• "FUTURO BRILLANTE", IRÓNICO TÍTULO DE LA SERIE DE PIEDRAS PRECIOSAS QUE LA ARTISTA EXHIBE EN VAN RIEL Mediante la clave del Pop, que incita a contemplar las cosas de uso cotidiano como obras de arte, Cynthia Cohen pinta objetos extraordinarios que apelan, también, a la ilusión de seguridad que otorgan.
Destellos. Con cierto cinismo, la artista destaca la hermosura.
Cynthia Cohen acaba de inaugurar una desafiante exposición de pinturas en la galería Van Riel. Con la potente visibilidad y el énfasis lapidario del pop, estilo al que Cohen adhiere desde los principios de su carrera, hoy presenta una serie de diamantes, esmeraldas, rubíes y otras piedras preciosas, engarzadas en distintos anillos.
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Hace más de media centuria, el pop elevó al estatus de obra de arte algunos objetos del mundo circundante de todos los días, como las latas de sopa Campbell de Warhol o las jóvenes de las historietas románticas de Lichtenstein. Cohen respeta la clave del pop, pero altera la banalidad del motivo. Pinta un objeto extraordinario y no sólo apela a la vanidad sino, además, a la aparente seguridad que otorgan al dueño de un diamante su valor y su belleza. La frágil protagonista de "Desayuno en Tiffany" (Audrey Hepburn), el film de Blake Edwards basado en la novela de Truman Capote, desayuna al amanecer mirando las joyas y disfruta de la sensación de seguridad que le brinda el lugar. Al evocar la escena frente a la vidriera de Tiffany, resulta fácil imaginar un "Futuro brillante", título que lleva la exposición.
Cohen es una provocadora, ya que con un objeto tan suntuoso cuesta ejecutar el procedimiento del pop; trasladarlo al mundo del arte. El propio peso del diamante dificulta la operación.
El pop incita a contemplar las cosas banales de uso cotidiano como obras de arte y así genera una sensación de gratificación y distancia con objetos comunes, como una botella de Coca-Cola. La misma percepción de lejanía se amplifica al mirar la belleza incomparable de los anillos llevados a una dimensión monumental. El diamante -al igual que la botella de Coca-Cola- se convierte en objeto estético al transportarlo al lienzo para ser contemplado. Su presencia adquiere sentido de este modo: al mirar.
La superlativa evidencia de los destellos y reflejos de las piedras, las aguas del color, invitan a hundir la mirada hasta el fondo, a bucear en las profundidades y abismarse; estimulan, en suma, la contemplación. Hay un diamante absolutamente blanco donde los cortes nítidos del facetado configuran una fascinante obra geométrica; hay, también y como contrapartida, un anillo firmado por Van Cleef & Arpels con zafiros, brillantes y una esmeralda superpuesta que se destaca por su barroquismo excesivo.
La obra no contiene mensajes ocultos, "lo que ves es lo que es", y el espectador disfruta de su gratificante inmediatez. Ver y entender son hechos simultáneos. Cohen destaca con abierto cinismo la hermosura, sabe que la imaginación de cada espectador vuela. Un buen ejemplo lo rescata Samuelson en su célebre manual de economía, donde cita una frase del film "Los caballeros las prefieren rubias" que dice: "Las flores y los besos están bien, pero los diamantes son eternos". Y justamente, la condición de los "diamantes eternos" la consolida a nivel pop (popular) el novelista Ian Fleming en una historia de James Bond.
Los glamorosos diamantes se resisten a descender al mundo del arte, donde con humor y cinismo los trasladó Cynthia Cohen. Pero ahora descendieron con todo su esplendor y como meros objetos estéticos, incapaces de desafiar un destino adverso y asegurar un "futuro brillante".
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