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Comentarios políticos del fin de semana
Juan Carlos Maqueda
Dos resoluciones de la Corte están siendo ninguneadas por el Gobierno, el caso del ex procurador de Santa Cruz Eduardo Sosa y la reciente autorización que dio el tribunal para extraditar al ex guerrillero chileno Galvarino Apablaza, acusado en su país de un crimen y un secuestro.
La ley le otorga a la Cancillería la última palabra en materia de extradiciones. El problema es que cualquier cosa que haga ahora en beneficio de Apablaza será en contra de la opinión de los jueces supremos del país. El caso, además, ha tensado otra vez, inútilmente, la relación estratégica con Chile.
¿En qué país se convertiría la Argentina si el cumplimiento de las decisiones de la Corte Suprema quedara sometido al antojo de los afectados? El precedente de una Corte en condiciones de ponerles límites infranqueables a los caprichos del matrimonio gobernante es lo que éste no puede admitir. El juez Carlos Fayt propuso que la Corte denunciara penalmente al Gobierno santacruceño. El juez Eugenio Zaffaroni, mucho más sensible a las necesidades políticas del kirchnerismo, opinó que el caso debía terminar (y, tal vez, morir) en el Poder Legislativo. El juez Juan Carlos Maqueda sacó de su bolsillo lo que había escrito: la Corte podía reclamar varias medidas para hacer cumplir sus decisiones, entre ellas una intervención federal ordenada por el Poder Legislativo.
La decisión estaba tomada, señala sobre una reunión del Tribunal en la que se pidió a Zaffaroni corregir el escrito de Maqueda que apenas tocó. Fue una síntesis de las propuestas de Fayt y de Maqueda: denuncia penal y traslado del caso al Congreso. La oposición no tiene aún una posición unánime, con respecto a una intervención o una intervención acotada al solo efecto de reponer a Sosa en sus funciones.
Mañana, el abogado mendocino Daniel Eduardo Ostropolsky podría ganar las elecciones de los abogados del interior para el Consejo de la Magistratura. Es el candidato más claramente antikirchnerista y significaría el adiós del kirchnerismo al control del crucial Consejo.
Por eso, el boceto de cualquier futuro trasluce que no cesará la crisis institucional en la que chapotea un país desbordado, sin medidas.

