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Cine nacional busca sostener buena performance de 2015
Este año 5 películas superaron los 375.000 espectadores, otra media docena pasó los 100.000 y unas cuantas alcanzaron los 20.000, fortaleciendo el término medio de recaudación, indispensable para formar algo cercano a una industria.
La película “El clan” de Pablo Trapero, protagonizada por Guillermo Francella y Peter Lanzani, fue suceso este año en la Argentina y éxito en España.
Como una locomotora que arrastra vagones, el impulso que provocó Relatos salvajes en 2014 se mantuvo a lo largo de 2015. Esta temporada, la comedia de Damián Szifron alcanzó la cúspide con la candidatura al Oscar, los premios Goya, Ariel y Platino y, en noviembre, el Fénix de los Exhibidores, que se le otorgó por haber alcanzado el porcentaje más alto de la taquilla iberoamericana: el 9%, lo que significa unos 28 millones de dólares repartidos entre 15 países compradores de la península y el continente (para este premio no se consideran las cifras en el resto del mundo, que también son abundantes). Tras ese surco apareció en 2015 El clan, suceso en la Argentina y éxito en España, Uruguay, Chile y otros países, seguido por Abzurdah, La patota, Sin hijos, Kryptonita (que recién empieza), Boca Juniors, Papeles en el viento, El espejo de los otros, la coproducción Truman.
El año está casi cerrado, por lo que el especialista Mariano Oliveros, analista de taquilla del sitio especializado Ultracine, ya adjudica más del 14% del mercado interno para el cine argentino. Que además superaría por tercer año consecutivo el tope de 7 millones de espectadores, calculando 50 para todos los estrenos del año. Y hay algo más: la torta no se reparte entre unos pocos tanques. Este año 5 películas superaron los 375.000 espectadores, otra media docena pasó los 100.000 y unas cuantas alcanzaron los 20.000, lo que ha fortalecido el término medio de recaudación, indispensable para formar algo más cercano a una industria.
El detalle es que esas últimas apenas recuperan la inversión, y que en total se estrenaron 117 películas, muchas de ellas directamente a pérdida. Por ejemplo, junto a Kryptonita se estrenaron ocho documentales, la mitad en una sola sala, de buenas a primeras y sin publicidad. Incluso una road-movie sobre dos locos que viajaron de Rosario hasta Alaska en un Fiat 600. ¿La empresa no hubiera auspiciado y divulgado esa película? Parece que la gente se confía demasiado en los circuitos alternativos, los jubilados que van a ver cualquier cosa al Gaumont, y los subsidios del Incaa, que de todos modos tampoco alcanzan para cubrir siquiera los gastos de producción. Antes de entrar al Incaa, conviene saber esto: hoy, según datos de Egeda, la producción iberoamericana ya cubre el 11% del mercado mundial, con aproximadamente 3.700 millones de dólares de taquilla aportados por, más o menos, 727 millones de espectadores de todas partes. El desafío es penetrar en el propio mercado interno y zonal, y afrontar de forma creativa la escasez de pantallas tradicionales y la expansión de los nuevos soportes.
Ahora sí, entremos. Previsoramente, la gestión de Liliana Mazure había impulsado la multiplicación de los Espacios Incaa, la digitalización de las salas, incluso las privadas, mediante crédito y asesoramiento, la creación de un mercado de cine latinoamericano desde Buenos Aires (Ventana Sur, a medias con el Marché du Film y otros grandes del mundo), la creación de IncaaTV y la generación de plataformas de video on demand a nivel nacional y regional. Eso, entre muchas otras iniciativas, que ella se ocupó de recordar en un simpático libro de su autoría, La creatividad desatada-Gestión Audiovisual 2008/2013.
Cuando Mazure fue electa diputada, casi toda la gente de cine, incluso la no kirchnerista, rogó que Lucrecia Cardoso ocupara su lugar al frente del Incaa. Ella era su mano derecha, y tiene un dinamismo y buen carácter admirables. Cardoso cumplió ampliamente con todas las expectativas, y generó además otras cuantas iniciativas. El lanzamiento de la plataforma Odeon, dedicada a la difusión de películas y series nacionales, la participación activa en un plan de salas sudamericanas que difundirán cine de la región vía satélite, lo mismo que la Red de Salas Digitales, son aportes concretos en beneficio del negocio y de la cultura audiovisual con acento argentino e iberoamericano. Concretos, e inicialmente onerosos, eso también hay que reconocerlo.



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