Carreras: una voz a resguardo del tiempo

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En un marco de esmerada prolijidad que incluyó un escenario bien iluminado y adornado con plantas, sumado a un diseño de sonido impecable, se produjo el retorno a nuestro país del tenor catalán José Carreras, luego de varios años de ausencia de los escenarios porteños. Un público numeroso que colmó las instalaciones del Luna Park, fervoroso y respetuoso a la vez, aclamó al cantante que fue junto a Luciano Pavarotti y Plácido Domingo integrante del famoso team «Los tres tenores».

Esto ocurrió exactamente a las 21.45 del sábado, cuando Carreras apareció en el escenario para cantar «Lultima canzone», de Francesco Paolo Tosti, acompañado por la Orquesta Sinfónica del Buen Ayre, organismo creado para esta ocasión que reúne a algunos de los mejores instrumentistas de las orquestas sinfónicas de nuestro medio.

Dirigida por un competente maestro, también catalán como el tenor, David Giménez, la agrupación había comenzado el concierto unos minutos antes con la encantadora «Farandole», de «La Artesiana», de Bizet, muy bien tocada por los músicos argentinos. Superada la sorpresa inicial que trajo la evidencia de una voz que conserva intacta la belleza de su timbre viril y apasionado, se pudo comprobar que Carreras sigue siendo un gran tenor, de excelentes condiciones técnicas y expresivas en su modo de «decir», intencionado y magníficamente fraseado.

Naturalmente nadie a los 64 años es igual a cuando tenía 25. La voz se modifica y pierde la antigua prestancia y frescura. Pero Carreras suple las carencias actuales con el mismo refinamiento, buen gusto y amplitud lírica de antaño en su estilo para cantar. Su registro grave potente, la arrobadora voz media y los impactantes agudos siguen estando allí, mejorados inclusive por una amplificación sumamente sofisticada, lo que le permitió sin esfuerzos exponer su solvencia técnica.

El repertorio fue una miscelánea donde figuran las canciones preferentemente italianas (de Tosti, Pennino, Lama, Rendine y Josep Ribas en la primera parte, y de Gambardella, Valente y Cardillo en la segunda) y los fragmentos de zarzuelas («La del soto del parral» y «El dúo de la Africana», de esta última el magnífico «Dúo y Jota» cantado bellamente junto a la soprano Rebeca Olvera).

Los bises luego de los aplausos constituyeron casi una tercera parte del recital. Solo o a dúo con la soprano mexicana Rebeca Olvera, Carreras cantó canciones, boleros y tangos festejados ampliamente por un público fiel y entusiasta que en algunos casos había pagado 800 pesos para escucharlo. «Lejana tierra mía», «No puede ser», «El día que me quieras», «Solamente una vez», el brindis de «La traviata» y varias canzonetas constituyeron un repertorio matizado y regocijante.

Olvera, que pertenece al staff de la Opera de Zurich, tuvo sus sets (arias y canciones de Gounod, Delibes, Chapí, Jerónimo Giménez y Puccini, de quien cantó como bis «O mio babbino caro», de «Gianni Schicchi»). Voz de pequeño volumen pero afinada y graciosa en algunos tramos, cumplió con corrección su cometido, tanto como la orquesta que se reservó algunos fragmentos sinfónicos como el «Intermezzo» de «Cavalleria Rusticana», de Mascagni y el fogoso intermedio de «La boda de Luis Alonso», de Jerónimo Giménez. Brillante noche de reencuentro con uno de los más grandes tenores de nuestro tiempo, que no defraudó a nadie y provocó la admiración de muchos no solo por su canto sino también por quien superó airosamente una terrible enfermedad, como la leucemia, y más tarde, a consecuencia de ello, fue el creador de una Fundación para ayudar a quienes sufren el mismo mal.

Recital de José Carreras. Orquesta Sinfónica del Buen Ayre. Dir.: D. Giménez. Soprano: R. Olvera.

(Luna Park).

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