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Comentarios políticos del fin de semana
Carlos Reutemann
El kirchnerismo resucitó con una muerte, dice que se oyó decir cerca de la Presidente, pero agrega que Kirchner nunca definió el contenido de ese modelo, que lo constituía, sobre todo, un proyecto personal de poder.
A la vez sostiene el periodista que Kirchner construyó una militancia joven y pasional, pero que era un peronista que sólo aspiraba a cambiar algunas políticas, no todas, instauradas por Menem en los años 90 y que así, como obra de su creador, el kirchnerismo está a prueba de supervivencia.
El cronista repasa los rechazos que hubo en el velatorio del ex presidente y considera que Héctor Timerman no sabe distinguir cuándo un momento es oportuno y cuándo no lo es por haber anunciado la reelección de Cristina tan pronto.
Los nombres de Carlos Reutemann y de Daniel Scioli son los que más se escucharon en las últimas horas entre peronistas que se mojan en las aguas de aquí y de allá, dice el periodista al preguntarse sobre la posibilidad de unificación.
Finalmente, el analista sostiene que el de Cristina fue el primer Gobierno que le encargó la mecánica política a una persona que estaba formalmente fuera del Gobierno y que ahora deberá explorar otras formas.
VERBITSKY, HORACIO. Página/12. Una crónica del entierro de Néstor Kirchner en Río Gallegos que tiene como valor agregado, sobre otros columnistas dominicales, haber estado presente en la intimidad del último adiós al ex presidente. Frases enigmáticas de María Ostoic, la madre de Kirchner, y relatos íntimos de la bronca de Máximo Kirchner por el crimen del militante del PO Mariano Ferreyra («Al matar a ese pibe en Constitución también mataron a mi viejo. Estaba indignado. Todos esos tipos tienen que ir en cana») componen un editorial esta vez despojado de cálculo y frialdad política.
Entre las visitas ingratas que Cristina de Kirchner debió tolerar aparece en primer lugar la jerarquía eclesiástica, el malestar con Jorge Bergoglio, la bronca con la visita de Jorge Casaretto y, fuera de ese grupo, apenas se rescata la discretísima visita del obispo de Luján, Agustín Radrizzani, quien incluso debió ser consolado por la Presidente.
Tal vez, más allá de lo empalagoso de la despedida, la columna sirva para reflejar el círculo íntimo de la Iglesia Católica que contuvo a la familia presidencial con los curas Lito Alvarez y Juan Carlos Molina a la cabeza. Fueron estos párrocos quienes aportaron detalles sobre la congoja de la jefa de Estado, sus caricias al cajón en el Salón de los Patriotas Latinoamericanos de la Casa Rosada y el momento en que Kirchner se desploma sobre sus brazos en la residencia de El Calafate.
Ni una línea sobre el devenir político del gabinete post-Kirchner o sobre el nuevo mapa de poder en la Argentina.


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