El Gobierno está realizando una política monetaria contractiva, elevando la tasa de interés por encima del equilibrio del mercado monetario, con el objetivo de reducir la tasa de inflación. Al mismo tiempo, intenta expandir la demanda global y nivel de actividad con un fuerte aumento del gasto público y déficit fiscal (ingresos corrientes muy inferiores a los gastos totales). Los dos objetivos se contraponen, en buena parte, haciendo valorizar al peso (cae cotización del dólar en pesos).
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Distintas versiones del reiterado modelo neokeynesiano IS LM explican el resultado de tales políticas contrapuestas. Mientras el BCRA intenta aplacar la inflación, aún a costa del impacto negativo sobre la ocupación, la demanda global y retraso cambiario, el Gobierno aumenta el gasto público y déficit fiscal, alentando mayor demanda interna, precios y cotización del dólar. La confluencia de estas dos políticas contrapuestas es una economía menos dinámica y mayor inflación. Las quejas arrecian. El gasto público es el más elevado en la historia y la Argentina lidera la inflación mundial en dólares, y en pesos, donde es sólo segunda de Venezuela, en América. Una confluencia negativa sobre la rentabilidad de las empresas, el ingreso disponible de los consumidores y los incentivos al crecimiento. El financiamiento externo de déficits fiscales voluminosos no ha sido una política sostenible en el tiempo.
Las autoridades debieran reconocer que los aumentos de precios no sólo tienen causas monetarias, en el corto plazo. A la inflación también la alimentan alzas de costos de bienes comerciables internacionalmente, salarios, impuestos y tarifas de servicios, expectativas, tipo de cambio, etc. Los principales bancos centrales admiten que no está en sus posibilidades fijar la inflación en plazos cortos, si no que sólo pueden incidir en tendencias de mediano plazo, esto es varios años.
En otras raras ocasiones, como la convertibilidad, hemos conocido fuertes e inmediatas bajas de la inflación en pesos, incidiendo sobre las expectativas, fijando un tipo de cambio creíble por un tiempo, sin contracción monetaria ni económica, seguidos de contundentes triunfos electorales. Coincidimos que lograr un justo medio, una política de crecimiento e inclusión, requiere incorporar visiones ampliamente fundadas.
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