24 de marzo 2010 - 00:00

China vs. Estados Unidos: primer round

La semana pasada hubo duros cruces verbales entre el presidente Barack Obama y el premier chino, Wen Jiabao. Primero Obama exigió a China que adoptara un régimen cambiario «orientado al mercado». Esto es un eufemismo para decir que ya es hora de que los chinos dejen flotar el yuan. La subvaluación del yuan desde por lo menos 2003 ha sido la causa principal del superávit comercial chino y su contracara: el déficit comercial de Estados Unidos. Desde el Congreso también se alzaron voces exigiendo medidas en contra de la manipulación del yuan. La respuesta no se hizo esperar. A los pocos días, Wen contestó en una conferencia de prensa que el yuan no estaba subvaluado y que la política cambiaria china había contribuido a la recuperación económica mundial. Pero sus comentarios no se limitaron a la política cambiaria. Wen acusó a Washington de haber violado la soberanía y la integridad territorial de China (por financiar una venta de armas a Taiwán y recibir al Dalai Lama en la Casa Blanca) y desafió a Obama a mejorar la relación entre ambos países. Además, expresó preocupación por la depreciación del dólar, ya que China tiene gran parte de sus masivas reservas invertidas en títulos del Tesoro norteamericano. Con un dejo de ironía, el premier chino dijo que entendía que algunos países quisieran devaluar sus monedas para fomentar sus exportaciones (refiriéndose a Estados Unidos), pero que no podía entender que al mismo tiempo exigieran que otros países revaluaran las suyas. «Eso es proteccionismo,» sentenció Wen.

Más allá de la retórica del premier chino, la realidad es que el yuan está subvaluado. Según estimaciones privadas, la subvaluación rondaría entre un 20% y un 40%. Desde 2002 el superávit comercial de China con Estados Unidos ha crecido un 160%, alcanzando 280.000 millones en 2008. Y según las proyecciones del FMI, en 2010 China tendrá un superávit de cuenta corriente de casi $ 450.000 millones, diez veces superior al nivel alcanzado en 2003. Sus reservas totales se estiman en 2,4 billones de dólares y actualmente aumentan al ritmo de $ 30.000 millones de dólares por mes. Según Paul Krugman, la política cambiaria adoptada por China no tiene parangón en la historia y contrariamente a lo que dice Wen, contribuye a que las economías de Europa y de Estados Unidos permanezcan anémicas.

Preocupación

El nivel de tensión entre las dos principales potencias del mundo es motivo de gran preocupación. La manera en que evolucione este conflicto tiene obviamente importantes implicancias para el resto del mundo, incluyendo la Argentina. Recordemos que la demanda proveniente de China es la que ha impulsado la suba del precio de la soja en la última década. Una fuerte revaluación del yuan enfriaría la economía china y haría que amaine el famoso «viento de cola» que tantos beneficios nos ha traído. Afortunadamente, por ahora lo más probable es que cualquier revaluación, si es que ocurre, sea moderada.

China es el principal tenedor de bonos del Gobierno de Estados Unidos (su posición total asciende a 889.000 millones de dólares), pero según un reporte del Departamento del Tesoro en los últimos meses sus tenencias han ido cayendo. De profundizarse esta tendencia, es probable que las tasas de interés suban en Estados Unidos y/o que el dólar caiga. Recordemos que el déficit fiscal norteamericano alcanzó niveles récord en 2009 y que según las proyecciones oficiales aumentará aún más en 2010. La posición de China como principal acreedor de Estados Unidos es vista por muchos analistas como una espada de Damocles que puede causar un descalabro sobre la economía norteamericana. La realidad es algo más compleja. La relación entre ambos países es bastante simbiótica. Estados Unidos sigue siendo el principal destino de las exportaciones chinas y China, el principal financista de los déficits norteamericanos. Además, si China decide reducir la proporción de sus reservas invertidas en bonos de Estados Unidos, sufriría enormes pérdidas. No es posible liquidar una posición de casi 1 billón de dólares en bonos sin afectar significativamente su precio.

En realidad, la posición de China es bastante vulnerable. Estados Unidos emite deuda en su propia moneda y bastarían sólo algunos años de inflación del 5% o 6% para licuar una parte importante de esa deuda. En el pasado la inflación en Estados Unidos implicaba una transferencia de ingresos intergeneracional desde la clase pasiva (tenedora de bonos) hacia la clase activa (que pagaba los impuestos necesarios para amortizar esos bonos). Actualmente, la situación es distinta. Hoy la mayor parte de la deuda norteamericana está en manos de Gobiernos extranjeros como China, Japón, Inglaterra, Brasil y los países exportadores de petróleo. Es decir que la inflación del dólar significaría una transferencia de ingresos desde estos países hacia Estados Unidos. Con este escenario, el dólar caería y las tasas de interés en dólares se dispararían. Dada la independencia de la Fed, esta situación parece poco probable por ahora, pero si la presión política aumenta, todo puede cambiar. Para la Argentina, éste sería un escenario bastante parecido al de la primera mitad de la década del setenta. Por un lado, sería más caro financiarse en dólares, mientras que por el otro, la suba del precio de los commodities (contracara de la caída del dólar) contribuiría a mantener un superávit comercial.

Equilibrio

Por ahora, la relación entre China y Estados Unidos se mantendrá en un equilibrio inestable. El equilibrio es sostenido por la relación simbiótica entre las economías de ambos países mientras que la inestabilidad es producto de la tensión inevitable entre una potencia establecida y otra emergente. Durante la próxima década, la balanza se irá inclinando hacia un lado o el otro. En algún momento se definirá quién es la superpotencia del siglo XXI. Mientras tanto, y a menos que una profunda recesión en el mundo industrializado frene abruptamente las exportaciones chinas, el viento de cola seguirá llegando a estas costas.

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