6 de octubre 2014 - 00:00

Con el agua casi al cuello

Con el agua casi al cuello
 Uno sabe algo de fútbol, se las rebusca en el comentario, se esfuerza por entender tácticas, disposiciones en la cancha, etc., pero... ¿esto cómo se define?, ¿esto cómo se llama?

Me queda el sabor amargo de que el mejor River de los últimos tiempos, con una cancha llena como ellos no conocen, frente a un Boca con debutantes, superado por el entorno y lejos de la pelea, estaba para cocinarlo, para hacerse un banquete. Y la tele, los buitres, Lanata o no se quién conspiraron contra el espectáculo, la gente, el buen fútbol y todo eso que nos gusta a todos, incluso a ellos... aunque en estas condiciones se sienten mejor.

Me queda la alegría de que no se llevaron todo, de que les empatamos con un gol de los que siempre nos hacen ellos, con un tipo que entra a la cancha para tirarle centros, de chiripa, de piñata, como siempre nos embocan ellos.

No habían pasado dos minutos y hasta mi tía Erminda ya se daba cuenta de que jugar ese partido era un despropósito, una estupidez. Pero los intereses mandan, y empezó.

A los 22 minutos Magallán debutó en la red y nos embocó en una entrada de un tiro libre en forma de centro que vino desde la derecha tras una distracción de Rojas, que perdió la marca. Y de ahí hasta el final del partido ellos llegaron una vez más sobre el final en lo que hubiese sido la injusticia más grande de la historia de fútbol.

-Orión ya le sacó una a Teo. Vas a ver que cada pelota que agarre se tira al suelo y se duerme una siesta santiagueña.

A los 31, un cabezazo de Mercado dio en la base del palo y sobre los 40 penal por supuesta mano de Gago y expulsión.

-¡Penal, penal! ¡¿Qué protestás Gago si se vio desde el Vaticano?! ¿Y la sigue el nene este! ¡Che, mirá cómo protesta! ¿Habrá sido penal? ¡Uhhh nooo, no fue, tenía razón el pibe! Un regalito doble.

Mora la mandó a las nubes tormentosas y fue justicia a medias.

A los 47 minutos hubo tiempo para un derechazo de Teo desviado.

-No se cómo vamos a hacer en estas condiciones. La cancha así empareja todo y lo complica. Pum para arriba y a aguantar. Eso nos van a hacer todo el segundo tiempo y se van a tirar al piso cada tres minutos. Al minuto lo tuvo Boyé -ingresó por Vangioni- y apenas desviado. Tres minutos después otra vez Orión agigantaba su presencia en el partido.

Ellos se defendían como equipo chico, y el muñeco movió la muñeca e hizo ingresar a Solari y Pezella, con la idea de salvar el invicto hundido en las aguas del Monumental.

Y Pezella empató el partido tal cual lo soñó Gallardo cuando conectó ese cabezazo y fue a buscar el rebote en Orión.

-¡Gooolll, gooolll, gooolll!

¡Pezellaaa queridooo!

Y sobre el final, en un ida y vuelta frenético lo tuvo el pibe Boyé, y cabeceó como mi tía Erminda.

-¡Pibe, no podés jugar como si la cancha estuviese seca!

Debió ser una fiesta del fútbol. En condiciones normales se comían cuatro para empezar a hablar. Casi nos ganan. Me tuvieron al borde del infarto. Así no se puede jugar al fútbol. Pónganle otro nombre y nos anotamos. Pero fútbol, lo que se dice fútbol, para los de River es otra cosa... para ellos no.

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