15 de abril 2010 - 00:00

Cinco verosímiles historias de mujeres

Fabio Junco y Julio Midú, los creadores del Cine con Vecinos, de Saladillo (un cine de bajo presupuesto que se hace con y entre los propios vecinos, escenificando pequeñas historias) presentaron meses atrás «El último mandado», un relato bastante singular, sobre la relación entre un chico de la secundaria y una señora de edad, de origen alemán, nostálgica de aquello que no le conviene decir, pero que se lo transmite al chico, con los resultados imaginables cuando éste se manda una monografía que le pone los pelos de punta a la profesora. Una cosa inocente, sin embargo, incluso comprensible, si es que no tolerable considerando la edad de la anciana.

Ahora, en «Crisálidas», desarrollan cinco historias. Es Midú quien las escribe. Historias de mujeres que por distintas causas tardan en expresar lo que sienten, o no logran decirlo, llevadas por las circunstancias. Son compañeras de trabajo, cómplices en algunas cosas, pero no necesariamente amigas. Cada una guarda sus secretos. Se desarrolla así una serie de viñetas de pueblo chico, describiendo la vida cotidiana de estas cinco mujeres, sus diversas expectativas, su disconformidad con las cosas que tienen, y también, en ciertos casos, la vida de los hombres que las acompañan, y quizá deberían acompañarlas con otro tipo de compromiso.

Un padre manso y cariñoso, un marido que quiere reencauzar algo sobreentendido, otro que no tiene mejor idea que traer al peón enfermo para que lo cuide la mujer, en fin. Algunas se sienten encerradas y disparan (si pueden) para distintos lados, otra parece que inventa un novio, otra tiene quien la visite, pero no quien se quede a dormir y a vivir con ella. Y la más joven le reprocha a la abuela haber vivido llorando a la hija muerta, sin disfrutar de la nieta. Trabajan juntas, bromean, pero no se conocen del todo entre ellas. Solo eso, y un desenlace agridulce para cada una, pero más bien dulce.

Por cierto, algunas situaciones están mejor manejadas que otras, las actuaciones son desparejas (dos protagonistas estudian actuación, las otras son vecinas nomás), la música subraya algunas partes. Pero hay una sensación de cosa cierta, de expresión de la sensibilidad del lugar, incluso una retórica propia, que solo puede nacer de este modo, y eso es algo que se agradece, como cabe agradecer una anterior del mismo grupo, todavía sin estrenar: «Lo bueno de los otros» (los esfuerzos de un muchachito para reencauzar a su padre, buen tipo pero alcohólico).

P.S.

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