28 de febrero 2011 - 00:27

Charlas de Quincho

«Estamos en el mejor momento de nuestra relación», dijo un mandatario extranjero tras un encuentro secreto con la Presidente. No es poco lo que está en juego: exportaciones en cantidad retenidas en la Aduana. La mandataria ocupó sus horas con inauguraciones, viajes y reuniones, dicen que para olvidar un doloroso aniversario. En una de esas aperturas, un gobernador y una ministra se saludaron, educados, pese a que están en veredas opuestas sobre un tema que preocupa a la sociedad. Hubo también ocasiones y saraos más amables, tanto en este lado del Río de la Plata como en el opuesto, donde el verano a todos los efectos ha concluido. La excepción: los numerosos casamientos que se celebran en Punta del Este y José Ignacio; menos invitados y ahorros significativos. Veamos.

Daniel Scioli y su equipo, Los Piqueteros de Villa La Ñata, derrotaron a Independiente y se quedaron con un cuadrangular. El gobernador afirma que, si bien Mauricio Macri ya tenía su propio equipo, el jefe de Gobierno sólo comenzó a exhibirse jugando al fútbol para la campaña electoral. Macri jugó un clásico de veteranos en el Parque de los Niños.
Daniel Scioli y su equipo, Los Piqueteros de Villa La Ñata, derrotaron a Independiente y se quedaron con un cuadrangular. El gobernador afirma que, si bien Mauricio Macri ya tenía su propio equipo, el jefe de Gobierno sólo comenzó a exhibirse jugando al fútbol para la campaña electoral. Macri jugó un clásico de veteranos en el Parque de los Niños.
Hasta un aficionado a la psicología pudo entender que Cristina de Kirchner se atosigase de tareas el viernes, día en que Néstor Kirchner habría cumplido 61 años: reuniones con Pepe Mujica y Fernando Lugo, actos en el palacete que iba a ser sede de la Unasur, viaje por la noche a Misiones a reinaugurar la represa de Yacyretá, emprendimiento que varios Gobiernos se han atribuido. Todo un maratón de alienación para huir de recuerdos amargos y también gratos, porque esa fecha fue durante años motivo de festejos que habrá rememorado con el mismo énfasis que otros evocan la ausencia. Tanto fasto y follaje eran necesarios porque esa mañana se había conocido el decreto de abolición de la ONCCA, oficina de reparto de subsidios al campo y de control de las exportaciones agropecuarias que pasa ahora al dominio de Amado Boudou, ministro que crece en confianza y que le acerca al vértice de Olivos un control mayor de las decisiones ante el sector del campo.
Ese decreto se elaboró durante semanas, y logró el Gobierno mantenerlo en secreto -anunciarlo habría desatado un debate que hubiera sido una fiesta para la oposición, que pedía esa abolición junto con los activistas del campo, que habían bautizado a esa oficina como una «Gestapo del campo», mote ilevantable en cualquier debate político-. Abolirla responde a una receta obvia: trinchera que no se puede defender se levanta. Le termina sacando ese decreto -que los ministros del gabinete firmaron el jueves pocos minutos antes de la medianoche, para que no trascendiese a la prensa antes de su publicación en el Boletín Oficial- un blanco a los contradictores del Gobierno, que ahora tendrán que construir otro objetivo de batalla. La medida, además de exaltar la talla del ministro de Economía, contiene un mensaje que dará que hablar y que es otro giro del Gobierno: se termina el mecanismo de asistencia automática al sector, habrá más negociación en particular de estos subsidios y se abandona el anterior sistema que el Gobierno va a decir que pertenece al tiempo de la emergencia de la cual el sector ha salido por los precios internacionales. Sube Boudou, baja Guillermo Moreno, festeja Julián Domínguez, quien se sentará en la comisión que repartirá los subsidios, se siente aliviado Ricardo Echegaray, a quien los opositores que lo seguían atribuyen el manejo de la ONCCA.

