Cómo veía la Jefatura la economía antes de la turbulencia cambiaria

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• EL DIAGNÓSTICO Y LA DIRECCIÓN MACRO NO CUAJABAN.
• ALGO NO CERRABA.
• DEMASIADO VOLUNTARISMO.
Apostaron a la baja de la inflación. Soslayaron el contexto internacional. La vida por las PPP.

Semanas antes que se desatara la tormenta cambiaria los alfiles del Jefe de Gabinete, Marcos Peña, venían manteniendo reuniones con los popes del empresariado local para presentarles la "agenda económica", la cual no solo definía su visión sobre la coyuntura sino sobre lo que vendría. El objetivo llevar tranquilidad luego de las esquirlas del incomprendido 28-D y explicar hacia dónde iba la economía.

Desde el vamos había un error de diagnóstico porque consideraban que los "cuatro motores de la inflación" se estaban apagando. Se referían a las tarifas de los servicios públicos, el tipo de cambio, las paritarias y las transferencias del BCRA al Tesoro. Con respecto al primer motor, la Jefatura que se regía por las metas inflacionarias del 15% en 2018 y 10% para el 2019, y especulaba con que el tarifazo este año del 42% promedio (26% en el primer semestre) permitiría tener un nivel de cobertura de la tarifa plena del 82% para el caso de electricidad residencial, 76% para gas residencial, 41% para colectivos y 8% para trenes. Según ellos, restaría un 18% más en 2019 y se llegaría a tener una cobertura del 94%, 88%, 60% y 15% respectivamente con miras a las elecciones presidenciales del próximo año. En línea con esto, sostenían que el segundo motor mostraba que las paritarias se pactaban con expectativas de inflación futura en vez de la inercial. Aunque la mayoría de los empresarios que escuchaban atentos las presentaciones, habían cerrado paritarias con cláusula de ajuste y demás artilugios que vulneraban la meta oficial del 15%. El tercer motor, que en realidad estaba tomando impulso, era la apuesta a la menor probabilidad de ajustes del tipo de cambio nominal que aceleren la inflación. El cuarto motor era el compromiso fiscal de reducir las transferencias del BCRA al Tesoro a niveles de 0,3% del PBI en 2020 (en función del señoreaje). "En síntesis, todos los impulsos (tarifas, tipo de cambio, paritarias y déficit) se siguen moderando", sostenía la Jefatura. Basta con señalar que el IPC acumuló en el primer cuatrimestre un 9,6% (o sea, 64% de la meta anual) y la núcleo 8,6%.

Cabe recordar que los errores de diagnóstico ya emergieron a fines del año pasado en el fatídico 28-D cuando la Jefatura sospechaba que la economía se estaba desacelerando y por eso fueron por la tasa de interés y la estrategia del BCRA. Pero lamentablemente los números oficiales mostraron luego que la economía iba a todo vapor. Queda para los historiadores explicar cómo la manipulación de la política monetaria y los anticuerpos del BCRA, en pos de sostener un tipo de cambio en $20, se coadyuvaron para trabar el ritmo del nivel de actividad doméstico.

Lo cierto es que el voluntarista andamiaje macroeconómico diseñado por el Gobierno, de ajuste fiscal gradual en base al endeudamiento externo, era inconsistente. Así lo venía advirtiendo el consenso de los analistas que vislumbraban, tarde o temprano, la eclosión del modelo, debido fundamentalmente a la dependencia del humor de los inversores extranjeros. En tal sentido, la presentación de la Jefatura a los empresarios, no hacía ninguna referencia al contexto internacional. Resulta llamativo que soslayaran el comportamiento de la clave tasa de interés a 10 años en EE.UU. que en momento del 28-D comenzaba a evidenciar el inicio de un proceso de ajuste pari passu con la política de la Fed. Así pasó del 2,4% al 2,85% en pocas semanas, tras el 28-D, para ubicarse ahora en niveles cercanos al 3,1%. La Jefatura además pareció subestimar el impacto de la sequía sobre la base de que el crecimiento económico seguiría de la mano del incremento de la inversión y el empleo (aunque proyectaban una pérdida de 0,7 puntos del PBI por fenómeno climático). También confiaban en la reactivación de las exportaciones. La tesis del crecimiento era que "el gradualismo fiscal sostiene el consumo hoy y la inversión y las exportaciones lo sostendrán a futuro". Sobre el 2018 el plan se sostenía en la recuperación de la economía brasileña, en la inversión en infraestructura y la expansión del crédito. Creían que el resto de los motores se estaban encendiendo para mantener un alto crecimiento económico. Esto explica, en parte, el "coaching" de los CEO de Jefatura en resaltar mes a mes el crecimiento de ventas y producción de autos, motos, asfalto y cemento, según el orden de magnitud y casi en un círculo vicioso. O sea, la vuelta de los brotes verdes. El otro pilar del plan era la convergencia fiscal de la mano de la reducción del gasto público, un mejor manejo presupuestario (las ampliaciones presupuestarias bajaban del 25,1% al 6,1%. Sostenían que la baja del gasto público se invertiría en mejorar la competitividad (reducir impuestos) y asegurar la sostenibilidad (reducir déficit). Respecto al pago de intereses del Tesoro estimaban que se mantendrían este año también en 2,1% del PBI; y que el cumplimiento de las metas de reducción del déficit fiscal permitirán estabilizar la deuda neta del Tesoro en 37% del PBI en 2021.

El voluntarismo macro también se sustentaba en una baja de la presión impositiva por debajo del 30% del PBI (la menor desde 2012). En este marco la reforma impositiva debía incentivar la inversión, producción y el empleo, contemplando que las provincias hacían su parte eliminando impuestos. A su vez, la lucha contra la informalidad era otra columna del modelo en todas sus variantes: intercambio de información, bancarización y control electrónico del IVA. Para acallar las voces proteccionistas insistían en una "inserción inteligente" con una amplia agenda donde la región era prioritaria junto con el acuerdo con la UE. Quizás, sabiendo que recuperar el volumen exportador era clave para aspirar a no tener que depender tanto de los dólares financieros. Pero los tiempos y el diagnóstico se disociaron y llegó la "turbulencia cambiaria".

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