28 de noviembre 2011 - 00:00

Cenizas y sequía hacen estragos en la producción

La persistente sequía, combinada con la precipitación del material expulsado por el volcán chileno Puyehue, hace estragos en la producción agropecuaria en la Patagonia, según el análisis de expertos.

«Sequía más cenizas es la combinación fatal», asegura Alberto Arzone, director de la Escuela de Veterinaria y Producción Agroindustrial de la Universidad Nacional de Río Negro.

«La sequía que lleva años también hace estragos, pero el productor patagónico sabe lidiar con ella. Sin embargo, es una de las peores y lleva al cansancio; quieren rematar la hacienda», explicó el experto.

La erupción del complejo volcánico fisural Cordón Caulle el 4 de junio último desató «una emergencia multifacética», que significó «un azote para las zonas turísticas precordilleranas», analizó.

La erupción del complejo localizado a 40° 32' latitud sur y 72° 7' longitud oeste generó una columna de gases y cenizas que alcanzó 14.000 metros de altura, según estudios del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).

La erupción se mantuvo con columnas que oscilaron entre los 5.000 y 10.000 metros, para luego estabilizarse de manera relativa en el orden de los 2.000.

Por la predominancia de vientos del oeste, gran parte de la ceniza, en especial la de los primeros días, que fue la más importante en volumen, cayó en territorio argentino.

Pero lo peor, dijo Arzone, lo sufrieron los más pobres. «Son los que no pudieron trasladar su hacienda a otros campos como lo hicieron los que tienen mayores recursos».

El especialista criticó que a esos productores de recursos limitados «se les quiso comprar, en los inicios de esta catástrofe, todos sus animales a precios paupérrimos y se negaron, pensando que era un fenómeno transitorio, que en un mes se superaría».

Esto les pasó «por ejemplo, a los productores de los pueblos originarios, a los que no pudieron levantar la hacienda, a quienes no quisieron, a los que desoyeron los consejos. Como siempre, a los menos pudientes y a los que por creer que los iban a engañar -porque les sucedió más de una vez- hoy se quedaron con las manos vacías», describió.

«Hubo propuestas económicas, muchos apoyos gubernamentales a nivel nacional, provincial, municipal. ¿Faltaron ideas? ¿Faltó aglutinar voluntades? Fallamos en no ser previsores», estimó.

La semana última, el director nacional del INTA, Eliseo Monti, y el presidente del Consejo Directivo del Instituto, Carlos Casamiquela, advirtieron sobre el grado que tomó la emergencia. «En el país hemos pasado momentos hace años en los que gran parte de la zona pampeana y de Buenos Aires, Santa Fe y hasta Santiago se han visto afectados por una sequía», dijo Monti en declaraciones al diario Río Negro. Sin embargo, añadió, «en este momento Neuquén y Río Negro y hasta un sector de Chubut están en la peor situación agropecuaria porque sólo tenemos un pequeño sector con sequía en la provincia de Buenos Aires».

Combinación dura

«La combinación de cenizas con sequía es muy dura porque mientras con la sequía una vez que finaliza se pueden recuperar los ciclos productivos, con las cenizas es un proceso mucho más complejo», advirtió Casamiquela.

Explicó que con las cenizas, «la afección no es sólo a la actividad agropecuaria sino a todas las actividades económicas como el turismo, la vida cotidiana y hasta la salud».

Los titulares del organismo encargado del monitoreo de la situación confirmaron que «el impacto causado por las cenizas es prácticamente igual en Río Negro que en Neuquén». «Si bien hace 51 años la región también vivió el inusual fenómeno de caída de cenizas por la erupción del cordón Caulle-Puyehue, desatando una situación de emergencia muy difícil de enfrentar, la historia nos sorprende hoy en un punto diferente», dijo el director de la estación experimental Bariloche del INTA, Héctor Taddeo.

«Todos sabemos que el alcance geográfico, la cantidad de productores afectados, el número de animales involucrados, las limitantes de infraestructura regional y el mismo ambiente polvoriento que dificulta el trabajo configuran un escenario de magnitudes desproporcionadas», describió.

Sin embargo, aclaró Taddeo, «a diferencia de la vez anterior, ahora se pusieron en marcha mecanismos de diagnóstico y auxilio que en ese entonces no existieron».

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