Este tema era el dominante en la fiesta principal de ese día, que fue la inauguración de lo que algunos llaman la Casa Kirchner, que ocupa el palacete de la calle Carlos Pellegrini que algunos ministros del gabinete habían conocido bajo otras tormentas. Héctor Timerman recordó que allí habían juzgado los militares en secreto cuando funcionaba el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas; Julio Alak, que cuando defendía a detenidos por el Gobierno militar, las causas había que iniciarlas allí porque es donde estaba la documentación para iniciar los procesos. Alguno recordó que la decisión de Néstor Kirchner, de sacarles a los militares ese edificio para dedicarlo a una oficina de la Unasur, siguió el ejemplo del Gobierno paraguayo, que desalojó en Asunción a los uniformados de su sede, en donde habían funcionado las mazmorras del estronismo, para instalar allí a la Corte de Justicia del Mercosur, donde tuvo oficina en representación del país el mendocino exprocurador Nicolás Becerra cuando integró ese tribunal regional.
Ni en el acto de la tarde ni en el grupo que se subió casi llegando la noche al avión presidencial para ir a la reinauguración de Yacyretá en Posadas, se pudo saber qué habían hablado Cristina y Pepe Mujica por la mañana en Olivos a solas. El presidente uruguayo entró con demandas por el freno a las exportaciones de su país aplicadas por la Argentina y salió con el rostro aliviado. Julio De Vido, Débora Giorgi y Timerman se quedaron en la antesala de la reunión y entraron sólo a los efectos protocolares que siguieron a ese encuentro secreto a medias sobre cuyo contenido no pudieron conocer los funcionarios de los dos países. Mujica, que suele ser locuaz y cuando quiere decir algo habla con parábolas campestres, no abrió la boca ni ante los amigos argentinos, con quienes charló a lo largo del día, entre ellos Rafael Follonier, uno de los pocos argentinos ante quienes se franquea el uruguayo. Desde ya que tampoco contó nada Cristina, que no suele contarle nada a nadie, pero la distensión con que salió Mujica les hizo decir durante el fin de semana a varios funcionarios del Gobierno que el entripado con el Uruguay está terminado y que no habrá trabas al comercio con ese país. «Estamos en el mejor momento de las relaciones», fue la única frase que se le escuchó al Pelé uruguayo y que puede expresar ese acuerdo, cuyos términos y tiempos seguramente se conocerán en los próximos días.


En el avión a Misiones se enteró Cristina del contenido del discurso que dará hoy Timerman en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra, en viaje relámpago que lo volvió al frío europeo que ya toleró el canciller hace una semana en París -sede también de viajes de Boudou y Alak, que esperan no volver hasta que el clima esté más cálido-. Esa presencia de Timerman en el Consejo obedece a la intención de clavar una pica en un tema que el Gobierno cree que le rinde mucho: una defensa del matrimonio del mismo sexo, institución que pone al país en el mapa de los sistemas más liberales en la materia, y a la que el oficialismo adhirió tarde para apoyar un proyecto de Vilma Ibarra y la socialista Silvia Augsburguer. El documento defenderá las campañas contra el trabajo esclavo y también el rol del país en la convención contra las desapariciones forzadas, que fue iniciativa de la Argentina en la era Néstor.

Tanto acto el lunes permitió cruces de diálogos entre sectores contrarios entre sí en un mismo Gobierno, como Daniel Scioli, quien sonrió al encontrarse con Nilda Garré en la apertura de la Casa Kirchner. Se saludaron como amigos sin mencionar las inquinas que los separan en el debate sobre cómo abordar el tema seguridad. La ministra, suelta de cuerpo, sostiene que cumple con la misión que le confiaron, que es sacar la seguridad de la agenda conflictiva, lo mismo que le habían pedido, y lo ha conseguido en buena parte, a Julián Domínguez en Agricultura: sacar la pelea con el campo de los titulares de los diarios. Garré debe todavía esa factura y los dardos que se le atribuyen los reducen sus adversarios a la necesidad del sector kirchnerista de darle alguna letra a la campaña de Martín Sabbatella en la provincia de Buenos Aires. Scioli, a quien abordaron allí para escuchar esa campaña, respondió secamente: «El humor social respalda lo que estamos haciendo». Como ocurre cuando lo presionan sobre respuestas a otras guerras, como la de las colectoras: «No me dejo llevar por lo que dicen que dicen. Los temas los hablo con Cristina, con quien tengo una excelente relación personal, colaboramos en el mismo proyecto y tengo una provincia en donde empiezan las clases, el Presupuesto aprobado, hay gobernabilidad y es electoralmente competitiva. ¿Qué más quieren?».
Con ese ánimo se fue el gobernador a San Juan a participar de la Fiesta del Sol con Alicia Kirchner, invitados por el gobernador José Luis Gioja, el mismo que iba a ser candidato a vice de Cristina y que ahora cavila si pelear un nuevo mandato
-dijo en el palco la noche del sábado que puede lograrlo pero que debe medir los costos políticos- o delegar el Gobierno en su hermano César, que es senador nacional y uno de los armadores de política en provincias en la brigada Mazzón. Lamenta este gobernador que el vino no provoque la misma simpatía que la minería, actividad que lo obliga a tener que explicar lo inexplicable, por qué el país necesita desarrollarla, algo que dice no entienden ambientalistas que preferirían que no se extrajese nada. Es un dilema que no puede resolver el gobernador de una provincia que ya exporta más oro que vino.


