Ayer, comenzaba a normalizarse los servicios tanto de transporte como las comunicaciones.
Sin embargo, en las calles se veía el desastre. Arrastrados por las olas, barcos, botes de pesca, camiones, autos y los desechos de decenas de casas y puestos callejeros se dejaban ver ayer en el borde costero del puerto de Coquimbo, como el reflejo del brutal paso de las olas.
"Cuando empezó el temblor, de una magnitud de 8,4 grados, pudimos salir. Si nos hubiéramos quedado aquí hubiéramos muerto", dijo María Zamorano, que tenía su vivienda y su puesto laboral a escasa distancia del océano.
En Illapel, una pequeña localidad 230 km al norte de Santiago, cercana al epicentro del sismo, la luz del día reveló las marcas de la tragedia.
Algunas casas construidas de materiales livianos en el suelo, la destrucción de estanterías en comercios y el caos del cementerio local con decenas de cruces, jarrones y tumbas hechos añicos, era el panorama que mostraba Illapel pocas horas después del sismo.
Un último reporte de la Oficina Nacional de Emergencias (Onemi) cifró en 11 las víctimas fatales y en nueve los heridos producto del sismo y posterior tsunami. Hay, además, 610 evacuados y 526 viviendas dañadas, en su mayoría en la región de Coquimbo.
La región fue declarada bajo estado de excepción constitucional de emergencia, lo que la deja a resguardo de las Fuerzas Armadas, según anunció el ministro del Interior y Seguridad, Jorge Burgos, tras una visita de la presidenta Michelle Bachelet a la zona.
Otra de las localidades fuertemente afectadas fue el pueblo pesquero de Tongoy, de casi 4.400 habitantes.
| Agencia AFP y Ámbito Financiero |



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