba, que a diario recorre con cámaras y micrófonos los suburbios más pobres de su país para su programa «El radar de los barrios».
Que los fondos oficialistas para proselitismo y campaña no estén llegando a los sectores prochavistas tiene una explicación sencilla. Para Torrealba, «hay una estructura articuladamente corrupta por la que el Gobierno, con buena voluntad eroga y eroga en este final de campaña, pero que, debido a que se hace con leyes de emergencia que carecen de contralor, ese dinero queda a mitad de camino y no llega».
Activismo
Al mismo tiempo, los equipos del Comando Venezuela de Capriles intentan ocupar ese vacío: «La oposición se mueve con solvencia y holgura en donde hasta hace seis meses no había espacio si no para la ayuda y planes oficialistas», dice.
¿Cómo lo hacen? Con activismo y con la ayuda de exchavistas. Según Torrealba se está dando un traspaso de filas, por la que «sectores no militantes del chavismo, cruzados que seguían y creían en «San Chávez», hoy se muestran tibios frente a las promesas bolivarianas y se han volcado al activismo de Capriles». «Es el gran cambio: por primera vez, un candidato opositor logra hacer campaña en las 300 parroquias de la Venezuela profunda, donde hasta hace pocos meses sólo entraba el chavismo», agrega.
Entonces, ¿estamos también frente a una transferencia o una captación del discurso propio de Chávez («relato», diríamos en la Argentina) hacia el de la oposición? «En 1998, Hugo Chávez logró conectarse con el electorado a través del pozo oscuro y profundo -justo y justificado- del resentimiento popular», explica Torrealba, para quien la sociedad hoy, después de 14 años de bolivarianismo, enfrenta nuevamente un momento bisagra de «renovación de expectativas».
Y allí es donde entra a tallar Capriles, quien, sin ser un orador consumado ni contar con el carisma de Chávez, «sabe transmitir su verdad y sus ansias de transparencia». «Hoy, Capriles está teniendo una línea de transmisión directa con la esperanza, que es la droga más adictiva y la que Chávez supo encarnar durante 14 años», concluye.
Pero no todo tiene color de rosa en esta colonización del hasta hoy territorio «rojo-rojito» en los barrios pobres. La batalla de la oposición tiene en el reloj al más implacable de los enemigos. «Son once meses de campaña opositora versus trece años de proselitismo diario del chavismo», dice Jesús Torrealba.
Por su parte, el candidato Chávez tiene enfrente, y en todo momento, al peor de los adversarios: al mismo presidente Chávez, con todo lo que prometió y todo lo que dejó de hacer. Por eso, en el último tramo de campaña «está intentando ser el candidato de la autocrítica, algo que le trajo resquemores entre su propia gente, además de mostrarlo como desangelado y desconectado de su clásico olfato político», dice Torrealba. Por eso también, para este sociólogo conocedor de los barrios, el 7 de octubre tiene «un pronóstico de final abierto».


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