Gozó Scioli entre esas multitudes sanjuaninas durante un rato, hizo que Karina Rabolini coronase a la Reina del Sol y se rió con los comentarios que acercó una delegación de chilenos que participó de esa jarana andina. Por ejemplo, que este año hubo un aumento de nacimientos en Chile del 30%, hecho que atribuyen algunos al drama de los mineros enterrados en la mina de Copiapó. Esas concepciones ocurrieron cuando los mineros estaban atrapados y replica, comentó uno, un fenómeno ya conocido: la angustia colectiva incita a las relaciones afectivas y aumentan los nacimientos. Ocurrió después del famoso apagón de Nueva York de 1965 y también en 1997 después de la muerte de Lady Di, que provocó otra ola de angustia colectiva por ese deceso que conmovió más que otros; en las mismas horas, recordó uno, murieron Teresa de Calcuta, la actriz de teleteatros Nelly Prono y el animador Guillermo Brizuela Méndez, fallecimientos anónimos de ese día que quedaron opacados por el accidente del túnel de París y que no deben haber angustiado a nadie como para provocar algún acercamiento reproductivo.
Uno de los chilenos del palco, más politizado, atribuyó ese baby boom a que el Gobierno de Sebastián Piñera desalentó los programas de distribución de anticonceptivos. Otro dato que acercaron, más entendible, fue el aumento de divorcios entre las víctimas del terremoto de hace un año, que llega al 50% en las comunidades más perjudicadas y a familias que terminaron viviendo en una «media agua» o carpita de la cual no pueden salir hasta que marche el programa de construcción de viviendas (hacen falta 200 mil para remediar ese daño en Chile).
Esos chilenos actualizaron los cuentos sobre las cuitas de Piñera, a quien enfrentarse con Marcelo Bielsa, que terminó desplazado de la conducción de la selección chilena de fútbol, le costó toda la popularidad que alcanzó con la saga de la recuperación de los mineros. A eso agregó el conflicto que tuvo con el gas en el sur de su país y el costo de la defensa que debió hacer de una intendenta de la UDI que dibujó números para reclamar más fondos (un hábito en la Argentina, un pecado para la contabilidad chilena). Encima reapareció Michelle Bachelet, que sigue siendo una de las figuras más populares de su país y que, además, tiene la experiencia de que su partido gobernó durante 25 años.
Por eso tiene que probar la hiel de las encuestas, en las que el negativo de Piñera
-contó el chileno lenguaraz- supera al positivo. Le preguntaron si aparecían empresarios argentinos en obras de reconstrucción del terremoto, y nos enteramos de que otro entripado que tiene que afrontar Piñera es la demora en esas obras. «Pudo tener una ley de emergencia para no tener que licitar», agregó un experto criollo de la patria contratista, construida de mayores costos y adjudicación directa. Los argentinos todavía no han aparecido por Chile, pero acarician la posibilidad de entrar en la construcción de un nuevo paquete de viviendas y hospitales en donde deberán disputar con empresarios locales, a quienes el Gobierno Piñera también les reprocha que no hacen avanzar obras como él querría.
De ahí partió Scioli a su misión impostergable del fin de semana: jugar la final del cuadrangular de fútbol de salón en la residencia de La Ñata, en Tigre, donde su equipo de Los Piqueteros de Villa La Ñata le ganó a Independiente de Avellaneda. Se rió de cómo Mauricio Macri, otro aficionado al fútbol y también con equipo propio, hace trascender esa actividad a medida de que avanza la campaña. Me copian, me copian, se consuela.

