16 de noviembre 2009 - 00:00

Comentarios políticos

Hugo Moyano
Hugo Moyano
- VAN DER KOOY, EDUARDO. Clarín. La CGT de Hugo Moyano, el veneno y la medicina kirchnerista viene en un mismo envase. La columna advierte que la Casa Rosada padece la primera amenaza tangible desde la derrota electoral: la inestabilidad del sindicalismo y las organizaciones sociales.

Tal vez por eso, el matrimonio tuvo su primer «percepción adecuada» de la realidad la semana pasada al olfatear el riesgo de convocar con una marcha de la CGT, potenciada por la adhesión de Luis DElía, a Plaza de Mayo. Néstor, o Cristina de Kirchner acertaron al desactivar esa movilización.

Sin embargo, la acumulación de poder de Moyano no parece tener límite en la era Kirchner, tanto por sus tentáculos en el Ministerio de Salud, las obras sociales, como por la ascendente cantidad de afiliados que suma el camionero.

El analista asegura que Cristina de Kirchner es la Presidente que más poder otorgó a los gremios desde el regreso de la democracia. Y advierte sobre el imprevisible futuro del cacique sindical ante un gobierno tan dependiente de su fuerza callejera.

Moyano es clave incluso para blindar el regreso de Kirchner al PJ, más aún que los gobernadores peronistas, quienes ya no ocultan su malestar por la improvisación del lanzamiento de la asignación universal contra la pobreza, que genera largas colas de pobres sin obtener el beneficio en las provincias, y por el informe de Aníbal Fernández en Diputados. El jefe de Gabinete aseguró que el Gobierno no tiene deudas con las provincias.

Mientras tanto, los gremialistas glorifican a Néstor Kirchner y lo comparan con Juan D. Perón. A ese cuadro se suma el desencanto kirchnerista con la Corte Suprema de Justicia tras la presencia de su titular, Ricardo Lorenzetti, en la Asamblea de la SIP, donde se condenó la falta de libertad de prensa.

El dato novedoso de esta semana consiste en un plan para impulsar un eventual recambio en la composición del máximo tribunal, que demandaría una ley ya que la actual fija en cinco a sus integrantes.

- MORALES SOLÁ, JOAQUÍN. La Nación. En un giro poco acostumbrado de su columna, el periodista se dedicó ayer a atemperar la avanzada de las agrupaciones de izquierda sobre el espacio público y la política. Ahora, que el Gobierno denuncia una desestabilización, el columnista se dedica a desdecir el caos social que preanunciaba desde sus propias notas. «La desestabilización es teatro puro», sentencia, y dedica las próximas líneas a las acusaciones anacrónicas del sindicalismo argentino a las agrupaciones de izquierda y a la marcha frustrada que la propia Cristina de Kirchner tuvo que suspender.

Insiste, además, sobre el avance del sindicalismo liderado por Hugo Moyano por sobre la «política oficial» y enumera las últimas arbitrariedades de los amigos del Gobierno, como el paro que impulsó el líder del sindicato de los pilotos, Jorge Pérez Tamayo, en Aeroparque la semana pasada y la salida del ex titular de la Comisión Nacional de Valores, Eduardo Hecker, por mano de Guillermo Moreno «porque no le servía para desestabilizar a Papel Prensa». Sobre esta base, el periodista afirma que «las únicas desestabilizaciones comprobadas son las que promueve el propio Gobierno».

Afecto a una mirada contrastada de la política, el periodista concluye su columna construyendo una imagen de un radicalismo fuerte y unificado a partir de la semana pasada, cuando se definieron los cargos que ocuparán los principales dirigentes del partido luego del recambio legislativo. Y se refiere a la propuesta de Ernesto Sanz respecto de disputarle al oficialismo la presidencia de la Cámara de Diputados. En este punto, cualquier referencia u opinión es prácticamente inútil, ya que, según anuncia el columnista, la oposición no llegará al número necesario. Así, decide cerrar con una frase vaga y pretenciosa: «Las cosas sólo se parecen a otras ruinas por el coherente esfuerzo del kirchnerismo. Pero la historia no se repite, sobre todo cuando nunca se ha ido». Él tampoco, como los gremialistas que critica, puede dejar de mirar al pasado.

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