11 de marzo 2011 - 00:00

CATAMARCA INAUGURA EL FIXTURE ELECTORAL

Unos hablan de «cautivos»; otros, de «federales». Huele a saga de otro siglo, a novela con toques de western criollo, pero ocurre en estas horas en Catamarca, donde el domingo estalla el maratón de elecciones, escala previa de la presidencial de octubre. Con rasgos inusuales y apenas 180 mil votos -menos del 1% del padrón nacional-, la votación en la que los catamarqueños elegirán a su futuro gobernador se instala como emblema y duelo testigo de la temporada electoral.

Una isla opositora en el océano K y peronista (salvo Santiago del Estero) que es el norte argentino, Catamarca despliega encanto político por ser el primer test del año pero, fronteras adentro, desprecian esos simbolismos: el PJ y la UCR, con ropajes frentistas, guerrean por el control de la provincia por cuatro años.

A tal punto que, anoche, la dupla que conforman Lucía Corpacci y Dalmacio Mera frenó el desembarco de caciques peronistas vecinos: se abortó, por mandato expreso de la candidata, la llegada del salteño Juan Manuel Urtubey. La misma regla se aplicó con el riojano Luis Beder Herrera.

Al atardecer reapareció, con el arribo de funcionarios nacionales, la hipótesis de una aparición sorpresiva de Cristina de Kirchner en la caravana y acto de cierre del Frente para la Victoria programado para esta noche.

Si desde Balcarce 50 se decide el viaje, nadie dirá que no, pero en el búnker K hay disidencias sobre una visita presidencial sobre la hora. Unos teorizan que aportará el plus para garantizar la victoria; otros especulan que también podría generar malhumor y beneficiar al Frente Cívico.

«Todos se quieren colgar del triunfo», interpretó, ayer, un operador del FpV respecto de los visitantes. «Si ganamos, ganamos nosotros», mandó el aviso. Hasta ahora, el único referente extraterritorial al que se le dio visibilidad fue el gobernador Jorge Capitanich, que los ilusionó contando su derrotero: en Chaco derrotó a la UCR tras 20 años de gobierno.

En 2011, el radicalismo cumple dos décadas de dominio ininterrumpido de la provincia. La analogía es obvia.

Para la Casa Rosada hay algo más. Una victoria K, que se volvió accesible luego de la presencia de la Presidente en febrero pasado -desde entonces, Corpacci acortó la diferencia con Brizuela del Moral- le daría entidad fáctica a su imaginario triunfalista.

Montados en esa mística, fantasean con iniciar con un festejo en esta provincia, el domingo, la escalada que termine en octubre con la reelección, sin balotaje, de Cristina de Kirchner.

Para estimular a los locales, desde Capital enviaron ayer una encuesta de Ibarómetro que posiciona, por primera vez, a la Corpacci por encima de Brizuela. Son, apenas, cinco décimas, están dentro del margen de error muestral, pero los kirchneristas locales se abrazan a esos datos como a una Biblia.



Climas



Enfrente, el Frente Cívico repasa sus propios números. Ayer mismo consumieron frenéticos un sondeo de la consultora cordobesa Delfos que les dio una pizca de confianza: indica que el gobernador, que busca su tercer mandato consecutivo, elevó su techo a 46 puntos. Con esas cifras, se alientan, tienen el triunfo asegurado.

Los análisis más específicos se centran en otro factor: apuestan al voto autónomo de los catamarqueños y refuerzan el concepto de autonomía de criterio ante la «intromisión» nacional. Van más lejos: plantean la elección como una cuestión de federalismo ante el «centralismo porteño».

El peronismo, a su vez, concentra la esperanza de una victoria en el «voto oculto» de los empleados estatales provinciales que, a pesar de estar atados al Gobierno, votarían a favor de los candidatos K. «Todo depende de si esos votos dejan de estar cautivos del aparato del Frente Cívico», diagnostican.

Por eso, en el sprint final, con las caravanas y actos con que cerrarán hoy su campaña, la UCR y el PJ retoman -aunque vestidos, ambos, con ropajes frentistas- el primitivo duelo bipartidista que estuvo desdibujado en los últimos ocho años y que presenta, a 48 horas de la votación, un resultado incierto que, de un lado y otro, se atribuyen pero por distancia reducidas a no más de 3 puntos; apenas unos 5 mil votos.

La misma razón convirtió en estrellas de ocasión a actores secundarios como los hermanos Barrionuevo, que con una proyección de no más de 4 puntos, pueden ser quienes vuelquen el resultado.

Ayer, el candidato a vice del FpV, Dalmacio Mera, se esforzó por minimizar la incidencia de ese clan y lo redujo a un alardeo nacional: «Luis vino a estrenar su acuerdo con Macri», dijo en referencia a que el segundo candidato de Liliana Barrionuevo proviene del PRO local.

Por eso, el domingo, el recuento se palpita como una batalla encarnizada. Quizá el anticipo de la ferocidad que marcará el resto del año electoral.

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