2 de diciembre 2016 - 00:00

Cómo hacer para bajar fuerte la pobreza

Los dirigentes simulan sorprenderse por el aumento de la pobreza. No deberán estarlo, porque la mayor pobreza es una resultante directa de sus decisiones. Hacen demagogia, creyendo beneficiarse, y entorpecen las actividades productivas de nuestra gente, de los más diversos modos. A lo largo de los años sufrimos nuevos impuestos y regulaciones distorsivas de todo tipo. La educación en los establecimientos del Estado se ha retraído y muchos alumnos de escuelas públicas huyen al sistema privado. Lo mismo ocurre con la salud y la seguridad. Del empleo productivo, los trabajadores emigran al Estado, por la asfixia que sufren los emprendimientos privados. El aumento del empleo en negro es otra consecuencia de las normas que ahogan. Todo esto es responsabilidad de la dirigencia que, aduciendo "favorecer a los más pobres" los están esquilmando.

Argentina no tiene otra salida que una revisión sincera e informada de las decisiones pasadas, incorporadas en la estructura de regulaciones actuales. La corrupción y la falta de Justicia, incentivadas por un Poder Judicial divorciado de sus propósitos. "En un país sin justicia es peligroso tener razón", decía Francisco de Quevedo en el siglo XVI. Los miembros del poder legislativo en búsqueda de ventajas privadas. Al igual que el Ejecutivo. Todo el sistema político y de elecciones debiera ser rediseñado para focalizarse en la generación de riqueza para el conjunto y protección de los derechos individuales y de propiedad. La distribución de las cargas individuales e incentivos debiera enfocar en disminuir los privilegios sectoriales.

El sistema institucional que vislumbramos no puede estar basado sólo en buenas intenciones sino en claros incentivos, premios y castigos. Por ejemplo, todavía el Congreso no pudo cumplir el mandato constitucional de sancionar una ley de Coparticipación de impuestos. Existe un desequilibrio, pues el sistema electoral y de representaciones privilegia el voto de los residentes en las provincias menos habitadas y con menos ingresos. La consecuencia es que el voto de un bonaerense pesa menos que el de 5 o más de algunas otras provincias. Esa desigualdad distorsiona las decisiones políticas.

Este programa de recuperar la generación de riqueza y trabajo productivo puede avanzarse en diversos estratos de la sociedad. Para destrabar los incentivos, a producir. Mientras eso no suceda, la pobreza nos irá cubriendo, reduciendo el bienestar de amplias mayorías y ahogándonos en una realidad crecientemente en retroceso.

Destrabar es una tarea en muchos temas, ambiciones y extensiones. Que puede abordarse simultáneamente, y también en partes, y sin demoras. Un ejemplo es el aumento de los feriados. En 2001," gozábamos" de apenas 13, entre los cuales no faltaban los carnavales y varias jornadas dedicadas a recuerdos patrios. Pero "avanzamos", y en 2016 ya contamos con 18 feriados. No puede sorprender que "produzcamos" más pobres.

En esta tarea, un cambio de visión importante sería honrar verdaderamente al trabajo para sacarnos la pobreza. Con más días laborables seguramente aumentaríamos la producción y los ingresos.

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