26 de diciembre 2011 - 00:00

Coloso atravesado por el petróleo y la pobreza extrema

Abuja - Nigeria, una de las potencia petroleras del mundo y el país más poblado de África con 150 millones de habitantes, enfrenta desde hace tiempo el desafío del terrorismo islámico, en el marco del avance de Al Qaeda en varios países del continente.

El 70% de la población del coloso africano vive en la pobreza y el país no ha logrado aprovechar sus enormes potencialidades. Estado independiente desde 1960, Nigeria cuenta con enormes recursos de energía, es el primer productor de petróleo en África, el quinto productor de la OPEP y quinto país exportador de crudo a Estados Unidos. Como en tantas otras naciones del continente africano, la asignatura pendiente clave para el Gobierno es la de una distribución de la riqueza más equilibrada.

El país es un complicado mosaico de diferentes etnias y credos religiosos, como ocurre a menudo en los países del África subsahariana. Nigeria está, de hecho, fracturada entre un norte musulmán y un sur con mayoría cristiana.

A lo largo y lo ancho de su inmenso territorio conviven, a menudo entre grandes tensiones, unas 250 etnias. En la parte central y sureña la convivencia entre musulmanes, cristianos y animistas es mucho más fácil que en las áridas regiones del norte, donde se habla el idioma hausa y donde se encuentran las capitales de antiguos emiratos islámicos como Kano, Katsina y Sokoto.

Los tres principales grupos étnicos son los hausa, musulmanes del norte, los yoruba, cristianos que habitan en el suroeste, y los igbo, que a mediados de los 60 llevaron a cabo un intento de secesión en la región del sudeste.

La división entre el norte y el sur quedó reflejada por ejemplo en las elecciones presidenciales del pasado abril, en las que se impuso Goodluck Jonathan, un cristiano del sur de la región petrolera del Delta del Níger, quien derrotó entre otros rivales a su principal contrincante, el general Muhammadu Bubhari, musulmán del norte.

Comentando los atentados de ayer contra las iglesias, el presidente destacó que el movimiento islámico Boko Haram, que reivindicó esos ataques, «no seguirá actuando toda la vida. Primero o después llegará su fin».

Terminar con el grupo Boko Haram no será sin embargo nada fácil, visto entre otras cosas que ese movimiento representa sólo uno de los tantos frentes de Al Qaeda en África.

La presencia de los milicianos «qaedistas», y de sus células locales, se despliega tanto en la región norafricana del Magreb y en el área noroccidental como en África Oriental.

Según diferentes analistas, la unificación entre los servicios secretos y fuerzas antiterroristas de los países de la región del Sahel, hizo que Al Qaeda intentara reforzar su presencia en Nigeria y otros países del África negra a través de un nuevo grupo de milicianos provenientes de Nigeria, Mali, Chad y Burkina Faso.

Según parece, en estos países surgió una suerte de «falange» al mando de Abdelhamid Zeid, uno de los «emires del terror».

Completamente diferente al de Boko Haram es el grupo guerrillero MEND del Delta del Níger, en el sureste del país, una de las áreas más ricas en petróleo del mundo, cuya población vive en la más extrema pobreza.

El MEND (Movimiento para la emancipación del Delta del Niger) lucha contra el Gobierno central del país, al que acusa de privar de los beneficios del crudo a la etnia de los Ijaw (unos 14 millones de personas) de común acuerdo con grandes multinacionales del crudo.

Agencia ANSA

Dejá tu comentario