19 de abril 2016 - 00:00

Castro: poner el cuerpo en el cine

Edgardo Castro: “Lo que quiero es que la gente que vea mi película sienta el mismo olor a sexo y mugre que yo siento cuando entro al cuarto oscuro en un boliche”.
Edgardo Castro: “Lo que quiero es que la gente que vea mi película sienta el mismo olor a sexo y mugre que yo siento cuando entro al cuarto oscuro en un boliche”.
El actor Edgardo Castro entró ayer en la competencia del Bafici con "La noche", exploración de los bajos fondos porteños, exhibidos como un espacio sórdido en el que los solitarios sienten necesidad de compañía en medio de orgías de sexo, cocaína, antros, prostitución y travestis. "La noche" posee escenas de sexo explícito y una puesta de aspecto documental en la que el director y protagonista, al igual que todas las personas que aparecen en el film (travestis, prostitutas, strippers, drogadictos, dealers y taxi boys), se entregan físicamente en cada escena.

En declaraciones a la prensa, el actor afirmó: "Lo que quiero es que la gente que vea mi película sienta el mismo olor a sexo y mugre que yo siento cuando entro al cuarto oscuro en un boliche. La cámara tenía que sentir lo mismo que yo estaba viviendo y la idea era tener experiencias reales con todos esos no actores". En relación al alto grado de exposición que tiene en el film, donde aparece haciendo fellatios y es orinado en el pecho por una de sus parejas ocasionales, Castro aseguró que "toda la película es una ficción. Todo film nace de la experiencia íntima de su director y esta no es la excepción. Pero no soy yo el que vemos en pantalla, es Martín, el personaje. No es una biografía mía, porque si lo fuera sería aún peor", bromeó.

En su ópera prima como director, Castro encarna a un solitario que -dice- busca desesperadamente afecto "y la posibilidad de creer en los demás en la noche porteña. Termina siendo una película de amor, de seres solitarios que buscan compañía y alguien en quien poder confiar en un micromundo muy cruel, donde la gente está muy sola y no cree en nadie". Para él, el gran hallazgo del film fue Guadalupe, una travesti de 29 años "que la pelea mucho, a quien le cuesta mucho todo. Ella me acompaña en el recorrido de la película, porque así como Martín muestra toda su oscuridad y soledad, quería mostrar a través de ella que hay otros que sufren igual que él. Y que son muchas las personas que estamos solas en esta ciudad y que sentimos un agujero adentro nuestro. Nada les alcanza...", añadió Castro, que negó que el film sea pornográfico, porque "el porno es un género con ciertas condiciones que esta película no tiene".

"Sí tiene sexo fuerte y sentía que debía mostrarlo explícitamente porque quería que la actuación fuera real y descarnada, no debía tener pudor de tener sexo con ellos y de mostrarlo. Si no fuera explícito, creo que todo sería una estafa. Y por respeto a los otros actores, tenía que entregarme por completo para que ellos también confiaran y se entregaran igual que yo", señaló. Castro, que se basó para el guión en varias crónicas personales de sus salidas nocturnas en Buenos Aires, cuyo destino final será un libro, afirmó que "la película tiene un costado político bien marcado, porque eso que les pasa a los personajes es lo que yo no quiero que pase en el país. La idea era investigar eso en el universo de la noche. Queremos un país donde todos tengamos las mismas oportunidades. A las travestis las persiguen y las maltratan. Los que se encargan de combatir la prostitución son los mismos que la consumen antes. Eso es mucha violencia. Hay que darle lugar y proteger a las personas que no tienen las mismas posibilidades que tenemos todos".

Castro siente que "fue muy valiente de parte del Bafici haber programado mi película y creo que es un marco que nos va a cuidar bastante. Supongo también que va a haber un sector del público que va a querer mucho a la película y otro que se va a sentir muy violentado. Y lo lamento por esa gente, porque se va a perder la verdadera esencia de esta historia...".

Castro declara haber investigado "cómo entrar con el cuerpo en cada escena. La mitad de los actores trabaja en la prostitución y son seres de la noche. Les pedía que creyeran en mí cuando ellos sólo creen en la guita y la cocaína. Fue un trabajo muy difícil, en el que debía transitar muchas emociones, ir a lo más profundo y oscuro mío para poder comprometerlos. Al principio tenía un montón de frenos, porque los actores somos bastante morales. Después entendimos que debíamos corrernos totalmente de la moralidad y de los prejuicios. Yo tenía claro que siempre estaríamos expuestos a lo imprevisible, a cualquier cosa que ocurriera realmente, y que todos debíamos correr los mismos riesgos. Incluso los camarógrafos tenían que involucrarse con la misma entrega que teníamos todos", afirmó.

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