15 de diciembre 2014 - 17:58

Clave: ¿Qué piensa Joaquim Levy?

En 2005 Levy ayudó a Antonio Palocci, titular de la cartera de Hacienda con Lula, como secretario del Tesoro, a implementar un duro ajuste fiscal. Ahora, el PT fue casi obligado a digerir al liberal en el ministerio más relevante del Gobierno de Dilma.
En 2005 Levy ayudó a Antonio Palocci, titular de la cartera de Hacienda con Lula, como secretario del Tesoro, a implementar un duro ajuste fiscal. Ahora, el PT fue casi obligado a digerir al liberal en el ministerio más relevante del Gobierno de Dilma.
Joaquim Vieira Ferreira Levy fue confirmado por la presidenta Dilma Rousseff para hacerse cargo del Ministerio de Hacienda de Brasil. Levy, estando en un cargo ejecutivo en el Banco Bradesco, ayudó a su amigo Armínio Fraga, presidente del Banco Central brasileño con Fernando Henrique Cardoso, en la campaña del socialdemócrata Aécio Neves, del PSDB (si ganaba Neves, Fraga iba a ser el ministro de Economía). En 2005 Levy ayudó a Antonio Palocci, ministro de Hacienda con Lula, como secretario del Tesoro, a implementar un duro ajuste fiscal; hasta hoy son amigos fraternales.

El partido gobernante, PT, fue casi obligado a digerir a un liberal como Levy en el ministerio más relevante del Gobierno de Dilma, cuya misión será intentar poner en orden las desbordadas cuentas fiscales que hereda de la dupla Mantega-Augustin, ambos del PT. Es que la debacle fiscal se suma en este momento a la extrema debilidad política de Dilma, de Lula y del PT, expuestos al escarnio público por las denuncias de participación directa en los escándalos de corrupción de Petrobras, de las cuales difícilmente conseguirán escapar sin daños graves.

CRISIS

Así, el Gobierno de Dilma y el PT parecen haberse rendido a la crisis política y a las fuerzas del mercado, a los bancos de inversión y a los inversores extranjeros, lo que implica que subirá las tasas de interés, reducirá el gasto público, subirá los impuestos, todo un cóctel recesivo para evitar una crisis terminal. Sólo resta saber cuánto tiempo permanecerá el nuevo ministro en el cargo, dado que su nueva jefa es bien conocida por su gran irritabilidad y confianza en su conocimiento de la economía, de lo que muchos dudan.

Al ser presentado en sociedad, el 27 de noviembre pasado, Levy anunció una meta de superávit primario fiscal consolidado del 1,2% del PBI en 2015. Para 2016 y 2017, Levy dijo que la meta no será menor del 2% del PBI.

¿Pero qué piensa realmente Levy? Es un dato relevante para la Argentina, ya que el devenir de la economía brasileña tiene una gran influencia sobre el nivel de actividad doméstico.

A continuación se presentan las principales líneas de pensamiento de Levy para la economía brasileña.

• Su diagnóstico parte de la base de que Brasil necesita aumentar sus inversiones, especialmente en infraestructura, para asegurar un crecimiento económico cercano al 3% por año. La inversión en infraestructura, incluyendo el sector privado, permanece en Brasil por debajo de la mayoría de los países en vías de desarrollo, representa un 2% del PBI, contra el 10% en promedio de los países emergentes y alrededor del 5% del PBI en América Latina. El bajo nivel de inversión en la construcción es lo que tira la relación inversión/PBI promedio hacia abajo en Brasil. Lo sorprendente es que hasta hace poco la inversión en maquinaria y equipo como una proporción del PBI fue menor que el promedio mundial, mientras que la inversión en construcción de viviendas y la infraestructura estaban casi cuatro puntos porcentuales menos que el promedio mundial. Posiblemente, de hecho, la falta de inversión en infraestructura explica parte de la baja inversión en equipos, tales como camiones, por falta de ferrocarriles y la mala conservación de carreteras federales.

