23 de julio 2012 - 00:00

Centurión, con el espíritu romántico de los pintores viajeros

Acompañado de un semiólogo, un ingeniero en minas, un poeta, un sonidista y un cineasta, Gómez Centurión recorrió la hipnótica geografía de la Cordillera para su muestra «El viaje como obra».
Acompañado de un semiólogo, un ingeniero en minas, un poeta, un sonidista y un cineasta, Gómez Centurión recorrió la hipnótica geografía de la Cordillera para su muestra «El viaje como obra».
«Digo la tonada». «Digo la mazamorra». «Digo los amigos». Nombrar significa también definir los sentimientos del que lo dice. Basado en un poemario del escritor puntano Antonio Esteban Agüero, el pintor Carlos Gómez Centurión «dice la cordillera». No sólo la nombra, se planta físicamente frente a ella para «El viaje como obra», subtítulo de su actual muestra en el Palais de Glace (Posadas 1725) .

Este artista nacido en San Juan nos invita a recorrer la Puna, las yungas de Jujuy, la cordillera helada, el Fitz Roy, el Mercedario, los glaciares, los salares de nuestro país. Con el espíritu romántico de los pintores viajeros del siglo XIX, Gómez Centurión viaja a estas hipnóticas geografías. Lo hace acompañado de un semiólogo, un ingeniero en minas, un poeta, un sonidista, un cineasta, el curador Fernando Farina y el resultado es este atrapante viaje a través de pinturas y dibujos así como videos en los que se aprecian los entretelones de esta expedición, sustantivo apropiado para el espíritu con el que se la emprendido, ir a fondo hasta lo inconmensurable del paisaje, tema que ha planteado reflexiones en el campo del arte.

A pesar de que la contemporaneidad casi lo evita, quizás porque la naturaleza está siendo invadida y degradada o porque el paisaje es eminentemente urbano, Gómez Centurión lo trae de manera poco convencional. Aunque aparezcan la forma montaña, la forma glaciar, la forma salar, la forma boscosa, lo que se ve es un paisaje pictórico de empastes, de minuciosos toques colorísticos, un dibujo que parece tomarle el pulso a la montaña, la captación de la luz, a veces enceguecedora, logrando lo que podría calificarse como antropofagia a la manera del venezolano Armando Reverón.

Es evidente que el paisaje se le ha impuesto y sus imágenes revelan a un artista que quiere dejar plasmada su visión de una naturaleza a la que hay que defender después de haber encontrado ese paraíso perdido.

En estos paisajes se siente lo que el artista ha captado a más de 4000 metros de altura, el sol abrasador, el frío inclemente de las nieves eternas, el blanco enceguecedor de los salares, el espacio hipnotizador, los cielos despojados o surcados por nubes apenas esbozadas, la intensidad selvática con todos los matices del verde.

El excelente montaje nos lleva a recorrer estos paisajes, a literalmente «pisar» la montaña, a respirar ese aire no contaminado aún, a penetrar en el silencio, a acompañar al artista en su intento por apresar la esencia de esta idealización del paisaje como paraíso y también como identidad del lugar al que pertenecemos.

Clausura el 12 de agosto.

Ana Perissé

Con un montaje muy dinámico de Jorge Sarsale, se presenta en el Centro Cultural Borges un conjunto de casi 50 obras de pequeño formato de Ana Perissé.

Desde su anterior muestra, su obra se ha vuelto más luminosa y a través de lo gestual de la pincelada, evita caer en lo narrativo. A la manera del famoso título de Magritte, «Esto no es una pipa», la serie «Esto no es una copa» trata de negar su existencia aunque la forma está esbozada. Toda la muestra es un ejercicio intenso de pinceladas que siguen un impulso interior, que se desplazan nerviosas, cubren un gran espectro colorístico, las delicadas texturas parecen disolverse.

Al recorrer la muestra, que exige detenerse en cada una de sus expresiones que no se repiten, se llega a la conclusión de que no todo está dicho en el camino de la abstracción lírica que la artista ha elegido.

Cierra el 29 de julio.

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