Con la estrella ascendente que lo ilumina, se hubiera esperado que el cumpleaños 75 de Pino Solanas fuera uno de los quinchos políticos del año. Pero la crisis de su fuerza, en la que no puede controlar el autobombo de las candidaturas, terminó convirtiendo a la fiesta que hizo el sábado en su casa-estudio de Vicente López (una residencia reciclada elegantemente y que luce un frente color rojo mazorquero) en una reunión familiar a la que no ingresaron los pretendientes Víctor De Gennaro o Claudio Lozano, que se titulan candidatos sin aval de su jefe. Limitó la lista a algunos amigos de siempre, como el dramaturgo Eduardo «Tato» Pavlovsky; su productor, abogado y legislador Julio Raffo (es la tercera autoridad en la Ciudad de Buenos Aires después de Macri y Oscar Moscariello; ya le ha tocado gobernar varias veces); el diputado nacional Jorge Cardelli; su hermano, el psicoanalista «Coco» Solanas; obviamente su mujer, la actriz brasileña Ángela Correa, y unos pocos amigos más que escucharon sus desvelos de cineasta para terminar su próximo filme, un docudrama sobre Raúl Scalabrini Ortiz.
También sus quejas porque De Gennaro se dice ya candidato a gobernador de Buenos Aires, o a senador provincial, o a diputado nacional (¿a reina de belleza no, que también se elige?, bromeó uno), o Lozano, que se dice ya postulante por Proyecto Sur a jefe de Gobierno porteño. «Hasta el congreso del 27 de marzo el único candidato soy yo, y a presidente», remató a la hora del brindis. Esta cuestión divide, claro, a los pinistas. El jefe dice que tiene que ser presidente para realizar su proyecto; muchos de sus seguidores lo preferirían como jefe porteño, para desarrollar un proyecto desde un distrito. Pero Proyecto Sur es una fuerza personalista, el líder tiene 75 años y no se puede esperar más, dice el dictamen de la cúpula.


En apartes con sus amigos, Solanas justificó su acercamiento a dirigentes como Luis Juez y Graciela Ocaña. No es que nos hayamos vuelto juecistas, explicaban en esos corros de empanada y vino, sino que Juez se ha hecho pinista. En el caso de Ocaña ocurre lo mismo, y la «Hormiguita» ya cenó con Solanas en una parrilla predilecta de los mediáticos, la que está en la esquina de Fraga y Dorrego, a metros de un estudio de TV cable, para declararse pinista con el mismo énfasis que era lilista, kirchnerista o radicaloide, en reuniones que mantiene con delegados de las tres listas radicales (Sanz, Cobos, Alfonsín) que hacen casting de candidatos para la Capital Federal. También festejó Solanas el efecto que producen sus campañas en el oficialismo, al que ve ansioso de abrir ventanillas que capturen votos del peronismo ortodoxo y de centroizquierda que pueden abandonar al Gobierno para irse con él, como es el caso de Sabbatella, que en una elección, dice el Gobierno, puede redituarle unos 700 votos que de otra manera se los llevaría Solanas, que ya sacó casi un millón de votos a mediados de los 90 en ese distrito. Se entiende eso porque en realidad el peronismo que hoy conoce la gente es un invento de Solanas en los años 70 con sus filmes con diálogos con Perón. Tanta política se diluyó pronto, cuando comenzó el recital del tanguero Juan Vattuone, un regalo que le hizo Raffo al cumpleañero, que entretuvo a todos con el repertorio de tangos en broma y con letras de actualidad acompañándose él solo con una guitarra.

El fin de semana acumuló otros cumpleaños, como el del operador peronista Guillermo Piuma (lo festejó con conmilitones de todas las veredas en un local que administra Antonio Cafiero para la Coppal, liga de partidos populistas de aquí y de allá) o el de la diputada Paula Bertol, que llevó a Villa Elisa, a la casa de la concejal alakista y amiga suya Teresa Urriza, a un seleccionado del macrismo. Se los vio allí a Gabriela Michetti, la diputada Cynthia Hotton, el jefe del bloque macrista Federico Pinedo y al jefe de campaña de Macri Humberto Schiavoni. Ese lote debió moverse mucho porque en la misma noche festejaban sus 20 años de unión la diputada de ese sector Lidia Saya y el recaudador oficial de la Ciudad, Carlos Walter. Habían invitado a su casa de Chacarita a todo el bloque y a otros correligionarios, que se sumaron a Michetti, Pinedo y Schiavoni, como Diego Santilli, Jorge Triaca, Álvaro González, Carolina Stanley, Martín Borrelli, Alejandro Rabinovich, Daniel Chaín y un familión que asistió a la bendición de la pareja que hizo un cura.
Tuvo la delicadeza de recordar que no se trataba de un matrimonio, algo que despertó el ingenio de varios asistentes, que llamaron al varón a formalizar alguna vez, nada menos él, que vive de apurar a deudores fiscales del distrito. De ahí salieron urgidos unos pocos porque debían estar en la mañana de ayer en Villa Paranacito, Entre Ríos, en el asado que ofreció, para celebrar la vida, el economista Rogelio Frigerio (nieto). Allí estuvieron Schiavoni, Alvaro González y Triaca, que aguardaron en vano la llegada de Emilio Monzó, operador nacional de campaña del macrismo, de quien todavía están esperando un justificativo de su ausencia.


