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Carisma, el arma que le sobra a Trump y le falta a Clinton
La sobriedad de los actos de Clinton contrasta con los eventos multitudinarios de Trump, en los que recurre a sus dotes de “showman”.
Para empeorar las cosas, Clinton siempre llega tarde mientras que el espectáculo de Trump suele comenzar en hora.
En la antesala de una nueva fase de la elección presidencial en Estados Unidos, la candidata demócrata padece un déficit evidente de entusiasmo. No sólo enfrenta el fantasma latente de Bernie Sanders, sino que parece también incapaz de contrarrestar los ataques republicanos contra su integridad, alimentados por el caso de los correos electrónicos que manejó desde su dirección privada cuando fue secretaria de Estado.
El contraste es marcado con respecto al fervor que despierta el multimillonario populista cuando entra en escena, mientras retumba la ensordecedora música de "Get Ready for This" (Preparate para esto), la canción de 2 Unlimited.
"¡Trump! ¡Trump!", rugen sus partidarios en un centro de convenciones cerca de Disneyland en California. Su discurso es improvisado, deshilvanado y de frases cortas. Trump promete reindustrializar el país, aunque la propuesta por los momentos se reduce a amenazar con aranceles a las empresas que trasladen sus fábricas al extranjero.
"Las mujeres me aman" o "los hispanos me aman", suele repetir aunque las encuestas muestran lo contrario. Durante unos 60 minutos, calienta a su auditorio vendiendo su innato sentido de los negocios como antídoto a la estupidez de los políticos. "Vamos a ganar", dice finalmente mientras recibe una ovación de pie.
Esa es la receta Trump: la de un país que no tiene nada que perder. Sus partidarios son jóvenes pero también viejos, ricos o modestos pero, eso sí, en su gran mayoría blancos, todos poniendo su esperanza en un "outsider" de la política, que asegura tener la receta secreta de la reactivación económica.
"Él tiene todo en su vida... así que realmente hace esto por nosotros", dice Joe, un estudiante de 25 años.
No lejos de allí en un campus afuera de Los Angeles, en el coliseo donde se espera a Clinton, la impaciencia retumba. Mientras suena una lista de éxitos musicales que parece interminable, el público suspira profundamente cuando una séptima persona toma el micrófono.
Hillary llega tres cuartos de hora más tarde. "Deberíamos haber elegido un lugar más grande", dice en la presentación ante 1.200 personas, y lamenta que mucha gente haya quedado afuera.
Sin embargo, su equipo eligió bien ese gimnasio universitario, no demasiado grande. Sólo Bernie Sanders logra reunir multitudes comparables a las de Trump.
Clinton se presenta como una mujer de Estado con ideas serias, mientras advierte que Trump no está preparado para dirigir el país. Sin embargo, lo exhaustivo de sus propuestas ayuda poco a que su presentación sea más cautivante.
"Es un trabajo solitario, el más difícil en el planeta", señala y no promete una gran revolución sino la continuidad de los logros de la era de Barack Obama: aumento en el salario mínimo, control del porte de armas y protección para los inmigrantes.
El desafío para Clinton es consolidar la unidad demócrata y persuadir a votantes del centro. Con su ventaja entre las mujeres y las minorías negra e hispana, el triunfo no debería escapársele de las manos. Pero su imagen se deteriora: casi dos tercios de los estadounidenses cree que no es honesta, lo mismo que Trump.
Al tiempo que desaparece su ventaja en las encuestas, surge la pregunta: ¿Qué pasará si la ola de entusiasmo por Trump continua hasta noviembre? Los seguidores de Sanders expresan sus dudas sobre la integridad de Clinton.
"Hillary es bastante fuerte, no va a rendirse", responde Chiraag de Dave, un estudiante de 19 años, aunque admite haber leído "artículos sobre las aguas turbulentas en las que ella navegó junto con Wall Street".
Agencia AFP


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