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En términos constantes el que acaba de finalizar fue su peor resultado semestral desde el noviembre de 2008 (equivalentes a -$415,42 millones de ahora, IPC Congreso), o dicho de otra manera el segundo peor en lo que va del siglo y el peor en dólares libres desde 1997. ¿Qué anduvo mal? Para ser honestos, casi todo. En primer lugar las ventas, cuyo volumen, 124.765 toneladas en papel y pulpa y 45.988 toneladas en madera fueron los menores desde 2008 y 2012 respectivamente. La empresa utiliza la parada programada de la planta de Capitán Bermúdez para justificar esto, lo que no alcanza a explicar que la producción de pulpa y papeles, 111.934 toneladas, haya sido la menor desde 2006 (fue una parada "programada") y que la producción de madera, 55.895 toneladas, fuera la menor del siglo. Su otra justificación se asienta en lo que califica de "la menor demanda" "consecuencia de la profunda recesión argentina", que afectó a la vinculada Fanapel de Uruguay, paliado en parte "aumentando en forma significativa las exportaciones (de papel obra) al mercado americano". Es cierto que éstas alcanzaron 30.426 toneladas, frente a las 20.930 del semestre 2015/16, pero aun así estuvieron debajo de las 34.760 toneladas promediadas el lustro previo (el máximo, 40.484 toneladas en 2011). Arguye que la venta de los activos forestales que tenía en el Uruguay le permitió disminuir 18% la deuda financiera consolidada en dólares, pero no menos cierto es que esto derivó en una disminución del patrimonio al nivel más bajo (en dólares libres) desde 2002. Pasando al estado contable, la vemos con un resultado bruto 42% menor al de doce meses antes, una ganancia operativa 96% inferior y una pérdida financiera 110% mayor que, aun con el aporte del fisco, la dejan resignando $311.376.000 (que acota en integrales a -$184 millones) cuando ganaba $3 millones en 2015.
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