17 de agosto 2010 - 00:00

Casi presidencial, Pino intenta despegar ante crisis panradical

Risueño, Pino Solanas junto a Humberto Tumini y la diputada Victoria Donda, de Libres del Sur, en un encuentro preparatorio de su candidatura.
Risueño, Pino Solanas junto a Humberto Tumini y la diputada Victoria Donda, de Libres del Sur, en un encuentro preparatorio de su candidatura.
El portazo que Elisa Carrió pegó, el miércoles último, en el Acuerdo Cívico y Social astilló las objeciones de Fernando Pino Solanas y se transformó en el envión para que el cineasta decida, 72 horas más tarde, anunciar su «casi» candidatura a presidente.

Solanas había comenzado a sentir los síntomas del Síndrome Lole: su zigzagueo entre competir por la presidencia o la jefatura de Gobierno porteño amenazaba con licuar su incipiente proyección nacional. La dinamita que Carrió detonó en el panradicalismo lo despertó.

El fin de semana, en Córdoba, juntó a la mesa grande de su espacio, Movimiento Proyecto Sur, y sondeó a los suyos sobre una determinación cuya respuesta conocía de antemano: la mayoría, a pesar de algunas disidencias, auspiciaba su postulación nacional.

Tras asimilar ese proceso, ayer formalizó su intención de aspirar a la Casa Rosada, aunque, como cláusula gatillo, se reservó una última instancia de revisión de la estrategia. «Seguramente -avisó- seré candidato presidencial». Dejó latente el condicional.

El trámite no fue sencillo. En su partido, Proyecto Sur, no hay postura unívoca: en el núcleo duro del pinismo, Julio Raffo es ferviente partidario de la postulación porteña. Los demás, Luis Brunati, Alcira Argumedo y Jamie Nugger, prefieren la aventura nacional.

Entre los socios del Proyecto Sur también hay matices. Mario Mazzitelli, del Partido Socialista Autónomo (PSA), empuja la candidatura en la Capital. En cambio, Libres del Sur, de Humberto Tumini y Claudio Lozano, dueño del sello Buenos Aires para Todos, apoya el Pino presidencial.

La matriz de la pulseada es simple: luego de la buena elección en 2009 en la Capital, Solanas rankea entre los cinco dirigentes con más intención de voto, lo que lo ubica, dicen en Proyecto Sur, en un escalón donde parece accesible -balotaje de por medio- ganar la elección.

La pretensión presidencial asoma, a simple vista, mucho más lejana. Se citan, así y todo, argumentos defensivos: «Hasta que no se plantee que quiere ser presidente, nunca se nos va a terminar de instalar». Solanas terminó por aceptar esa sugerencia.

El esquema, acordado el fin de semana, consiste en hacer un testeo de al menos un mes para evaluar el impacto del lanzamiento presidencial. Además de sus propias declaraciones, tendrán trabajo los encargados de diseminar por los paredones el «Pino Presidente 2011».

Ayer, Solanas invocó esas pintadas como «reclamo» de su candidatura que ubicó, sobre todo, en el interior del país. «Tampoco soy suicida -aclaró- y me tiro a la pileta si no hay agua abajo. (Ahora) veo y mucha».

La próxima escala será el 18 de setiembre, para cuando Solanas convocó a su mesa nacional. Si para entonces está conforme con los avances, definirá los pasos para el lanzamiento oficial, con acto y congreso incluido, que imagina para mediados de octubre.

Cercanías

En el tránsito, Solanas examinará posibles ensambles electorales. Ayer se permitió dejar abierta la chance de un acuerdo con Carrió. Más allá del gesto, parece más un guiño a los potenciales votantes de la jefa de la CC que a la propia dirigente.

Aunque, en el último tiempo, Carrió y Solanas coincidieron en planteos como la oposición a la minería a cielo abierto -tema que Pino camina hace años-, los orígenes y las tendencias de ambos parecen hacer poco probable, admiten en Proyecto Sur, una sociedad electoral.

«Si no transige con Kirchner, menos va a transigir con Carrió», decían, anoche, en su cercanía. En definitiva, Solanas asoma en los orígenes

del peronismo de izquierda

-del que dicen haberse nutrido los Kirchner- al que legó, adoctrinó y retrató con su film «La hora de los hornos».

El cineasta asume que, con Carrió, comparte un target electoral similar pero advierte, a su vez, que la figura a la que observa como la más riesgosa para su proyección en las urnas es Ricardo Alfonsín porque es con quien, detectó, disputa el mayor universo de votantes.

Otras variantes, como la de Felipe Solá, asoman periféricas y, en principio, no van más allá del «buen trato» entre los dos diputados y cierta tendencia, entrevé Solanas, del ex gobernador de pretender ser «lo más progre» del peronismo disidente. En ese mapa, además del soporte del Movimiento Proyecto Sur, Solanas tiene coincidencias con otros grupos entre los que aparece Unidad Popular.

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