15 de febrero 2010 - 00:00

Comentarios políticos del fin de semana

Hugo Moyano
Hugo Moyano
MORALES SOLÁ, JOAQUÍN. La Nación. El eje de la columna de este domingo es la inminente derrota del kirchnerismo en la votación del Senado que tiene que aprobar el DNU que habilitó el uso de reservas del Banco Central para renegociar el canje de deuda. Interpretado como un nuevo gesto de decadencia del oficialismo, el dato sólo suma una línea más a la interminable lista de fracasos de Cristina y Néstor Kirchner que el columnista enumera todos los domingos. El esquema siempre es el mismo: la Justicia y la oposición logran frenar las intenciones de un Gobierno que «ha hecho de la confrontación y la crispación no sólo un estilo, sino también un método», como se asegura en la columna.

El resto de la nota incluye algunos detalles como la vieja enemistad entre el senador pampeano Carlos Verna y Cristina de Kirchner, la intención de la oposición de recusar a dos de los jueces que integran la Cámara en lo Contencioso Administrativo a cargo del amparo contra el DNU 2.010/09, y algunos dichos de una Corte Suprema reacia a hacerse cargo de los conflictos que la política no puede, que no aportan datos demasiados novedosos.

Hacia el final, el columnista ubica la inflación como el principal problema político de los Kirchner y señala que probablemente sea Amado Boudou quien tenga que pagar por los platos que, en realidad, rompió Guillermo Moreno, según afirma el periodista. La salida del ministro de Economía no es la primera vez que se sugiere en esta columna, pero probablemente a fuerza de repetirla en algún momento se cumpla. Más que por agudeza predictiva, por la simple razón de que no hay gestión que resista la presión del desgaste que produce la inflación. Y en eso, los Kirchner no son los primeros ni los últimos.



VAN DER KOOY, EDUARDO. Clarín. El analista dedica la columna de ayer a describir las desgracias políticas que rodean por estos días al matrimonio Kirchner. Reproduce, entonces, realidades que no son novedad, como la corriente en ascenso de intendentes del conurbano y del resto del país que están dispuestos a abandonar al Gobierno. Aunque deciden mantener las formas de una lealtad que se diluye excusándose en la necesidad de seguir recibiendo fondos para poder gobernar en municipios o provincias. Lo dicho: nada nuevo, hace años que en la Argentina se gobierna de esa forma, y la ruptura de esa regla es la que desencadena siempre el principio del ocaso de un proyecto político como el que sufre ya el matrimonio en manos de sus propios aliados del peronismo.

Juega entonces la columna en torno a la idea de la simulación de un estatus de apoyo general al Gobierno de Cristina de Kirchner, mientras que la realidad que se vive tras los cortinados es bastante diferente. De ahí que se reproduzca la explicación de uno de los diputados que concurrieron a la cumbre rebelde de Pinamar y luego firmó una solicitada de adhesión a Kirchner: «Así lo dejamos contento y nos dejan tranquilos a nosotros», confesó.

En esa puja involucra a Daniel Scioli como el mayor amenazado por la rebelión, de la que dependen también los fondos que reciba para mantener vivas las cajas bonaerenses. En medio de la malaria fiscal, se afirma que hasta existe un nuevo cronograma de ejecución de obras en la provincia de Buenos Aires donde se avanza en las menores y que se ven más mientras se congelan las que insumen mayor presupuesto.

Entran también en ese juego de apariencias los intendentes que, convocados por Julio Alak en La Plata para reivindicar su liderazgo y «castigar» a Pablo Bruera, concurrieron a la reunión organizada por el propio Néstor Kirchner, algunos de los cuales concurrieron por no poder zafar del compromiso.

También se lista allí a los que envían mensajes a Carlos Reutemann prometiendo apoyo incondicional y cambio de bando en caso de que decida su candidatura presidencial, y hasta las presiones de Luis D'Elía que, a pesar de haber bajado el tono de sus críticas al reparto de planes sociales, sabe que lo que no pueda conseguir ahora no lo logrará nunca, aunque tanto él como Hugo Moyano estén lejos aún de salir del universo K.

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