13 de septiembre 2016 - 00:00

China y el mercado: “Que no nos aplaste el gigante”

Argentina necesita integrarse al mundo de manera inteligente y establecer relaciones con todos los países, pero siempre desde una premisa central: la defensa de nuestros intereses para la construcción de un proyecto de desarrollo.

Hoy el mundo discute qué hacer con China. El gigante asiático creció en las últimas décadas de manera meteórica para volver a ser lo que había sido durante casi toda la historia, con excepción del Siglo XX: un peso pesado en la economía y las relaciones internacionales.

Y hay consenso: China no juega todavía con las reglas que fijan las economías de mercado a cuyo club quiere pertenecer. ¿Esto qué quiere decir? Que los precios de su economía son direccionados políticamente a partir de subsidios y otras políticas con el objetivo de ganar mercados externos; y que sus productos, por lo tanto, van por el mundo buscando cooptar esos mercados en competencia desleal.

Para Argentina, como para muchos otros países, esa situación puede ser dramática. En 2003, China representaba el 5,2% de lo que importábamos del mundo. En 2015, fue casi el 20%. El 75% de lo que exportamos a China es porotos y aceite de soja, mientras que casi todo lo que importamos desde China son productos manufacturados.

El resultado no puede ser otro que una relación comercial con más pérdidas que ganancias para el país: pasamos de un superávit acumulado de 5.139 millones de dólares entre 2002 y 2007 a un déficit de 30.690 millones de dólares entre 2008 y 2015.

La relación actual con China, además, condensa uno de los grandes dilemas históricos de nuestro país: el canto de sirenas de la primarización. Con la irrupción de países como China e India al mercado mundial, el aumento de los precios de los commodities en general y en particular de las materias primas agrícolas que exporta Argentina nos hicieron volver a la ilusión de que podemos basar nuestro desarrollo sólo a partir del agro. Es un error: el campo ha sido y será fundamental, pero tiene que ser la base, no el techo de nuestro desarrollo.

Otorgarle a China el status de economía de mercado agigantaría la asimetría de la relación bilateral. Si dejamos que se avance naturalmente la supuesta "complementariedad" de nuestras economías, vamos a seguir perdiendo.

Lo mismo afirmamos cuando se discutieron los acuerdos firmados con China por el gobierno anterior: en política y economía internacional las cosas no se resuelven solo con declaraciones de buena voluntad sino con acciones concretas que los países adoptan para proteger sus intereses. Entre 2012 y julio de 2016, se iniciaron más de 300 medidas de antidumping contra China, y 19 de ellas fueron iniciadas por Argentina.

Estados Unidos y la Unión Europea, entre muchas otras naciones, ya anticiparon que creen que China no ha hecho lo suficiente para ser considerada economía de mercado este año, como indicaba su acuerdo de adhesión a la Organización Mundial de Comercio. Nosotros también tenemos que actuar para que el peso del gigante sirva a nuestros intereses en lugar de aplastarnos.

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