• Por ello una estrategia clara y transparente de la política fiscal y la inversión es imprescindible. Además algunos sectores se vieron sorprendidos por los cambios regulatorios en los últimos años y el programa de concesiones está todavía en su infancia, especialmente en relación con los ferrocarriles donde la búsqueda de alternativas al modelo eficaz en los últimos años no ha llegado a un formato viable a fines de 2013.

• La solidez fiscal es crucial para hacer frente al nuevo entorno global, en el cual los países desarrollados comienzan a recuperarse y a subir las tasas de interés.

Frente a este sintético panorama Levy, hace unos meses, poco antes de las elecciones presidenciales, hizo un marco de propuestas que a continuación presentamos en forma abreviada y entre las que se destacan la idea de que Brasil sea miembro pleno de la OCDE (¡cuidado Mercosur!).

• La deficiencia de inversión tiene causas fiscales, incluso a través de la presión de la tasa de interés. La Responsabilidad Fiscal continúa, por lo tanto es esencial para el crecimiento económico de Brasil y se fortalecería con la clara enunciación de la estrategia económica del Gobierno para evitar sorpresas y sospechas, indispensables para no distanciarse de los inversores, los contribuyentes y ciudadanos. La adopción de una meta a la trayectoria de la deuda bruta del sector público como proporción del PBI, no sólo para servir a las metas fiscales, incluyendo superávit primario, sino que puede ser una ruta para el gasto público, en particular el corriente, sería un primer paso en esa dirección, fortaleciendo las relaciones con el sector productivo.

• El histórico crecimiento de los gastos públicos y la carga impositiva tiene fuertes implicancias para el desarrollo, a pesar de los avances en la equidad y la capacidad de acumulación de capital humano que proporciona parte del gasto social. El costo del cumplimiento de las obligaciones fiscales en Brasil parece desproporcionado para las empresas. Fijar objetivos para la deuda pública, con una mayor disciplina en el gasto púbico y disminuir la presión en el almacenaje, sería el foco del Gobierno sobre la reducción de la carga de la complejidad de las normas fiscales. Una trayectoria, aunque actual gasto indicativo, que estimula su priorización, también sería una forma de bandera de esta disciplina.

• La sostenibilidad del gasto público requiere mejoras en la formulación, implementación, monitoreo y evaluación de los resultados de este gasto. Para ello, deben implementar programas de medición de resultados y costos, como el PPI adoptado en 2005 y complementar el SIAFI con un sistema de gestión de información para controlar el gasto en sus orígenes, explicando sus objetivos, interacciones y agentes responsables (como en sistemas de gestión de planificación integrada de recursos ERP). El Gobierno federal debe aumentar la calidad técnica y la profundidad de la divulgación de lo gastado en los principales programas, facilitando el análisis de políticas públicas, con efectos positivos sobre las expectativas de los inversores, similares a los de la difusión de indicadores macroeconómicos en el mercado financiero. Los Estados pueden servir como un ejemplo.

• La participación del sector privado en la inversión en infraestructura sigue siendo una forma de aliviar la presión fiscal y acelerar la realización de proyectos. El éxito de esta estrategia depende no solamente de las expectativas de ganancias, sino también de compartir los riesgos con el sector privado. Se podrían evitar las garantías gubernamentales excesivas y aprovechar el poder transformador del mercado de capitales, incluyendo ampliar el mercado de instrumentos de renta fija emitidos por el sector privado. Con esto, se puede disfrutar de los beneficios de una caída en las tasas de interés debido a la mejora fiscal.

• Una estrategia para encapsular las acciones, como hilvanado las propuestas anteriores, podría incluir una revaluación del interés de Brasil para convertirse en miembro pleno de la OCDE, en condiciones adecuadas. Dicha orientación puede abrir nuevas reservas de ahorro de largo plazo y reducir los costos, facilitando la gestión fiscal y la inversión privada.

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