¿Qué se escuchó entre tanto sarao macrista? Lo sintetizamos así:

• Macri todavía no ha resuelto si va a unificar las elecciones porteñas con las nacionales. Ha mandado a trabajar por la unificación, pero el resto de sus seguidores le aconsejan que las mantenga separadas. El motivo es que PRO tiene que asegurar el dominio del distrito y que pegar la elección a la nacional puede sumarle algunos puntos a la candidatura presidencial, pero también arrastrarlos en una eventual derrota y perder el Gobierno local.
• Juntar o no las elecciones es además hoy prenda de canje del Gobierno con la oposición. Si el kirchnerismo quiere juntarlas, que les vote el Presupuesto, que además tienen que votarlo los opositores ligados al gremialismo docente, porque sin presupuesto no hay dinero para pagar los aumentos concedidos el viernes. Con eso cree Macri que habrá aprobación del Presupuesto en la sesión del próximo jueves o, a más tardar, la semana que viene.
• Tampoco está decidido quién será el candidato a la jefatura porteña. Horacio Rodríguez Larreta es el preferido de los macristas del aparato; Gabriela Michetti de los sueltos. A esta diputada le ocurre lo mismo que a Ricardo Alfonsín: le dan bien las encuestas afuera del partido, pero adentro hay dudas de cómo va a gobernar. Los dos empatan en encuestas o, por lo menos, ninguno le saca distancia al otro.
• Hubo comentarios en todos esos quinchos sobre esa patraña cibernética que es el romance por Twitter entre Martín Redrado (que está en los planes del macrismo para alguna candidatura) y Luciana Salazar (anoche se decía en la red que hubo divorcio). Esta dama apareció por el BAWeek, la fiesta de la moda de la Rural -sede de otros encuentros rutilantes- y concentró las miradas sobre relación con el «golden boy» que fue del kirchnerismo, aunque ni ella ni él dijeron nunca nada sobre si era cierto o falso. Para unos, crédulos de todo lo que leen en internet, fue un fogosa relación; para otros, una patraña que sirvió para recolocarla a ella fuera del planeta de las vedettes y desnudistas y para él, hacerlo algo popular en el bajo pueblo y, de paso, promover un upgrade de su leyenda de macho criollo. Muy poco serio todo esto, fuera cierto o falso.

Dejó rastro el paso de Pepe Mujica por las cercanías de José Ignacio, en donde declinan la temporada de vacaciones y con eso las fiestas rumbosas -con la excepción del casamiento de un directivo de la CNN regional que cerró para sí La Caracola, el salón sobre el mar que administran los mismos restauranteurs de La Huella. Especialmente porque Pepe presidente dejó plantados a todos los joseignacientes en la visita que hizo el fin de semana anterior. Lo esperaban en La Huella para una cena, pero se demoró el mandatario en un almuerzo que duró horas en el restorán Garzón que tiene Francis Mallman en el pueblo de ese nombre. Dilató la sobremesa con empresarios argentinos y uruguayos durante la cual adelantó las quejas que le llevaría a Cristina por el freno a importaciones uruguayas. Cuando terminó pidió una habitación -las tiene y lujosas ese restorán- durmió la siesta; reapareció y comenzó una ronda de mate tan larga que todos entendieron que el día terminaba allí.
Nunca llegó a José Ignacio porque sabía que un grupo de vecinos con vena ambientalista iban a poner la queja por la construcción del puente sobre la Laguna Garzón que, creen, es un atentado ecológico. A ese puente se oponen empresarios como Santiago Soldati
-tiene una chacra en la zona- pero lo patrocinan quienes tienen emprendimientos e inversiones por allí, como Eduardo Costantini y los Bulgheroni. ¿A qué entrar en esas peleas vecinales en donde los que se pelean, además, son más los argentinos que tienen propiedades por allí, y no tanto los uruguayos? Mujica pasó de largo y se fue a dar otra conferencia ante emprendedores más pacíficos.


