Christa Wolf busca redimirse en una novela confesional

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Berlín-Después de la desaparición de la República Democrática Alemana en 1990 a Christa Wolf, una antigua comunista, le fue hecha una y otra vez la pregunta «¿por qué le siguió siendo fiel a su bandera?». Wolf supo contestar y lo sigue haciendo, como en su nueva novela «Stadt der Engel oder The Overcoat of Dr. Freud» (Ciudad de los ángeles o el abrigo del Dr. Freud), que salió ayer a la venta en Alemania.

Para la autora de «El cielo dividido» y «Kassandra» no había alternativa, aparte del hecho de que ya de por sí valía la pena quedarse para vivir de cerca una de las raras revoluciones que sacudieron a Alemania. En ese otoño de 1989 que marcó el derrumbe del comunismo en Europa, la escritora llegó a ser barajada como candidata al puesto de Presidente de la agonizante RDA.

Otra pregunta se la plantea ella misma al estudiar las 42 carpetas sobre el espionaje al que fue sometida durante años por la policía política del régimen, la Stasi, y encontrarse con un documento de pocos folios sobre su participación como delatora a finales de los años 50. Las páginas dan cuenta de unos pocos encuentros de la Stasi con una tal «IM Margarete» -el nombre que le dieron como «colaboradora informal»- y de algunos informes que redactó para la omnipresente policía del régimen. «¿Cómo pude haberlo olvidado», se inquiere Wolf.

También a esta pregunta trata de dar una respuesta la escritora de 81 años. Se trata de una impresionante señal de vida en medio del «mar del olvido». Wolf se vio embargada muchas veces por la sensación de ser «mi propia amenaza». Por ello, y en busca de comprender más cabalmente su propia persona, dejó la Alemania signada por los cambios y la reunificación para instalarse a principios de los 90 en el paisaje de palmeras y sol de Santa Monica y Pacific Palisades, lugares en los que encontraron refugio del nazismo escritores alemanes como Thomas y Heinrich Mann, Bertolt Brecht y Lion Feuchtwanger.

Christa Wolf intenta rendir cuentas, efectuar un balance de su vida, desde los años de la infancia y pasando por la época del nazismo y las cuatro décadas de la RDA hasta la reunificación de las dos Alemanias. No por casualidad escogió Wolf el abrigo de Siegmund Freud en el subtítulo del libro. El subconsciente, los sueños y las pesadillas de Christa Wolf son un elemento determinante en su vida y también en sus recuerdos.

Pero también está presente la gigantesca ciudad de Los Angeles, que da nombre a la novela, en forma de un espacio tan fascinante como extraño e irreal, que incluye a la «ángel negra Angelina» que declara a la narradora al final del libro: «La labor está hecha».

Sería equívoco catalogar el libro de novela, aún cuando se lea como una novela. Las narraciones y los recuerdos sobre los encuentros con personas reales o ficticias constituyen un abanico en el que se intercalan hechos autobiográficos con invenciones de la narradora.

Lo que más impresiona en este libro es la franqueza y la autenticidad de los sentimientos («No quería tenerme consideración») con los que una testigo literaria del siglo XX, la más importante autora de la extinta RDA, rinde cuentas sobre sueños, errores e ideales de una vida y de un país. Un país al que le mantuvo la fidelidad hasta el final, aún cuando la esperanza se fuera esfumando. Entre los hechos clave de esta vida están la sesión plenaria del comité central del Partido Socialista Unificado (SED) en 1965, en la que se resolvió prohibir libros, obras de teatro y temas y grupos musicales y contra la cual se elevó como única voz de la cultura la de Christa Wolf.

También están la represión violenta del levantamiento de Praga en 1968 y la expulsión del cantautor Wolf Biermann, contra la que protestaron Wolf y una serie de escritores y artistas germanoorientales.

Según Wolf, 1976 fue «uno de los puntos de inflexión» de su vida. Un año en el que emigraron muchos artistas desilusionados del «socialismo real» y en el que se temió «el principio del fin» de la RDA. «Pero tú querías ser querida, también por las autoridades», le dice un amigo en el libro a la antigua afiliada al SED sobre sus posibles motivos para llegar tan lejos como para colaborar con la Stasi.

Wolf pasa noches insomnes en Los Angeles persiguiendo a «la extraña en mí». «Es algo que evité durante mucho tiempo. Hasta ahora», anota. Estas dudas de sí misma elevan el libro, así como a toda la obra de Christa Wolf, en este estilo directo y denso, a la categoría de uno de los testimonios personales literarios más notables de la actualidad.

Por momentos se asemeja la obra a los diarios privados de Thomas Mann, que Wolf releyó una y otra vez durante su «exilio californiano» («Escribir confesiones mías sobre todo me destruiría», cita a Mann). Para Wolf, escribir «no es destruirse sino redimirse». «¡Que durante todos estos años no me rozara ni la sombra de la sospecha! ¡Quién me lo fuera a creer!», razona sobre su colaboración con la Stasi. También replica al argumento del amigo de «No hiciste mal a nadie» igual de dura que desilusionada: «Sí, a mí misma».

Pero llegó el fin de los lamentos y de las acusaciones, concluye. «Ya no podemos seguir engañándonos». Cuando en aquella histórica noche del 9 de noviembre de 1989 las masas de alemanes orientales «inundaron» las calles de Berlín occidental, Christa Wolf sintió una especie de «vergüenza, agobio y resignación. Todo había acabado. Había comprendido (.) Si uno siempre supiese lo que va a pasar...».

Agencia DPA

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