En 2002, en "El adversario", el escritor francés Emmanuel Carrère contó la historia real de un impostor que se convierte en criminal, un falso médico que al saberse descubierto mató su esposa, sus hijos, sus padres y su amante, a quien entrevistó en la cárcel. Con ese libro, Carrère se instalaría en lo que Truman Capote con "A sangre fría" definió como "non fiction novel" o "novela testimonio". Y con los libros siguientes ("Una novela rusa", "De vidas ajenas" y "Limonóv") pasaría formar junto a Houellebecq, Echenoz y Binet, el grupo de los escritores más importantes de las letras francesas de nuestro tiempo. Antes de esas obras, Carrére, que además de escritor es guionista y realizador, había publicado cinco novelas de características tradicionales, que últimamente han comenzado a aparecer en español. Una de ellas es "Una semana en la nieve" ("La Classe de neige") publicada en 1995, que ese año ganó el Premio Femina, y tres años más tarde fue llevada al cine por Claude Miller, conquistando el Premio especial del jurado del Festival de Cannes, 1998.
"Una semana en la nieve" trata de unas breves vacaciones en que un colegio lleva a alumnos de la primaria a un albergue en un pueblo de montaña desde donde los chicos salen a conocer la nieve y aprender a esquiar. Nicolás, un apocado chico de 8 años, llega con retraso al encuentro escolar, porque en vez de viajar en ómnibus con sus compañeros, es llevado por su autoritario padre, que trabbaja como vendedor y representante de instrumentos quirúrgicos. Al llegar al albergue, Nicolás se olvida en el baúl del auto de su padre la mochila con su ropa y tiene que ser ayudado a vestirse con la que le ofrece el más bravo de sus compañero, y otra que le compra un maestro. Su padre le ha contado durante el viaje una historia siniestra de hombres que matan a chicos para robarles los órganos y entregarlos a traficantes. Nicolás es un chico temeroso, emocionalmente disminuido, el pobrecito de la clase. Teme hacerse pis en la cama, y cree que una polución nocturna es también eso. Por la noche se ve atrapado en pesadillas y, durante el día, alejado de sus compañeros, se sume en fantasías penosas y delirios imaginativos. Allí tiene que soportar la ayuda de Hodkann, el grandote de la clase, el terror de los dormitorios. Por momentos parece una historia dickensiana de un chico de clase media en un país del primer mundo. Hasta que el conocimiento de la desaparición de un chico en una ciudad vecina comienza a hacer crecer una ominosa oscuridad.
El cuento infantil impone, en una lenta trasmutación, una inquietud creciente, va engendrando sospechas ominosas que caen sobre varios personajes. Se vuelve una versión perversamente perturbadora de las historias divertidas de aquel chico de las historietas de "El pequeño Nicolás" del dibujante (Jean-Jacques) Sempé. Si hay una falsa calma durante veinticinco capítulos, etapas que parecen descripciones de la mente de un niño con problemas psicológicos de maduración, en los acelerados e intensos seis capítulos finales todo se explica cómo en una novela negra, un distanciado relato de terror, y hasta en un pliegue narrativo anticipa el futuro de dos personajes clave que no impide el desasosiego del lector sensible. En esta novela ya se pueden observar los intereses narrativos que lo llevaran a realizar su consagratoria novela "El adversario".
| M.S. |



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