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Celebración de la vida y la obra de Gurvich
«¡Qué pesado es ser judío!», una de las ilustraciones que documentan la creatividad del homenajeado en el libro «Gurvich-Viajes por el tiempo judío», obra mayúscula de la historiadora uruguaya Alicia Haber.
Convocados por Martín Gurvich, hijo del artista, se refirieron a él la autora del libro, el crítico de arte Julio Sapollnick y el filósofo Santiago Kovadloff. En primer lugar, un emocionado Martín Gurvich recordó a su madre, Julia Añorga de Gurvich, Totó, fallecida recientemente, que dedicó su vida a acompañar a su marido, así como a preservar y difundir su obra con gran devoción.
Alicia Haber, que ya escribió dos libros sobre el artista, enfoca en esta obra mayúscula la vida de José Gurvich. Nacido en 1927 en Yezne, una aldea de Lituania, se crió en un barrio de judíos inmigrantes en Montevideo, su madre le enseñó el idish y el conocimiento de la mitología judía, y llegó a la Israel utópica de los 50, mundo que ya no existe. Es éste, un momento de quiebre, su iconografía ligada al mítico Taller de Torres García cambia, el kibutz lo conmueve.
Haber rastreó el origen de la identidad del artista; viajó por los diferentes lugares en los que Gurvich vivió: Suiza, Bélgica, el kibutz Ramot Menashe en Israel, Nueva York, donde falleció repentinamente en 1974. Mantuvo intensas conversaciones con Totó, investigó archivos familiares, relevó colecciones privadas, entrevistó a amigos y compañeros. «Me vi envuelta, con entusiasmo renovado, en estudios de simbología, lecturas sobre las festividades, exégesis bíblica, revisiones sobre el kibutz, el sionismo. Y continué por un sendero de aprendizaje, activé una de mis identidades sobresalientes, la judía», confiesa.
Las ilustraciones de este libro de 600 páginas documentan la creatividad de este trascendente artista imbuida de judaísmo. Muchas de ellas fueron expuestas en una muestra en el Museo Gurvich de Montevideo y a las que nos referimos en agosto de 2010 cuando este diario fue invitado a la inauguración.
Pero Gurvich, gracias a su cultura y espíritu abierto, también recurrió a temas cristianos, por ejemplo, los siete pecados capitales, la parábola de los ciegos; «fue un artista que incluía, no excluía: sumaba, incorporaba, y englobaba con espíritu local, particular y universal», dice Haber.
Julio Sapollnick recordó un mandato Exodo 31.2.5: Adonai le dice al primer orfebre «Sé un artista, crea con tus manos, con tu inteligencia, en cualquier lugar de la tierra». Gurvich así lo hizo, un mandato que puede relacionarse con «Aprender, aprender, aprender, una de las claves de la supervivencia judía», según el célebre ensayista ucraniano Ahad Ha- am.
También evocó su vida en el campo como pastor de ovejas y enfatizó acerca del amor en la obra de Gurvich, en la manera en la que Chagall lo pinta, de allí mucha de su influencia en obras de colores brillantes que tienen a la pareja como protagonista, construidas desde la gracia y también aquellas en blanco y negro, con rayitas, parejas cósmicas pletóricas de simbología. O desde el humor, por ejemplo, el célebre cuadro «¡Qué pesado es ser judío!», óleo sobre tela (1974), frase tomada de Shalom Aleichen (1859-1916), uno de sus autores favoritos, y que luego se popularizó en referencia a la condición de judío en la diáspora.
Santiago Kovadloff comprendió la vibración en el auditorio que de alguna manera, según sus palabras, estaba arrebatado, es decir, sustraído, honrando la cercanía de la pintura de un artista de gran versatilidad, de gran variedad de recursos formales, de gran fantasía y riqueza expresiva y «a pesar de que plasmó mundos imaginativos, la realidad cotidiana tuvo en su producción un protagonismo esencial». La obra de Gurvich: un canto a la alegría de vivir y su complejidad y entre otros pensamientos acerca del existir señaló: «las vidas humanas son muy breves y en el caso de Gurvich, debe ser considerada por su intensidad, ya que extenuó su tiempo en la creación».
Un libro en el que un hombre es «habitado», es decir, escrito desde su mundo. Un libro para celebrar y honrar la obra y vida de un artista que, según la autora, proseguirá con otras investigaciones y otras interpretaciones.
El libro tiene Prefacio de Martín Gurvich, prólogos por Felipe Arocena y Gerardo Gaetano, textos de Nisso Acher, Joséphine Balken, Isaac Margulies y Manuel Tenenbaum.


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