Chipre: la sorpresa que sacudió a los mercados

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La decisión de disponer un impuesto a los depósitos bancarios en Chipre gatilló fuertes caídas bursátiles, depreciación del euro y valorización de títulos públicos de Alemania y otros soberanos considerados seguros. Se teme que la decisión contagie a depositantes de otras naciones en problemas, incentivando fugas de fondos de los bancos de España, Portugal, Italia y otros. A partir de ahora, la garantía a los depositantes menores a 100.000 euros quedaría en observación, tornando mucho menos estable el fondeo del crédito bancario. La crítica a la medida ha sido casi unánime.

Nos atrevemos a proponer otra mirada. Como repetía mi profesor Milton Friedman en sus clases de la Universidad de Chicago, no existe el almuerzo sin costo. Siempre alguien lo paga.

El problema es definir quién pone los fondos. En el caso de Chipre, las autoridades del país y los responsables de la troika acordaron un programa que reconoce una necesidad financiera de casi 17.000 millones de euros (unos 10.000 millones para el bache de los bancos y 7.000 millones para el bache fiscal). ¡Esto es el 100% del PBI de 2012! Es como si la Argentina acordara un programa de 500.000 millones de dólares de desembolso inmediato. ¡Chipre está en una emergencia extrema! El BCE avisó que no seguirá financiando a los bancos chipriotas sin un programa acordado, a partir del viernes pasado. Ello precipitó la necesidad del acuerdo.

La troika aportaría 10.000 millones, y Chipre la diferencia de 7.000 millones. La discusión es cómo y quiénes serían los chipriotas que harían el aporte ahora. También va de suyo que los 10.000 millones de la asistencia por la troika serían repagados más adelante por el Gobierno, esto es, los contribuyentes de Chipre. El total del pasivo más capital de los bancos (ver tabla) equivale a más de 7 veces el PBI. También llama la atención el enorme volumen de los depósitos y obligaciones con residentes extraeurozona, equivalentes al doble del PBI, buena parte de los cuales serían de ciudadanos rusos (mafia y otros) y operaciones de lavado de dinero.

Las autoridades de la troika actúan con buen asesoramiento y buscan aplicar criterios razonables para todos los países miembros del euro. Sería extenso detallar los elementos para arribar a la asistencia planteada, pero guardan cierta equivalencia con los otros programas sancionados en la eurozona, Grecia, Portugal, Irlanda. La dificultad es la desproporción de los desembolsos requeridos con urgencia frente al tamaño de la economía de Chipre. El FMI planteó que la deuda pública para 2020 no supere el 100% del PBI. En estas circunstancias apremiantes, la forma más eficaz de obtener fondos inmediatos es con un impuesto sobre los depósitos (obtendría el 33% del PBI durante 2013). No existiría otra fuente tan líquida para asegurar ese ingreso. No obstante las protestas, cuanto más se privilegien los depósitos menores, exceptuándolos del impuesto, mayor el recargo sobre los mayores, muchos de pymes que sufrirían pérdidas de capital, poniéndolas en riesgo de sobrevida. Las autoridades de la troika han manifestado que el diseño del impuesto y sobre quiénes recaería es responsabilidad de Chipre, siempre que genere el monto acordado.

No hay otro impuesto que consiga montos seguros y prontos de la magnitud planteada. Los críticos a la medida debieran proponer una fuente alternativa. Pero no lo hacen y sólo muestran indignación con la medida y sus efectos. A pesar de la furia de los depositantes, debieran recordar otras situaciones donde los depositantes perdieron mucho más, vía devaluaciones monetarias.

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