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CGT se blinda con piqueteros y prepara una escalada de paros y protestas en octubre
El triunvirato dio un paso histórico al recibir a organizaciones sociales para acordar una agenda común de demandas y de eventuales medidas de fuerza. Alegan que así prevendrán desbordes en la conflictividad hacia fin de año.
HISTÓRICO. El triunvirato de jefes de la CGT recibió a dirigentes del Movimiento Evita, la Corriente Clasista y Combativa, Barrios de Pie y el CTEP, grupos con los que la central obrera solía rivalizar por el control callejero.
El clima en el encuentro de ayer fue de plena sintonía y reconocimientos mutuos, así como de creciente beligerancia respecto de la política oficial. Los gremialistas, incluso los más cercanos al Ejecutivo, perdieron en buena medida las expectativas de un eventual volantazo orientado a proteger la industria nacional del aluvión de importaciones, así como el nivel de empleo y los ingresos de asalariados. También elevó la tensión la sostenida negativa de los funcionarios a permitir una reapertura de paritarias para los gremios con mayor desfasaje respecto de la inflación acumulada.
El descontento quedó patente en la reunión de ayer entre el triunvirato de jefes de la CGT y los referentes de organizaciones sociales como el Movimiento Evita, Barrios de Pie, Corriente Clasista y Combativa y la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular. La central tradicional les aseguró a los dirigentes que se pondrá a la cabeza de la protesta social.
La fecha decisiva será el 23 de septiembre. Ese día se reunirá en Azopardo el Comité Central Confederal, el denominado "parlamento de los trabajadores" que resolverá facultar al Consejo Directivo (órgano ejecutivo de la CGT) a adoptar las medidas de fuerza que considere pertinentes. En la organización sindical y en los movimientos sociales confirmaron que ese día se decidirá la realización de un paro, cuya fecha será manejada por el triunvirato compuesto por Juan Carlos Schmid, Héctor Daer y Carlos Acuña.
Diagnóstico
El entendimiento responde a un diagnóstico común: si la CGT junto con las organizaciones sociales conduce y encarrila un conflicto contra la política económica del Gobierno hará, dicen en ambas orillas, un aporte a la democracia al descomprimir el enojo de sectores populares. La posibilidad de resolver una acción de fuerza en octubre apunta, de hecho, a evitar protestas inorgánicas y eventualmente violentas hacia fin de año, fechas en que la memoria política argentina evoca sus peores fantasmas.
"La mejor noticia para el Gobierno es que podamos encauzar e institucionalizar el conflicto", le explicó a este diario Emilio Pérsico, referente del Movimiento Evita. Acuña, de CGT, insistió en la posibilidad inminente de disponer un paro. Por su parte, Daer consideró el encuentro de ayer como "un punto de partida, una estrategia común para universalizar la agenda" de trabajadores formales, informales, precarizados y desocupados, una iniciativa inédita para el movimiento obrero tradicional argentino.
Mientras, la central sindical avanzará en una agenda con más encuentros con el objetivo de sumarle masa crítica a la presión hacia el Gobierno. El lunes recibirá a intendentes peronistas identificados con el Grupo Esmeralda, y durante la semana hará lo propio con miembros de la Conferencia Episcopal Argentina de la Iglesia católica. Con ellos también compartirá una cumbre un día después del Confederal del 23, que contará además en el debate con los movimientos sociales que participaron ayer del debate.


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