Los carniceros aseguran que desde hace un tiempo venden más pollo que carne vacuna debido al aumento de los precios. Además, ofrecen cerdo, quesos y lácteos para intentar paliar los costos.
Desde hace un tiempo, la carne se convirtió en un producto «premium» al que sólo una pequeña parte de la población puede acceder. De hecho, los consumidores no convalidan el aumento de este producto, que desde comienzo de año se incrementó un 14,7% y desde inicios de 2010, un 108%.
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Esta situación no sólo perjudica a los consumidores, sino a los dueños de las carnicerías, que en varios casos ya están pensando en «reciclarse» y pasar a otro rubro que les dé una mayor rentabilidad. Sin embargo, también hay beneficiarios de esta situación: las empresas y los productores que se dedican a esta actividad. De hecho, Cristina de Kirchner sostuvo que casi se duplicó el consumo de pollo entre 2003 y 2011, al pasar de 20 a 38 kilos per cápita.
«Dentro de poco vamos a pasar de ser carnicerías a pollerías o polirrubros. Con estos precios no puedo comprar una media res como hacía antes porque no vendo la carne y no logro salvar los costos. La gente compra mucho más pollo y cerdo que carne vacuna. Además, tuve que agregar otros productos, como quesos y huevos, para poder paliar los gastos que me genera la carnicería», comentó ayer a este diario un carnicero del centro porteño.
Según una recorrida de Ámbito Financiero por varias carnicerías de distintos barrios porteños, el vacío cuesta alrededor de $ 37 el kilo, el lomo supera los $ 60 el kilo, la nalga para hacer milanesas, $ 43 el kilo (las milanesas hechas se consiguen a $ 28 el kilo, pero no se encuentran las famosas milanesas «oficiales» que cuestan $ 21 el kilo) y el asado está a más de $ 30 el kilo.
En Capital Federal, la carne subió un 12,8% promedio en las carnicerías desde principios de mes, como consecuencia de un salto de al menos un 14,4% en el valor de la media res a los carniceros. Los consumidores de barrios como Caballito, Flores y Floresta comenzaron el mes comprando un kilo de bife ancho a $ 28 y llegaron a pagar -a mediados de mes- $ 32 el kilo, es decir, un 14,2% más.
«La paleta, que es un corte económico, pasó de $ 29 a $ 32, el clásico asado de los fines de semana subió de $ 36 a principios de marzo a $ 38,9, la bola de lomo aumentó un 10,8%, pasó de $ 36 a $ 39,9 y la nalga, de $ 39 a $ 44, un alza del 12,8% en sólo 15 días», explicó otro carnicero porteño. Y agregó: «La carne picada común se encareció un 22%, pasó de $ 18 a $ 22 en los últimos quince días».
En el interior se repite la misma historia: la carne subió un 15% en lo que va del mes y según fuentes privadas se incrementaría hasta un 20% los primeros días de abril.
Con respecto a los precios del pollo, en promedio el kilo cuesta $ 15, aunque en los grandes supermercados el valor del pollo varía desde $ 9,90 el kilo hasta $ 20 el kilo, según la marca. Las presas más buscadas son las pechugas ($ 34 el kilo) y la pata-muslo ($ 23 el kilo).
Los carniceros coinciden en que los responsables de las mayores subas son los intermediarios que compran y venden la carne en un escenario de gran especulación y terminan afectando a los consumidores, que llegan a pagar hasta ocho veces lo que cobra el productor por cada kilo.
Cabe destacar que los precios de la carne se ajustan todos los años en marzo -tras registrar el último incremento a principios del verano- y se mantienen altos hasta abril, momento en que comienzan a descender levemente.
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