Nadie mejor para hacer un balance de los visitantes y las costumbres de Punta del Este, que el escritor Rodolfo Rabanal. Radicado cerca de La Barra, Rabanal sólo se acerca a la playa para regalar sus dotes de observador y hablar de «La vida privada», su nueva novela. Sin embargo, estas conversaciones siempre se encauzan hacia «La vida brillante», la novela de Rabanal inspirada en la misteriosa desaparición de Dudi Graiver (junto con el dinero de los montoneros). Dicen que las descripciones de la vida rumbosa de los Graiver son imperdibles, y así son varios los que hacen cola esperando el préstamo de uno de los pocos ejemplares que circulan por las playas. Entretanto, se elogió el campo La Bulgheroni en Garzón y la producción de aceites de oliva y un buen vino. Entre los invitados notables de este año estuvo Patricia Cisneros (la coleccionista más importante de arte latinoamericano) que llegó junto a Cristina Carlisle (Christie's). Un valet les mostró a ambas que a la compra de empresas Bulgheroni suma nueces, mieles y otras delicias, atesoradas en los galpones que rodean la cancha de golf. Los brillantes negocios de Bulgheroni, como la energía eólica en Maldonado, oficiaron de aguijón para sacudir la modorra playera de Eduardo Costantini, quien comenzó a construir el barrio Las Garzas.
«¿Cuánto cuesta la casa de Punta Piedras que, aseguran, pondría en venta Costantini?» Se afirma que a Nicolás Repetto no le tembló la voz cuando le pidió a Alan Faena 7 millones de dólares por su chacra. Desde diciembre se oyen crujir los billetes con las operaciones de compra, venta o alquiler. Y para quienes no tienen un puñado de dólares en el bolsillo, el paisaje resulta imperdible. Este año la moda son los casamientos de jóvenes informales cuyos padres, por lo general poderosos, acaban de descubrir el modo de reducir sustancialmente los invitados. Una fiesta de 1.000 personas en Buenos Aires puede disminuir a tan sólo 100 o cuanto mucho, 200 fieles amigos y parientes que cruzan el río. Es un ahorro genuino. De este modo, los casamientos abundan como los de los hijos de Carlos Ott o el diseñador Liberman de Walner. En Le Club desembarcó una banda inglesa para el casamiento de uno de ellos con una china. La wedding planner trajo regalos, planos, programas diarios con deportes extremos y reservas en los restoranes. La Bourgogne, La Huella, Le Club y algunos hoteles pelean los elevados presupuestos de los caterings. Las fiestas duran dos o tres días y las comidas son interminables. Foie Gras, el rico chivito marítimo que come pastos salados y tiene otro sabor (como asegura Francis Mallman), alguna variable de sushi, ensaladas con glamour africano, y lo dulce, muy dulce y abundantemente.

Vamos a cerrar con un chiste gastronómico. Un cliente se sienta a la mesa en un restorán y pide el menú. Antes de ordenar siquiera, llama al mozo y le dice:

- Señor: por favor, suban el aire acondicionado que acá adentro hace mucho calor...

El mozo escucha el pedido y se retira. Al rato, el mismo cliente -ya con el plato de comida frente a él- vuelve a llamar al mozo:

- Che, pero acá no tienen término medio... hace unos minutos pedí que subieran el aire, pero ¡no tanto! ¡Me estoy muriendo de frío! Dígale al encargado que lo baje, che...

El mozo se retira, impávido, pese a que el comensal ya está poniéndose un poco pesado. No pasan quince minutos cuando el mismo cliente llama al mozo y lo increpa:

- ¡Pero viejo, no se puede creer. Hace un rato me moría de frío y ahora me cago de calor! ¿Pero qué clase de inútiles hay en este restorán que no saben graduar un simple aparato de aire acondicionado, eh? ¡Deciles que lo suban de nuevo!

El trabajador abandona la mesa asintiendo con la cabeza, y la ceremonia (el cliente a los gritos pidiendo que suban y/o bajen el aire, el mozo asintiendo en silencio) se repite hasta que otro comensal para al mozo y le dice:

- Perdón por entrometerme, pero no sé por qué le permitís que te trate así...

- No te preocupes; dejalo que joda todo lo que quiera, si total acá no tenemos aire acondicionado...