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Comentarios políticos del fin de semana
Néstor Kirchner, Ernesto Sanz
Tras esas decisiones la jueza María José Sarmiento ofició haciendo lugar a la oposición abriendo un camino que el Gobierno ya transitó en otras ocasiones: la apelación ante una cámara más complaciente y luego la incertidumbre ante la Corte Suprema. Desde Carlos Menem a la fecha se repiten los casos en torno a ese sistema de constitucionalidad que rige en el país, les guste o no a los Kirchner.
También es cierto que el kirchnerismo en este enredón institucional ya volvió a alimentar a Julio Cobos, independientemente de cómo termine esta batalla. Y es claro que son tantos los costados cuestionables de los dos decretos que firmó Cristina de Kirchner para disponer de las reservas y luego remover de su cargo en el Banco Central a Martín Redrado que las acusaciones de complot al vicepresidente lo colocan más en medio de una batalla que vuelve a asemejarse en simpatías a la guerra con el campo por la Resolución 125 que en una conspiración. De ahí que suene lógico el razonamiento del columnista sobre otra torpeza de los Kirchner.
Otro «milagro» que consiguió el matrimonio presidencial fue conseguir que Martín Redrado despertara simpatías, en su rol de víctima del matrimonio, en sectores que hace un mes cuestionaban sus políticas en el Central. De hecho, desde la izquierda hasta los empresarios más críticos del Gobierno salieron a apoyarlo. Todo mérito del kirchnerismo. El radicalismo lo hizo explícito y precipitó la crisis, aunque poco después el propio Ernesto Sanz, que con Gerardo Morales visitaron a Redrado en el Central, tuvieron que ponerle coto a ese apoyo aclarando que lo hacían sólo en virtud de la figura institucional.
Blank recuerda que no sólo Sanz y Morales hablaron con el presidente del Central en las horas más complicadas. Repite que Alberto Fernández, Sergio Massa, Enrique Nosiglia y Jesús Rodríguez formaron parte de los asesores en la crisis intentando convencer a Miguel Pesce, al que todos conocen desde su juventud, que pusiera límites a las exigencias de la Casa Rosada. Pesce no los escuchó.
Luego se explica, también, los acercamientos telefónicos de Mario Blejer con sectores antikirchneristas del peronismo, como Eduardo Duhalde, todo explicado en la preferencia que tienen por el economista cercano a los Kirchner antes que la continuidad de Pesce o cualquier otro integrante del electo actual.
- Verbitsky, Horacio. Página 12. Néstor Kirchner fustigó más a Julio Cobos y a la oposición, y explicó los logros de su gestión y también la derrota electoral en el extenso reportaje que le realiza el columnista en medio del conflicto por las reservas del Banco Central. Lo tituló «Hombre de la Plaza Rosada».
«A Cristina le toca enfrentar un núcleo duro cerrado y desestabilizador, que se opone a la política de derechos humanos, más los sectores monopólicos mediáticos, a los que se suma una oposición política que destruyó la Argentina dos veces y no aporta ideas para la construcción a partir del caos que ellos crearon». Dice Verbitsky que Kirchner entiende que la Asignación Universal es la medida de política social más importante que se adoptó en medio siglo y que reivindica el Plan Argentina Trabaja, que mediante las cooperativas se aparta de los planes clientelistas que se dictaron en el inicio del siglo, «inclusive en algún momento de nuestro Gobierno».
«Son los que trabajan para desestabilizar al Gobierno. Lo que ocurre es que no nos estamos rindiendo al sistema. Llegamos para transformarlo», cita al ex presidente y luego habla de conflicto de intereses.
La personificación de esa queja es el vicepresidente Julio Cobos. Kirchner pide que se tome conciencia del lastre que debe remontar Cristina, con el único «vicepresidente desestabilizador» que tuvo la democracia desde 1983, que «goza de los privilegios institucionales de un proyecto político al que traicionó y del que se plantea como alternativa». También señala el machismo de la sociedad, al que atribuye que haya prosperado «el cuento de que yo tomo las decisiones, con el que intentan desgastarla. No la conocen a Cristina, ni a mí».
El escollo con que chocó el actual Gobierno a poco de andar fueron las patronales agropecuarias. Kirchner cree que «se podría haber comunicado mucho mejor», pero defiende la necesidad de las retenciones al comercio exterior de la soja, «tanto por la extensión de sus plantaciones y el nivel de precios como por la distribución del ingreso». Dice que el manejo de la crisis internacional fue «el gran examen que dio Cristina». «¿Se imagina si hubieran estado a cargo quienes gobernaron la Argentina en la década del 90 o en la crisis de 2001? Hubiéramos tenido política de ajuste...».
«La política es así. A veces hay derrotas que son llamados de atención, y además de analizar por qué se pierde hay que ver con quién se pierde. Lo más grave es que no perdimos con una fuerza progresista, sino con el pasado, con los años 90. No hay más que ver lo que están haciendo en la Ciudad de Buenos Aires. El jefe de Gobierno dice que nosotros estamos terminados, y él todavía no empezó. A nosotros nadie nos puede quitar el valor de que hemos sabido gestionar, administrar».


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