28 de enero 2010 - 00:00

China y Taiwán buscan cambiar el rostro de Asia

China y Taiwán han iniciado la negociación de un Tratado de Libre Comercio (TLC) y pueden llegar a demostrar en qué medida el mundo ha cambiado. El pragmatismo ha generado calidez económica y comercial, así como una creciente disminución de la frialdad política. Distintas alternativas están abiertas en el marco del principio de una sola China.

La vinculación económica ha establecido una telaraña de intereses comunes nada despreciable. China es el principal socio comercial de Taiwán. Las inversiones de la isla en el continente son igualmente significativas, al haberse establecido cerca de sesenta mil empresa tai-wanesas. En Shanghái viven más de trescientos mil residentes de Taiwán y un número mayor de chinos continentales se encuentran como residentes en la isla. El turismo va hacia una amplia apertura. El espacio para el crecimiento de la vinculación es todavía enorme en una cooperación con beneficios mutuos que sobrepasa lo imaginable.

Tras los casos de Hong Kong y Macao, la integración de Taiwán con China se acelera. Los problemas giran sobre los temas no resueltos de la larga guerra civil entre el Partido Comunista y Kuomintang, que perdió la guerra y se instaló en la isla. A pesar de un pasado de seis décadas de graves confrontaciones, el presente difícilmente pueda volver para atrás. Se avanza en un camino sin retroceso. Para ambas partes ser chino es el mayor orgullo y el factor de fortaleza.

Los cambios internos en China lentamente van cerrando brechas de diferencias que parecían insalvables. Una China que fortalezca su creciente prosperidad a través de un camino progresivo de apertura política puede acelerar la dinámica del camino a la reunificación.

La forma que se estructure políticamente ese reencuentro será siempre importante pero en definitiva girará sobre un par de vértices. El principal es el relativo al grado de esa autonomía. Se descarta que deba ser mayor que en los casos de Hong Kong o Macao.

Los vientos desde el continente parecen señalar que todo es posible en el marco del principio de una sola China. Una solución racional, sea en una federación o cualquier otra alternativa, cambiará la geografía estratégica de Asia. Se suma a esta posibilidad la visión del primer ministro de Japón sobre un proceso integrador, con una misma moneda, que aglutine a una China unida, Corea del Sur y la ASEAN. El mundo, sin duda no será el mismo desde ninguna perspectiva.

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